Recordemos aquella discusión memorable entre Octavio Paz y Carlos Monsiváis, cuando contundente, el Premio Nobel de Literatura dijo del autor de “Por Mi Madre, Bohemios”:  

“Monsiváis no es un hombre de ideas sino de ocurrencias”. 

Y es que no es lo mismo ser inteligente que ser astuto, listo, o tener un gran sentido común. Habría que empezar por diferenciar la inteligencia de la astucia, de la creatividad e incluso de la sabiduría, todos conceptos relacionados pero distintos. La inteligencia es una palabra difícil de medir e incluso de definir. Para los expertos la inteligencia se mide por la profundidad y la extensión de la comprensión y el conocimiento sobre un tema en particular. La inteligencia no es tanto la velocidad, sino la comprensión. 

Los especialistas aseguran que ser inteligente requiere reflexión y pensamiento profundo. Ser listo, por su parte, te puede llevar a la solución de un problema. Ser inteligente depende más de la observación del entorno para encontrar una oportunidad o característica que pueda ser explotada para resolver el problema.

Menciono esto porque luego de casi un millón de años de evolución, aunque usted no lo crea, los seres humanos somos la especie más inteligente sobre el planeta. Pero luego de todo este tiempo, podríamos preguntarnos si nos hemos acercado a los límites de nuestra capacidad o si hay un límite físico a la evolución de la inteligencia.

Y es que usted quizás ha escuchado los debates aquellos de que los humanos “sólo” empleamos el 10 por cierto de la capacidad de nuestro cerebro, un mito que quizás se deriva de las concepciones de personas que ven en sus propias limitaciones la “prueba” de que existe un 90 por ciento de capacidad aún por desarrollar. 

Pero nada más falso que eso, pues, en última instancia, no es que usemos sólo el 10 por ciento de la capacidad de nuestro cerebro, sino que simplemente sólo hemos entendido cerca del 10 por ciento de su funcionamiento.

La ciencia ya nos ha dicho que el cerebro humano es muy complejo. Que así como es capaz de realizar millones de actos mundanos, también crea arte, resuelve grandes ecuaciones y propone soluciones a los problemas del planeta. El cerebro es fuente de todos los sentimientos, comportamientos y experiencias, es el depositario de la memoria y la conciencia, el responsable del pensamiento humano y lo que nos permite movernos, percibir, platicar y amar.

Todo eso lo hacemos con una masa gris que pesa apenas alrededor de 1.5 kilogramos, compuesta de 100 mil millones de neuronas conectadas a través de una densa red que implica casi 4 kilómetros de cableado eléctrico que provee de energía a una aún más compleja red neuronal. Todo un misterio. Pero como casi todo en el universo, el cerebro tiene sus límites.

Un artículo publicado por la revista “Scientific American” asegura que esos límites existen y que son las leyes de la física las que pueden impedir que el cerebro evolucione en una máquina de pensar cada vez más poderosa. Sugiere que la inteligencia humana esta cada vez más cerca de sus límites (por cierto, muy bajos por estos agrestes paisajes del desierto norestense), que los límites establecidos por las leyes de la física rechazan la teoría de que un largo proceso evolutivo podría aumentar el número de neuronas en nuestro cerebro o aumentar la velocidad de intercambio de información o que un cerebro más grande nos haría más inteligentes.

Dice que los humanos jamás podremos ocupar los extremos de otras especies que, con dimensiones muy distintas, poseen cerebros más avanzados, tal como es el caso de las abejas. Esta afirmación la comparten algunos antropólogos que especulan sobre los obstáculos anatómicos para la expansión del cerebro.

Pero, a pesar estas limitaciones, creo que los seres humanos aún podríamos lograr una mayor inteligencia colectiva y aprovechar el uso de la tecnología para ampliar nuestra mente fuera de los confines de nuestro cuerpo. Pero hay un problema: nosotros mismos. Y es que como ya se explicó, en el universo hay muy pocas cosas que no tienen límites y eso lo dijo muy bien el físico Albert Einstein: “La diferencia entre la estupidez y el genio es que el genio tiene sus límites”.

@marcosduranf