Estimada Ana:
Me siento muy mal. Fui un funcionario de gobierno de alto nivel. Mi familia descubrió que robé mucho dinero. Fue culpa de unos reporteros mal agradecidos, después de todo el dinero que les di, me traicionaron, publicaron esas horribles notas en mi contra. Pero van a ver, los voy a demandar.

Nadie comprende que no tenemos liquidación, que al terminarse nuestro periodo nadie nos querrá contratar. No podemos hacer otra cosa, todos los funcionarios públicos sabemos que así son las cosas. ¿Que no entienden?

Me dan ganas de gritárselos, pero soy muy respetuoso. Después de todo lo que hice por la gente, merezco ser recompensado por mis servicios a la patria, ¿No cree?

Asegurar el futuro de nuestros hijos es lo más importante, cualquiera haría lo mismo que hice, ¿No?.

No me da pena, lo que me hace sentir mal es que mis hijos y mi esposa se avergüencen de mí, ya no los puedo contentar con regalos. Mis hijos dicen que por mi culpa sus amigos no se quieren juntar con ellos.

Mi esposa se quedó sin amigas, tantas que tenía. Yo estoy acostumbrado a arreglarlo todo con dinero. He comprado de todo, líderes sindicales, regidores, jueces y hasta diputados. Para mí son como cosas, es cuestión de hallarles el precio.

Estoy acostumbrado a pedir y dar sobornos. Ahora que mi familia ya no me quiere, darles regalos no me funciona. A donde quiera que voy la gente me señala y hablan a mis espaldas. Ni cuando estoy de viaje dejan de fregar.

Me siento muy solo, no soy feliz, empiezo a sospechar que hay cosas que el dinero no puede comprar. Ana, estoy cansado, ayúdeme. Dígame, ¿Que hago?.  P.D. ¿Cree que me vaya al infierno?

Servidor Público.  

Estimado Servidor Público:

Creo que mereces sentirte así. Te debería dar vergüenza, ¿Que es eso de que no te da, y que todo mundo hace lo mismo? ¿Como pretendes asegurar el futuro de tus hijos, cuando hay personas que viven al día?

Ya lo dijo Horacio: “El vulgo, seducido por los engaños de la codicia razona así: nunca se posee bastante, cuanto tienes, tanto vales. ¿Qué responderles? 

Dejémosles ser desgraciados, ya que lo son por gusto.” Afortunadamente te empiezas a dar cuenta que el amor, la felicidad y la amistad no se pueden comprar.

La felicidad no tiene que ver con la cantidad de bienes materiales. Hay personas que aún tienen principios, que no son negociables. Hay personas para las que el dinero no es lo más importante. Todavía hay personas integras y quizás, entre tus hijos se encuentre una de esas”.

Asume las consecuencias. Deseo de todo corazón le den la queja a tu mamá, “maldito del señor quien irrita a su madre” (Sir 3, 3-16.)

Puedes empezar por devolver lo que robaste. Te recomiendo dones tus bienes a los pobres, debe haber cientos de miles más desde que dejaste tu cargo. También puedes irte de monje a una isla desierta, y hacer penitencia. Quizás así te libres del castigo que te tienen preparado en el infierno: Trabajar, ahora sí, con esfuerzo por el bien de todos y pagar tus gastos.

Ana