Ginebra, Suiza.- Los suizos ya no reconocerán su país, reputado por su sosiego, tras una campaña salpicada de injurias, pancartas xenófobas y disturbios, cuando elijan el domingo en las urnas a 200 diputados y 43 consejeros de Estado (senadores).
El partido populista de derecha Unión Democrática del Centro (UDC) fue el motor de la campaña electoral al introducir métodos de marketing político de una agresividad inédita en Suiza que han logrado arrinconar a sus adversarios.

Según los últimos sondeos, la estrategia parece haber dado fruto, pues la UDC recabaría el mayor número de votos, incluso más de los conseguidos en 2003, y superaría el índice del 27%.

Con su campaña, que giró en torno a la inseguridad y la inmigración, la UDC y sus carteles de tintes xenófobos generaron tanta polémica que llegó a ser denunciada ante las oficinas de la ONU en Ginebra.

La presidenta de la Confederación Helvética, la socialista Micheline Calmy-Rey, calificó de "repugnante" esta propaganda. Igual de incómoda se mostró la ministra de Economía, la democristiana Doris Leuthard, quien estimó que se corría el riesgo de que "los inversionistas extranjeros se asusten".

El carácter provocador de su campaña no ha impedido al partido populista asumir el papel de víctima cuando unos alborotadores saquearon el centro de Berna, la capital federal, para oponerse a una manifestación de la UDC quince días antes de la cita electoral.

En la balanza del partido populista pesa además otro tanto, que se anotó al centrar la campaña en su líder, el ministro de la policía y de la justicia Christoph Blocher, y presagiar que su eventual salida del gobierno sería motivo de conflicto.

De este modo, los comicios adquirieron un tono plebiscitario inusual en Suiza.

El caso es que la izquierda, haciéndose eco de las acusaciones que pesan sobre el ministro de Justicia por haber supuestamente fomentado la dimisión del fiscal federal, quiere que Blocher quede fuera del gobierno.

Advierte de que si quedara en el gobierno, Blocher, eurófobo, asumiría en 2009 la presidencia rotatoria de la Confederación y representaría al país en el extranjero.

La respuesta de la UDC no se ha hecho esperar. Es una "conspiración", dice.

Amenaza además con tomar represalias haciendo añicos la "fórmula mágica" qye garantiza desde hace más de medio siglo la estabilidad y la prosperidad del país.

Una fórmula que consiste en la cohabitación de los representantes de los principales partidos políticos en el gobierno, integrado actualmente por la UDC, los socialistas, los radicales de la derecha liberal y los democristianos.

Los suizos sienten mucho apego por este modelo gubernamental de unión nacional, en un país que federa 26 cantones y donde se hablan cuatro lenguas oficiales.

Lo cierto es que Suiza se encuentra a un paso de convertirse en un país como otro cualquiera, con una vida política bipolar.

En todo caso, la campaña ha suscitado gran interés entre los cinco millones de votantes.

Según las encuestas los socialistas perderían votos, aunque continuarían siendo la segunda fuerza política, los Verdes mejorarían su situación y los dos partidos de centro derecha (los radicales y los democristianos) seguirían ejerciendo un papel de árbitro en el Parlamento.