Ilustración: Vanguardia/Alejandro Medina
Este relato es una muestra del trabajo creativo del equipo de Redacción de esta casa editorial. Encuentra un nuevo texto cada semana.

El hastío es una polilla que carga llave maestra: llena de polvo los muebles de la casa. Vuela arrastrándose. Se burla de la horrorosa Primera Cena colgada en el comedor y de mis dedos queriendo boicotear a mis zapatos: los diez se endurecen con cada paso del segundero. Debajo del árbol de durazno se encontraba mi padre: le han dolido este mundo y algunos astros. La mecedora y él, aquella tarde, conjuraban la caída del sol y las tormentas de sal; en lugar de brazos, ahora lleva un par de alas cansadas y unos cuernos queriendo se parte del pequeño jardín.

No muere, muda de piel.

Después de espiarle y ver que la lucidez se le escapaba como el humo al cigarro, utilicé el cenicero, me miré al espejo y después me despedí del perro y del viejo monje supralunar. Ahora, cada adiós de él me sabe a medicina.

Afuera la ciudad llevaba otro ritmo: cacareaba. Era una curva. Un chisme: París prohibirá la venta de coches de combustión en el 2040. Slim producirá autos chinos en el 2019.

Yo esperaba el camión en el 2017, a las ocho de la noche para ir a trabajar. Regularmente son Mercedes Benz, International o Freigthliner. Podría aparentar que sé algo de autos o de marcas de camiones, pero no es más que pura y perversa información de Internet. Que Dios salve a sus creadores como la primera persona me salva a mí. O al menos eso me gusta creer. Mis maestros se cansaron de recordarme que está llena de narcisismo, onanismo, hasta de anarquía; que dioses como Cervantes, Dostoievski, Tolstoi y los escritores de la Biblia sentados alrededor de Jesús en ese cuadro horrible que mi papá conservó porque le recuerda a mí madre se subieron al Olimpo y desde ahí nos miraron a todos. Y lo siguen haciendo. Son vigentes.

Yo esperaba aquel día un camión Mercedes Benz y pensaba que la piel es más clara que el alma.

La academia seguirá siendo ese juez que nadie pidió: una gran máquina de documentos en tercera persona, cuasi objetivos, ilegibles, escritos por egresados, la mayoría disléxicos y analfabetas funcionales. Gente poco sexy.

¿Cuánto tiempo de vida le quedarán a las universidades? Las tesis van al cementerio de los textos empolvados por la misma polilla que se metió a mi casa ¿Escribir una tesis en mi país? ¿Escribir una tesis en esta ciudad gallina? La legalidad es un burro con birrete.

Cuando Francia prohíba la producción de tesis burdas y comience a cerrar varias universidades, apenas México pondrá atención al asunto. La verdad no sé si eso pase algún día. El tedio me ha llevado a meter la nariz en temas que me han dejado un poco tarumba. Aun así, ejercito mi derecho de libre pensador.

Pero calma, ¿no ven que este año se irá un mexicano a Marte?  Es egresado de la UNAM. Hurra por el joven astronauta, ojalá encuentre vida extraterrestre y por fin dejemos en paz a este pequeño grano de arena y podamos joder a otro mundo.

Mi padre quiso ser artista. De cierta manera lo fue. Le tocó una era con anhelos de revolución. Los sesentas casi lo dejan en el limbo de una fe psicodélica silenciada a bombazos. La resaca lo metió a un viaje de espiritualidad y se le fue secando la vida. Aun así lo he visto brillar por las noches intentando sacarle forma a un viejo tronco. Siempre me hablaba de la vida más allá de la luna.

La primera persona en mi país sigue siendo incomodísima. No dudo que de los periodistas asesinados, la mayoría haya cultivado este estilo de prosa.