Berlín, Alemania.- El archivo sobre las víctimas del nazismo de la ciudad de Bad Arolsen, el mayor del mundo, quedó hoy abierto a los investigadores, con una invitación del gobierno de Berlín a analizar ese negro capítulo de la historia de Alemania.
El archivo, con 50 millones de actas sobre unos 17,5 millones de víctimas del nazismo, se abrió a la consulta para los investigadores de todo el mundo, comunicó el Ministerio de Exteriores, con el visto bueno de los once países suscriptores de los Acuerdos de Bonn, firmados en 1955 para regular las consultas.

La Cruz Roja británica empezó a compilar ese material en 1943 con el propósito de englobar el máximo número posible de víctimas civiles del nazismo.

El núcleo de las actas está formado por documentos de las propias autoridades nazis, así como de los listados de los campos de concentración.

En 1946 pasaron a tutela de la Cruz Roja Internacional, que asumió el cometido de ayudar gracias a las actas a la búsqueda de esas personas o sus familiares.

En Bad Arolsen quedó conservado ese gigantesco archivo sobre víctimas civiles del nazismo, tanto personas confinadas en campos de concentración o de exterminio, como trabajadores forzosos y otros perseguidos.

El uso de ese material estuvo durante décadas gestionado por el Servicio de Búsqueda Internacional (ITS), creado tras la Segunda Guerra Mundial para ayudar a las familiares de las víctimas a localizar a sus allegados o conocer cuál fue su destino.

Su apertura ahora a la investigación culmina un largo proceso de discusión iniciado poco después de la suscripción de los Acuerdos de Bonn, entre un total de once países -Alemania, EU, Israel, Reino Unido, Bélgica, Francia, Luxemburgo, Holanda, Italia, Grecia y Polonia.

Mientras Israel y EU pugnaron desde el principio por la apertura, Alemania argumentaba en contra amparada en el derecho de los afectados a la protección de sus datos personales, un principio fundamental en la Constitución alemana.

A ello se añadía el hecho de que el archivo contiene principalmente información sobre víctimas, que teóricamente sólo deben interesar a los allegados de éstas, no sobre responsables de los crímenes del nazismo.

Berlín dio el año pasado una primera señal de un cambio de actitud, al anunciar el gobierno su disposición a permitir que investigadores tuvieran acceso a esa documentación.

Con ello se dio respuesta a las reclamaciones de historiadores, principalmente de EU, y organizaciones judías también de ese país, que consideraban que no abrir los archivos significaba castigar al olvido a las víctimas.

En julio pasado Alemania firmó finalmente el protocolo, posteriormente ratificado por el resto de los países implicados en los Acuerdos de Bonn.