Islamabad.- Al menos 30 personas murieron hoy al estallar una bomba durante un funeral de musulmanes chiitas en el convulso noroeste de Pakistán, indicó la policía, que también reportó 157 heridos.
La detonación tuvo lugar en el pueblo de Dera Ismail Khan, cerca de la frontera con Afganistán, cuando unos 1.500 musulmanes chiitas se dirigían a una mezquita para celebrar el funeral del líder municipal Sher Zaman, que murió a disparos ayer jueves.

Tras el ataque, que se cre fue cometido por un suicida, musulmanes chiitas incendiaron coches y tiendas, según medios locales.

"Treinta cadáveres fueron llevados al hospital y más de 50 heridos están siendo tratados allí", dijo un funcionario del principal hospital de la ciudad, en condición de anonimato. Más de otro centenar de heridos fueron trasladados a otros hospitales en las ciudades vecinas.

El jefe de la policía regional, Mohammad Iqbal, confirmó 25 muertes pero teme que el número de víctimas pueda aumentar, pues más de 20 personas se encuentran en condición crítica, según dijo.

Un alto funcionario local, Syyed Mohsin Shah, dijo que la investigación preliminar indica que se trató de un atentado suicida y que el atacante, de poco más de 20 años, cruzó la carretera corriendo antes de hacerse volar por los aires en medio de la procesión, según versiones de testigos.

El atentado desató la ira de los familiares de las víctimas, que se reunieron ante el hospital gritando eslóganes contra el gobierno. Un grupo de jóvenes también lanzó piedras y abrió fuego contra policías.

Shah indicó que en la ciudad fueron desplegados efectivos militares para controlar los disturbios y que, tras imponerse un toque de queda, la situación se encuentra bajo control.

El primer ministro Yousuf Raza Gilani condenó el ataque, que de momento nadie ha asumido. Sin embargo, la historia de Dera Ismail Khan está empañada por la violencia sectaria letal entre la mayoría suní y la minoría chiita.

En toda Pakistán, los sunitas representan alrededor del 80 por ciento de los más de 150 millones de habitantes, mientras la mayoría del 20 por ciento restante son chiitas. Las crecientes tensiones entre ambas comunidades provocaron el deterioro de la seguridad en el país, particularmente en la noroccidental provincia de la Frontera Noroeste, donde milicianos islámicos lograron controlar importantes áreas.