Redacción
Muchas mujeres luchan con un oponente muy poderoso: comer emocionalmente. Una encuesta en Internet, realizada entre 17 mil dietistas fallidos (de los cuales casi 90 por ciento eran mujeres), encontró que la mayoría había fracasado por problemas emocionales.
Estos datos no sorprenden al doctor Roger Gould, psiquiatra de la Universidad de California, quien condujo la encuesta: "Con frecuencia veo clientas comprometidas por completo en perder peso, pero cuando se pelean con su esposo o tienen un mal día en el trabajo, son capaces de terminarse una caja entera de donas.

Desde muy jóvenes se nos enseña a usar la comida como un mecanismo para lidiar con las cosas. Es un premio si nos ha ido bien, y un consuelo si tuvimos un día difícil".

¿Cómo te sientes hoy? ¿Contenta? ¿Triste? ¿Sola?

Dicen los expertos que las mujeres son en particular susceptibles, pues desde la infancia son condicionadas a suprimir ciertos sentimientos. "A las niñas comúnmente se les enseña que está mal estar triste, preocupada o enojada, y en lugar de externar sus emociones, utilizan la comida como una forma de calmarse", explica Judith Matz, coautora de "Manual del Sobreviviente a las Dietas: 60 Lecciones de Alimentación, Aceptación y Cuidado Personal" (The Diet Survivor's Handbook: 60 lessons in Eating. Acceptance and SelfCare). Otro problema: cuando las mujeres necesitan consuelo no recurren a la lechuga. Varios estudios demuestran los tres alimentos que ellas más comen en exceso: helado, chocolate y galletas. "Estos dulces elevan temporalmente tu nivel de serotonina-hormona que te hace senitr bien y disminuyen el de cortisol hormona del estrés-", explica la doctora Pamela Peeke, profesora de la Escuela de Medicina de la Universidad de Maryland y autora de "Cuerpo para la Vida para Mujeres (Body for Life for Women). ¿Cómo romper el ciclo? Primero, es necesario identificar cuáles son los sentimientos que te hacen comer en exceso. Para averiguarlo, crea un "registro de hambre emocional', sugiere el doctor Edward Abramson, autor de "Inteligencia Corporal "(Body Intelligence). En una tarjeta escribe cuatro títulos: Hora, lugar, comida y emoción o pensamiento. Lleva la tarjeta contigo para que puedas anotar cualquer snack imprevisto. Después de unos días, podrás descifrar cuáles emociones y situaciones son las que provocan los atracones.

"La mayoría de las personas cae en más de una categoría, pues come en exceso cuando está contenta, y también cuando está triste o estresada", indica Abramson. Además, podrías pensar que sí, pero no sólo las emociones negativas hacen que abuses de la comida. El doctor Brian Wansink, autor de "Comer Sin Pensar: Por qué Comemos más de lo que Pensamos (Mindless Etating: Why we Eat more than we Think), encuestó a poco más de mil personas y descubrió que los participantes comían más para premiarse cuando algo bueno había ocurrido que cuando estaban tristes o aburridos.

Aquí, cuatro emociones comunes que llevan a las mujeres a comer en exceso, y las estrategias que te ayudarán a resistir.

Si comes cuando estás contenta

Sé creativa. La próxima vez que algo maravilloso suceda, inventa un nuevo ritual para sentirte bien. Si, por ejemplo, obtienes un ascenso, en lugar de ir a cenar con tu esposo para celebrar, tómate la tarde libre y pásala con él. Si tu hija es aceptada en el equipo de futbol, hagan algo juntas, como algún deporte o ir de compras. La idea es intentar pensar de hoy en adelante que celebración no es igual a comida.

Si comes cuando estás ansiosa

Sal a caminar. Un estudio de la Unversidad Estatal de California descubrió que era menos probable que comenzaran a comer las personas que, al estresarse, tomaban una caminata vigorosa de cinco minutos, a diferencia de las que se quedaban tras su escritorio. "Caminar, aunque sea por unos minutos, eleva los niveles de serotonina.

Esto mejora tu estado de ánimo y permite que te sientas menos ansiosa", explica el doctor Robert Thayer, autor de "La Energía de la Calma" (Calm energy). Este truco le funcionó a Lisa Gómez: "Cuando empezaba a estresarme por las finanzas de mi familia, salía a caminar. Cinco minutos eran suficientes para controlar el antojo de algo dulce", cuenta ella.

Si comes cuando estás aburrida

Trabaja por lo que te llevarás a la boca. Si estás picando sólo porque no tienes nada mejor que hacer, escoge un snack que requiera tiempo y energía para ingerirse, como palomitas de microondas, nueces con cáscara o alimentos que involucren mucho masticar, como zanahorias. "A mí me funcionan los pistaches", confiesa la doctora Madelyn Fernstrom, directora del Centro para Control de Peso del Centro Médico de la Universidad de Pittsburg. "Tengo que sacar los pistaches de su cáscara uno por uno, esto me obliga a comer despacio y a estar más consciente de lo que me llevo a la boca".

Si comes cuando estás triste

Tomar una dosis diaria de vitaminas y sol, te ayudaría a animarte, reportan investigadores de la Escuela de Enfermería de la Universidad de Washington. Ellos pidieron a 112 mujeres con depresión de ligera a moderada qe salieran a caminar vigorosamente durante 20 minutos, cinco días a la semana, y tomaran una dosis de vitaminas (50 miligramos de vitaminas B1, B2, y B6; 400 microgramos de ácido fólico; 400 microgramos de vitamina D; y 200 microgramos de selenio). Ellas también aumentaron el tiempo que se exponían a la luz artificial o natrual. Después de ocho semanas, la mayoría reportó sentirse menos deprimida, y 25 por ciento perdió peso, aunque no se le pidió que hiciera alguna dieta. "Muchas de ellas ingirieron menos a la hora de comer e incluso menionaron que sus antojos de carbohidratos disminuyeron", explica la doctora Marie-Annette Brown, coautora de "Cuando tu Cuerpo se Pone Triste" (When your body gets the Blues).

¿Comes emocionalmente?

Para averiguarlo, revisa tus hábitos alimentarios en las últimas 24 horas, sugiere el doctor Roger Gould, autor de Terapéate: ¡Libérate de Comer Emocionalmente para Siempre! (Shrink Yourself: Break Free From Emotional Eating Forever!), y después contesta estas preguntas:

1. ¿ Te dio hambre de pronto o gradualmente? "El hambre a nivel físico se desarrolla con lentitud. Comienza con gruñidos en el estómago hasta llegar al dolor. El hambre a nivel emocional tiene un comienzo repentino y dramático, con frecuencia causado por un evento o sentimiento", destaca Gould.

2.Cuando te dio hambre, ¿tuviste una necesidad casi incontrolable de comer inmediatamente?

3.Mientras comías, ¿pusiste atención a lo que te llevabas a la boca? "Si tienes hambre a nivel físico, dejas de comer cuando estás satisfecha. Con el hambre emocional quieres más comida, aun cuando ya estás llena", explica el especialista. 4.¿Comiste muy rápido? "Cuando tratas de satisfacer el hambre emocional, te atascas de comida".

5.¿Con cualquier cosa te habrías sentido satisfecha o se te antojaba algo específico? "Si tienes hambre emocional -continúa Gould- con frecuencia quieres dulces o cualquier otra comida chatarra".