Foto: Vanguardia/Orlando Sifuentes

Pensaba escribir algo bonito sobre Saltillo, hoy que es su aniversario, pero usted sabe que eso de escribir bonito sobre cualquier cosa, a mí nomás no se me da.

Alguna vez alguien, no recuerdo quién, me pidió de favor que hiciera un texto amable para un suplemento que se publicaría la fecha de la fundación de la ciudad.

Por supuesto que me negué rotundamente.

Total, dije, ya hemos hecho tantos reportajes sobre Saltillo que…

Pero no ese Saltillo bonito, no, sino del Saltillo que pocos ven o conocen, del Saltillo con sus barrios y sus personajes oscuros, de los bajos fondos.

Del Saltillo underground, como dicen los jóvenes, que rara vez nos pintan los historiadores o cronistas “bien”, los del establishment.

Del Saltillo y sus putas célebres, del Saltillo y sus pandillas antiquísimas, del Saltillo y su cine para hombres solos, del Saltillo y sus baños para el ligue gay, sus cárceles para inocentes, sus zonas de tolerancia, sus famosos padrotes, sus cacíques modernos y sus lideresas fundadoras de colonias, que Del Canto y Urdiñola les vienen guangos.  

Así es de que por favor, no me pidan que escriba bonito sobre Saltillo ni sobre ninguna otra cosa.  

Para eso hay gente bonita que escribe bonito, yo no.

Ese es el Saltillo que me ha tocado vivir y contar, y que a fuerza de contarlo, le he tomado gusto, aprecio, cariño.

Tampoco soy un pesimista, yo sólo cuento historias y, es raro ¿no?, pero curiosamente, no sé por qué, esas historias me persiguen, me llegan solitas.

Ni crea que batallo tanto en buscarlas, y eso se lo debo a Dios y a nadie más.

 

No sé si sea por formación o deformación, pero le digo, a mí me gusta y me ha gustado contar las historias de ese Saltillo.

Me gusta contar a Saltillo con sus misterios, ese que está lejos de los archivos públicos y privados con olor a caoba.

No es el único Saltillo que existe, estoy de acuerdo, hay muchos Saltillos y para todos los gustos.

El Saltillo donde nunca pasa nada, el Saltillo del glamour, el colonial, el Saltillo de los esplendores, el de la zona dorada, en fin.

A mí el que me encanta, me seduce, me regocija, me hace llegar al orgasmo, es el otro, el marginal, el de mala muerte…

Y muy mi gusto, ¿no?   

Muchos días de estos, Saltillo.