Es lunes 5 de junio y el despertador suena en punto de las 6 de la mañana, la agitación en la casa empieza. Regina, mi hija menor, está en semana de exámenes finales y Sandra, mi esposa, la despierta. Todos tenemos que apurar el paso pues el tiempo vuela. Al tiempo que nos alistamos, nos tomamos un café y en redes sociales y televisión, alcanzamos a ver las últimas noticias del Programa de Resultados Electorales, que para esos momentos registra un porcentaje de avance de más del 95 por ciento.

Coahuila no nació ni se acabó ese día. Cientos de miles de ciudadanos acudimos a votar y a expresar con tranquilidad nuestra preferencia. Después nos fuimos a comer y a pasar el día en familia. Ya por la noche, estuvimos pendientes de la jornada. Al final ganó quién tuvo el mayor número de votos. Pero eso ya quedó atrás pues el día está lleno de compromisos.

En la oficina se comenta el tema durante algunos momentos, pero rápido volvemos a la actividad cotidiana. Las elecciones han terminado así que podemos empezar a pensar en cómo será la vida después de ellas. Y es que esta temporada no sólo ha sido dura para nuestro estado, sino que también ha causado estragos en muchas de nuestras relaciones personales. Vi a muchos amigos y conocidos discutir durante meses en Facebook y en los grupos de WhatsApp respecto a sus posiciones políticas.

Entendí que las divisiones en nuestro estado son tan profundas que algunas, incluso, revelaron cosas inadmisibles como cuestiones raciales, étnicas, de género, religiosas, de clase y una disposición a recurrir a la violencia.

Me apenó ver que muchos hermanos y algunos mejores amigos, cuyas amistades eran de décadas, han dejado de hablarse o de verse debido a las opiniones divergentes acerca de qué candidato o partido es mejor o peor. Con tristeza observé que buena parte de lo que muchos de nosotros criticamos en el día a día, durante las campañas se asumió como válido.

Leí comentarios que difaman de forma tan brutal y en muchos casos, la mentira es tan burda, que en un período normal sería imposible creerlos, pero hoy son tiempos electorales y la verdad no importa. “Más se unen los hombres para compartir un mismo odio que un mismo amor”, decía el español eterno Jacinto Benavente, Premio Nobel de Literatura.

De lado dejamos aceptar que en la diversidad del pensamiento humano hay muchas personas que piensan de un modo distinto al nuestro y que no necesariamente todas están corrompidas o están mal. Pero eso no importó porque las discusiones eran tan sesgadas y la polarización fue tal, que creer o no en cuestiones como las encuestas se convirtió en un pecado capital.

Yo, yo mismo, discutí con gente a quien he querido por mucho tiempo y comencé a juzgar sus corazones y valores basado en sus posiciones políticas. Esto me llevó a un terreno oscuro y me pregunté cómo podría ahora disfrutar de su amistad y si de verdad creo que asumieron puntos de vista que para mí son dañinos y odiosos, o si lo hicieron o lo hicimos sólo al calor de la contienda.

Me quedé con esos sentimientos durante meses y llegué a la conclusión de que la forma en que mucha gente vota no representa la totalidad de lo que son y somos como personas. Es verdad que por quien votamos dice mucho de nosotros, pero tampoco lo define todo en nuestra vida.

Es cierto que lo que está en juego es mucho y que la competencia política es deseable, que apasiona, polariza y es un ejercicio democrático sano contrastar propuestas, capacidad para llevarlas a cabo y la historia personal de los candidatos, pero hubiera esperado que lo hiciéramos con mayor respeto y tolerancia.

Así que al hacer un recuento de los daños, pienso si valió la pena pelear con los amigos, discutir hasta el cansancio y defender mi postura, la cual intenté expresar con respeto. Un día después de la elección nos habremos dado cuenta que Coahuila no se acabó ni empezó el domingo 4 de junio y que luego de esta vorágine, todo volverá a la normalidad, aunque jamás nada volverá a ser igual.

El día después de mañana, el lunes 5 de junio, saldré a dejar a Regina a la escuela, y como en los grandes desfiles, alcanzaré a ver como barren las calles de nuestro estado pues estarán recogiendo los escombros de las amistades que destrozaron las elecciones.

@marcosduranf