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La mafia lo mató de 18 balazos acribillaron al periodista ...
México.- Demasiado y tarde son las palabras más tristes del idioma. Demasiado tarde, Alberto Palma Godoy, alias "Tito", decidió partir con su mujer y sus hijos a Chile, su país natal. Le había enviado una carta al Presidente de Paraguay, Nicanor Duarte Frutos. Le advertía: "Lamentablemente, no se puede contra la mafia". No obtuvo respuesta.

A la mafia se había referido dos días antes de su muerte. El último contacto al aire con el periodista Víctor Benítez, de Radio Chaco Boreal, de Asunción, de la cual era corresponsal en el departamento de Itapúa, terminó siendo la síntesis de las amenazas que había recibido en mensajes de texto enviados a su teléfono móvil: "Me contrataron para matart" para "hacrte viajar" -decía uno de ellos, con errores ortográficos-. "Muy pronto n veremos".

La cita iba a ser el miércoles 22 de agosto de 2007, a eso de las 10 de la noche, en el pueblo Mayor Julio D. Otaño, sobre el río Paraná, 450 kilómetros al sudeste de la capital paraguaya. Dos hombres con uniformes militares que iban en motos irrumpieron de pronto en su vivienda. Lo acribillaron. En el piso quedaron 18 casquillos de balas, según el comisario Angel Barboza, jefe de la policía de Itapúa. Seis balazos dieron en la frente, el cuello, los brazos y las piernas de Palma, de 48 años. Su pareja, Wilma Martínez, de 24 años, con la cual tenía un hijo de apenas dos meses, resultó herida en la pierna izquierda; debió ser internada de urgencia.

Lo había presagiado Palma en su diálogo radial con Benítez: "En concreto, te digo que se llegó al límite máximo acá y mi señora está allá, en Ciudad del Este. Les saqué a mis hijos del colegio. Hice la denuncia de la gente vinculada con la mafia, el robo de gasoil y es difícil luchar solo".

Lamentablemente no se puede aquí luchar contra la mafia -dijo Palma-.

Los liberales son los que están manejando dos radios truchas y yo los he denunciado, y he tenido los problemas que tengo. Por eso ya no estoy en Otaño; estoy en otro lugar, esperando plata de mi familia. Me voy desilusionado. No me atrevo a ir a la policía porque ellos los manejan a platazo limpio.

A los ojos del fiscal, Nelson Ramos, el asesinato de Palma tuvo los visos de un ajuste de cuentas. "Estamos en presencia de algún grupo de poder -concluyó-; de dónde proviene es lo que tenemos que saber. Esto aclararía más las cosas".
Sobre dos hipótesis comenzó a trabajar Ramos: el narcotráfico y las denuncias contra estaciones de radio aparentemente ilegales que, al parecer, pertenecen a dirigentes liberales vinculados con el contrabando de gasoil.

Palma tenía su propia radio, FM Mayor Otaño, pero, "por cuestiones políticas" se quedó sin la licencia. En diciembre de 2006 perdió los equipos, decomisados por las autoridades. De ahí su trabajo de corresponsal de Radio Chaco Boreal. A los medios gráficos no vacilaba en brindarles información. En los últimos meses, sin fuente de ingresos aparente, se ganaba la vida como fotógrafo de acontecimientos sociales y familiares.

En uno de los mensajes de texto que recibió antes de morir, el presunto asesino dice que Palma y otro vecino de Mayor Otaño, Julio Ríos, habían sido los responsables de la intervención de esas emisoras.

Después de la primera ronda de declaraciones, Ramos se mostró escéptico: "Sólo arrojaron más dudas -dijo-. Están mintiendo. Es como si estuvieran falseando datos para desviar la investigación hacia otro lado. No sabemos con qué intención se está haciendo esto, pero cuando lleguemos al fondo de esta cuestión y descubramos que realmente nos mintieron, van a recibir el castigo que se merecen. De eso puede estar segura la ciudadanía".

Sobre mojado, la lluvia
La conmoción caló hondo en un país tristemente familiarizado con los asesinatos de periodistas radiales que denunciaron corrupción, contrabando y relaciones del narcotráfico con políticos y empresarios.

En todos los casos, las investigaciones condujeron a la impunidad. En todos los casos y en uno, en particular, que, cual llamado de atención, demostró el peligro que significa en Paraguay meter las narices donde no se debe y, como dejó dicho Palma, donde "no se puede".

La mafia, a la cual Palma se había referido en su última intervención radial y por la cual iba a regresar a Chile, pagaría "cuotas" para moverse a sus anchas en tierra de nadie, gobernada por la impunidad.

Un periodista de la zona recibió una amenaza después del crimen:
"Ahora seguís vos". Le advirtieron que no lo divulgara y que se abstuviera de radicar la denuncia. Se siente solo, triste, atormentado. Sólo abriga una esperanza: irse del país. Como Palma, antes de que sea demasiado tarde.