Balzac decía que ‘El corazón de una madre es un abismo profundo en cuyo fondo siempre encontrarás perdón’. Eso lo sé porque nunca tuve que hacer nada para que me amara, sólo ser su hijo

Ella era la hija del comunista del pueblo en tiempos en que el comunismo estaba proscrito en México. Su padre, mi abuelo, no era un comunista de esos que usted ve hoy levantando el puño izquierdo para la foto, pero con la otra mano, la derecha, cobrando las ganancias de un capitalismo rampante y abusivo.

Mi abuelo fue perseguido y encarcelado ilegalmente tantas veces que perdimos la cuenta. Murió tal y como nació: en la pobreza. Eso marcó a mi madre de tal manera que buscó una forma digna para sacarnos adelante y dejar atrás una realidad que amenazaba con condenarnos. No era ni sigue siendo fácil para una madre soltera con dos hijos.

Así que empezó a buscar trabajo y pronto se encontró con que el ejemplo de mi abuelo también fue estigma: el rechazo social. Finalmente don Jaime Tenorio, director del periódico El Día de Monclova –hoy desaparecido–, le dio una oportunidad y ya como reportera y editora, sus jornadas laborales se volvieron de 12 horas de lunes a domingo.

Con años de esfuerzo y privaciones, pudo comprar una casa de interés social en la colonia Miravalle de Monclova y un carro Datsun blanco, un espacio de convivencia familiar que nos llevó a viajar a lo que considerábamos eran los confines del universo: Acapulco.

Pero debido a los trabajos absorbentes de mi madre; mi hermano y yo tuvimos que valernos por nosotros mismos, sobrevivir y defendernos. Buena parte de nuestra infancia la pasamos al cuidado de mi abuela Fidela, a la que no pasa día que no le llore, igual mi madre.

Pero además de su trabajo y sus amigos, sus otras grandes pasiones son la literatura, la música, el cine y el teatro. A falta de tele, no me quedó otra opción que descubrir sus libros de García Márquez, Fuentes, Paz, Víctor Hugo, Balzac, Wilde, Dostoievski, Neruda, Borges, Poniatowska y Fallaci. Yo hacía unos corajes enormes al ver a mis amigos jugar futbol, mientras que nosotros íbamos a ver y oír tocar al maestro Salvador Neira Zugasti, a Óscar Chávez, Serrat y Silvio. Hasta hoy confieso que me quedé dormido en el teatro viendo la obra “El Dúo de los Paraguas” y que no entendía por qué me despertó la madrugada del 8 de diciembre de 1980, ella bañada en lágrimas para decirme: “Mataron a John Lennon”. Yo tenía nueve años.

Me aburrí horrores en el cine viendo con elle “Doctor Zhivago”. Y es que cómo podía entender un niño la obra de Boris Pasternak y el amor incomprensible que sentía Omar Sharif por Lara. Sufría igual cuando la acompañaba a presentaciones de libros y a reuniones interminables con sus amigos periodistas, poetas, músicos, escritores, pintores e intelectuales.

Pero quisiera creer que quizá todo se trató de una especie de entrenamiento, algo que hoy puedo definir en forma sencilla: pensar en libertad. Porque para eso es que sirve la cultura, para respetar y aceptar la diversidad del pensamiento humano. Jamás para pretenderse culto o fingir talentos inexistentes.

Usted seguramente la conoce, es María Guadalupe Durán Flores y escribe desde hace 40 años “Rosa Mexicano”, una columna de corte político que dice lo que muchos piensan, pero callan por temor. Esto la ha llevado a enfrentar en distintas épocas (algunas muy recientes) la intolerancia, censura y persecución. Pero sus censores se han topado con dos verdades universales: la gente termina leyéndola más, mientras que el destino de ellos siempre ha sido el olvido y el desprecio de la historia. No comprenden que ellos siempre se van y nosotros aquí nos quedamos. Nada es para siempre, mucho menos en política.

Ella sigue escribiendo, tiene un programa de radio, canta y aún visita con disciplina de relojero a su amado Cuatrociénegas y ve a sus seis nietos: Sofía Amaranta, Rodrigo, Regina, Sol, Marcos y Miranda y ahora Carlos Enrique, su bisnieto que la tiene perdida. 

Sé que probablemente mi hermano Sol y yo no fuimos los hijos que ella esperaba, que quizá le hemos causado más decepciones que alegrías. Pero lo que no puede quedar en duda es el amor y la lealtad que le tenemos. Si se meten con ella, se meten con todos.

Balzac decía que “El corazón de una madre es un abismo profundo en cuyo fondo siempre encontrarás perdón”. Eso lo sé porque nunca tuve que hacer nada para que me amara, sólo necesité ser su hijo. Feliz Día de las Madres.

@marcosduranf