Mirada. La expresividad de los ojos infantiles es una de las características de la obra. Foto: CORTESÍA
La serie ilustra a estas generaciones de niñas-mujeres que están atrapadas entre su emocionalidad vulnerable y las ataduras impuestas por la sociedad, que ellas mismas aceptan o se imponen

Diez niñas retratadas entre flora atrayente pero peligrosa que resulta una metáfora perfecta para representar lo que es ser mujer en el mundo. Una aparente vanidad que se convierte en una compleja realidad. Erik Rivera, El Niño Terrible, plantea esta difícil disyuntiva con obras que emulan ilustraciones infantiles de grandes miradas que son acompañadas por vegetación que las enredan volviéndolas estáticas, muñecas anuladas que emulan floreros para decorar un salón.

El artista se ha percatado de la imposición del machismo heredado por años, y que se ha reproducido en un círculo vicioso de siglos, y que aunque poco a poco está rompiéndose, mantiene una importante resistencia.

"Me he hecho consiente de algo que todos heredamos y que —en el fondo sabemos— ocurre desde hace mucho tiempo. La misoginia es un arma brutal para imponer un modelo de sociedad que favorece siempre al lado masculino, de ahí que todas las resistencias sean desde las trincheras machistas y tradicionalmente radicales que se resisten a perder el poder".

Esta serie ilustra a estas generaciones de niñas-mujeres que están atrapadas entre su emocionalidad vulnerable y las ataduras impuestas por la sociedad, que ellas mismas aceptan o se imponen. 

Foto: CORTESÍA

"Me di cuenta de que las mujeres a pesar de ser muy poderosas, no se empoderan por miedo a ser siempre invalidadas. Las chicas trans o las lesbianas terminan siendo las más discriminadas, incluso en los movimientos de diversidad sexual. Este es un pequeño homenaje a todas ellas, llevo años pintando niñas con plantas que pinchan y ahora sé por qué."

En los cuadros de Rivera, la vanidad femenina se trata como un infantil y hermoso componente superficial dentro de un injusto intercambio por la anulación de la independencia adulta.

Sus obras se caracterizan por personajes infantiles con ojos expresivos, cada uno de ellos representan la pérdida del niño interior del artista y el encuentro con él en la adultez.

 (Con información de agencias)