Bagdad.- La visita a Irak del presidente iraní Mahmud Ahmadinejad ilustra la voluntad de Teherán de afirmar su peso regional, justo cuando Estados Unidos intenta afianzar su influencia en el país y en Oriente Medio.
Gran enemigo del presidente estadounidense George W. Bush y descrito como un nuevo Hitler en los medios conservadores de Estados Unidos, Ahmadinejad fue recibido como un dirigente indispensable por el presidente iraquí Jalal Talabani, cuyo país se encuentra en una situación de inestabilidad y violencia.

Fue recibido con grandes honores el domingo por Talabani y el primer ministro iraquí Nuri al Maliki, que comparten poder en Irak, y cuentan con el apoyo de un despliegue de cerca de 160.000 soldados estadounidenses.

En sus primeras intervenciones públicas, Ahmadinejad --primer presidente de una república islámica en visitar Irak-- se mostró como un hombre preocupado por la estabilidad en la región más inestable del mundo.

"Este viaje abre una nueva página en las relaciones bilaterales y un nuevo clima en la región", declaró el presidente iraní durante una conferencia de prensa conjunta con su homólogo iraquí.

También señaló su deseo de que un Irak "potente, desarrollado y próspero" tenga un papel positivo para "todos los países" de esta zona, donde riqueza petrolera, fervor religioso y reivindicaciones nacionalistas y étnicas crean una mezcla explosiva.

Antes de su llegada a Bagdad, el presidente iraní, cuyas ideas sobre las armas nucleares o Israel hacen que sea el enemigo acérrimo de la administración Bush, ya había repetido la convicción iraní de que la ocupación estadounidense en Irak es una fuente de inestabilidad en este país y en Oriente Medio.

"Consideramos que la inseguridad, los desacuerdos y las tensiones están orquestados por los ocupantes de Irak", dijo Ahmadinejad el sábado en Teherán.

Bush respondió exigiendo a Irán que cese "de exportar el terrorismo" y "de enviar (a Irak) equipos sofisticados que matan" a soldados estadounidenses.

Los responsables de Estados Unidos en Bagdad se refugiaron en un gran mutismo para esta visita de Ahmadinejad. "No tenemos nada que añadir a lo que ha dicho el presidente", declaró el portavoz de la embajada, Mirembe Nantongo.

Ahmadinejad no dudó en aprovechar su reunión con Maliki para atacar a Estados Unidos. "Tienen que entender que al pueblo iraquí no le gustan los estadounidenses", aseguró.

Más allá de la guerra de declaraciones, el cara a cara entre Teherán y Washington viene marcado por una realidad que la visita del presidente iraní ha reforzado: la movilización militar de Estados Unidos en Irak limita su apetito por otra aventura contra Irán, y la historia común de los dos países vecinos dictará sus relaciones.