En octubre podría aclararse la muerte de Pablo Nerurda, un poeta, activista político y uno de los pocos latinoamericanos reconocidos con el Nobel

Sombríos y difíciles días vivió el mundo en 1973, año en que nos dejaron los tres Pablos: Casals, Picasso y Neruda. Cuatro décadas después, sus recuerdos permanecen inmunes al paso del tiempo. Y es que ¿quién no se ha conmovido al ver el “Guernica” de Picasso en el Museo Reina Sofía, o no se estremeció al escuchar tocar a Casals “El Pesebre” o al leer el “Poema 15” de Neruda (“Me gustas cuando callas…”)?

Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto, nació un 12 de Julio de 1904 en Parral, Chile y a los 13 años inició su carrera literaria en el diario La Mañana de Temuco. El temor de contrariar a su familia en desacuerdo con sus ambiciones literarias, lo obligó a utilizar el seudónimo de Pablo Neruda, que asume en honor del poeta checo Jan Neruda. 

Yo, siendo apenas un joven, descubrí que en la biblioteca de mi madre estaba presente buena parte de la obra del chileno: “Confieso Que He Vivido”, “Para Nacer He Nacido”, “Canción de Gesta”, “Los Versos del Capitán” y “Veinte Poemas de Amor y Una Canción Desesperada”, cuyo célebre “Poema 20” dice: “Puedo escribir los versos más tristes esta noche. Escribir, por ejemplo: ‘La noche está estrellada, y tiritan, azules, los astros, a lo lejos’. (...) Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido. Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos, mi alma no se contenta con haberla perdido. Aunque éste sea el último dolor que ella me causa, y éstos sean los últimos versos que yo le escribo”. 

Pero la vida de Neruda fue mucho más que poesía, pues, como muchos escritores, eligió el camino del activismo político y al estallar la Guerra Civil española describe su crueldad, entre ella, la brutal ejecución de Federico García Lorca, un hecho que lo llevó a escribir “Explico Algunas Cosas”, un poema donde condena al generalísimo y califica a sus fuerzas de “bandidos”. La ejecución del poeta granadino lo indignó de tal forma que su poema termina con una frase lapidaria: “Venid a ver la sangre por las calles”.

Diplomático, poeta y comunista, Neruda fue acosado por el régimen opresor de González Videla que ordena su arresto. Un amigo lo esconde en el sótano de su casa y, luego de una travesía épica, huye de Chile, país al que retorna cuando el Gobierno deja de perseguir a las figuras de izquierda. Sólo las revelaciones de Kruschev condenando el régimen criminal de Stalin lograron sacudir un poco su fe comunista.

En 1971, la Academia Sueca concede al poeta chileno el Premio Nobel de Literatura “por una poesía que con la acción de una fuerza elemental da vida al destino y los sueños de un continente”. De 113 ganadores, sólo seis escritores latinoamericanos lo han obtenido: Mistral, Asturias, Neruda, García Márquez, Paz y Vargas Llosa.

Neruda, que en sus “versos más tristes” utilizaba tinta color verde, alguna vez escribió: “Llegamos de calles diferentes, de idiomas desiguales, al silencio”. Su muerte siempre fue un misterio. La versión oficial dice que fue víctima del maldito cáncer, pero su familia sospecha que fue envenenado por órdenes de Pinochet. Lo único cierto es que sin importar el resultado, su voz silenciada sigue y seguirá hablando a través de su poesía.

Por eso, en el año 2013 se formó una comisión que ordenó se exhumaran sus restos ubicados en Isla Negra, cerca de su amado Valparaíso. Los expertos dicen que luego de cuatro años de investigación, en octubre podrían quedar listos los análisis científicos de laboratorios internacionales. Neruda murió un 23 de septiembre de 1973, pocos días después del sacrificio de Salvador Allende, su amigo personal y del asesinato del cantautor Víctor Jara. 

Y es que tras la caída de Salvador Allende, con Santiago y todo Chile ensangrentado, al régimen le preocupaba lo peligrosa que resultaba la poesía de Neruda, porque como afirmara el escritor inglés Edward Bulwer-Lytton, “La pluma es más poderosa que la espada” y Pablo, dueño de una poderosa y respetada voz mundialmente, se volvía incómodo para Pinochet.

Por eso el tirano ordena registrar la casa del Nobel en Isla Negra. Neruda, presente en el cateo, responde al oficial a cargo del operativo con una frase que lo retrata de cuerpo entero: “Busque, nomás, capitán. Aquí hay una sola cosa peligrosa para ustedes”. “¿Qué cosa?”, le preguntó el policía. “¡La poesía!”.

@marcosduranf