Era el año 318, y el cristianismo estaba disfrutando de gran afluencia de paganos conversos. Esta incipiente religión o creencia, se transformaba rápidamente en algo más formal. Las iglesias estaban más organizadas, el liderazgo se había hecho más grande y más estructurado a medida que la Iglesia aumentaba de tamaño, y se usaban más y más reglas para mantener la conducta cristiana en línea.

Atrás estaban quedando reglas poco efectivas como el amor y la presión de los compañeros que habían llevado la disciplina de la Iglesia y de los cristianos en una fuerte erosión de sus credos. 

Y es que en el pasado la doctrina cristiana llegó a ser confusa e inconsistente, especialmente cuando se trataba de la cuestión central de la relación de Jesús con Dios. Y es que como muchas cosas, la historia del cristianismo es compleja, confusa y llena de historias, leyendas, mentiras, afirmaciones ciertas, pero también de muchas malas interpretaciones.

Antes de ser la religión más importante del mundo, el cristianismo tal como lo conocemos estaba plagado por una extraña mezcla de creencias y facciones a su interior, en donde existía una enorme disidencia, con una pregunta importante que amenazaba con clavar el culto popular –como lo era en ese momento– en conflicto: ¿era Jesús divino, y cómo?

Recordemos que el cristianismo era joven y todavía estaba resolviendo buena parte de sus problemas internos cuando Constantino tomó el poder sobre el Imperio romano, en el año 306. Así que, preocupado por los conflictos, discusiones eternas y la retórica generada por esa pregunta, Constantino, convertido en el primer líder cristiano del Imperio romano en el Siglo 4, se vio obligado a tomar medidas para sofocar la controversia lanzando una convocatoria a los obispos a su casa del lago en Nicea, ciudad turca muy cercana a la entonces recién establecida capital de Constantinopla (hoy día Estambul).

La reunión de obispos inició un 20 de Mayo del año 325 de la era actual y logró convocar a 318 obispos de todo el imperio. Se trató de un intento por encontrar un terreno común, en lo que llegó a ser, la primera reunión mundial de la Iglesia. 

En la reunión se discutió si “Jesús era tan eternamente divino como el Padre”, como decía el arzobispo Alejandro de Alejandría. Otro grupo, llamado Ariano después de su líder Arius el predicador, vio a Jesús como un líder notable, pero inferior al Padre y carente de divinidad absoluta.

Los partidarios de ambos lados se desafiaban, pero en un gesto inteligente y sagaz, Constantino dijo, aún con algo de vaguedad, que “Jesús y Dios eran de la misma sustancia”. Esta sugerencia del emperador no era poca cosa por provenir de él, y la mayoría de los obispos acordaron pasar del lenguaje a la doctrina. 

Así que buena parte del cristianismo como lo conocemos hoy es el resultado de lo que los hombres acordaron durante ese mes caluroso, incluyendo el momento de la fiesta más importante de la religión, la Pascua, que celebra a Jesús resucitando de entre los muertos. La propaganda se encargó del resto y oficialmente, de acuerdo con el cristianismo, Jesús de Nazaret se convirtió en el hijo de Dios.

Y aunque el Concilio de Nicea tuvo importantes consecuencias, su significado ha sido exagerado en la leyenda por algunos teóricos de la conspiración, documentales y libros como el “Código Da Vinci”, de Dan Brown, dicen los historiadores. Contrariamente a la creencia popular, el consejo no tuvo nada que ver con seleccionar qué versos y evangelios serían incluidos en la Biblia, ni si el cristianismo estuvo de acuerdo o no con el concepto de reencarnación. Tampoco los obispos quemaron libros que ellos consideraban heréticos, dicen los historiadores.

¿Pero fue la Iglesia Católica Romana fundada por el Concilio de Nicea? La respuesta es “No”.  Lo que sí surgió de ahí fue la definición del mundo occidental tal y como lo conocemos con los gobiernos del mundo occidental respondiendo, consultando o de plano supeditándose a los prelados cristianos.

Un evento que luego de más de mil años sigue siendo la respuesta a la pregunta de cómo llegamos de aquí a allá, del cristianismo que transformó a los cristianos de una minoría perseguida a una mayoría perseguidora. 

@marcosduranf