Sally Aguayo/El Guardián
Saltillo, Coah.- Su mirada se encuentra cansada, sus manos resecas por el arduo trabajo, su rostro refleja el paso de los años, pero su corazón está joven y fuerte como cuando tenía 23 años, edad en la que comenzó a trabajar por primera vez para mantener a su hijo.
Doña María Urbana Flores tiene 77 años, es originaria de Michoacán, pero desde hace 35 llegó a esta ciudad con la ilusión de trabajar para sacar a su hijo adelante, pues desde muy joven quedó viuda y jamás volvió a casarse.

Mari, como la conocen los comerciantes de la Zona Centro, siempre se ha dedicado al comercio, vende fruta, chicles, dulces y todo tipo de "chucherías", y no conforme con eso, también se dedica a realizar quehaceres domésticos en casa de sus vecinas.

Para muchos que la conocen, ella se ha convertido en un ejemplo a seguir, pues a pesar de su edad jamás ha descansado y día a día, sin importar las inclemencias del tiempo, doña Mari siempre está al "pie del cañón".

Cuenta que se casó con Juan Alfonso Saldívar, a la edad de 15 años y procreó a su hijo, Juan, sin embargo una tragedia le arrebató a su marido cuando apenas tenía cuatro años de casada.

"Mi esposo siempre vio por nosotros, él traía el sustento para la casa, trabajaba en el campo, pero un accidente le quitó la vida, y desde ese entonces yo me tuve que hacer cargo de mi hijo sola", relata, quien dice que la falta de estudios jamás la limitó para salir adelante.

Comenta que luego de que su esposo falleció, ella comenzó a vender verdura en los puestos de Michoacán, pero cada día la situación se volvía más difícil, pues además de tener que trabajar para comer lo hacía para que su hijo siguiera estudiando.

"Yo a mi hijo no le dejé nada más que la escuela, pero él se salió cuando terminó la secundaría, porque la cosa estaba muy difícil y ya no nos alcanzaba", expresó la madre de familia.

-¿Qué le ha enseñado la vida?-

"Que en esta vida nada es gratis, uno si quiere algo tiene que trabajar bien duro para tenerlo. En este mundo todos somos privilegiados porque Dios nos da cabeza pa' salir adelante, y si uno le busca todo lo puede lograr, porque el sacrificio lo ve uno recompensado con el paso de los años".

-¿De quién depende usted?-

"De mi hijo. Yo le digo a Juan que esto es una cadenita. Estando él chiquito trabajé como burro para que comiera, para vestirlo, calzarlo y enseñarle a trabajar como su padre lo hacía, y ahora con mi edad, él es quien se hace cargo de mí, el que pone la comida en la mesa, y estas ventas que yo hago le ayudan para pagar la luz y que me compre mis trapitos".

-¿Cuál ha sido su mayor temor en las calles desde que trabaja?-

"Mira, aquí en Saltillo ninguno, la gente es buena, es amable con uno, pero a veces es pesado porque hace mucho frío y uno tiene que estar aquí, aunque llueva, truene o relampaguee".

-¿Qué cambiaría de su vida?-

"No cambiaría nada, le pediría a Dios que me dejara más tiempo a mi esposo, porque ahora no es como hace años. Cuando yo era joven una como mujer sufría más para conseguir trabajo, además en mi casa me acostumbraron a que la mujer es de la casa y el hombre de la calle, así que salir a trabajar fue muy difícil al inicio".


-¿Qué es lo más difícil de ser mujer?-

"Ahora nada, antes las oportunidades, no había igualdad, la responsabilidad de uno estaba en la casa y la del hombre mantener esa casa. No había tantas preocupaciones, pero tampoco tantas satisfacciones como las que tienen ahora mis nietas y nuera. La vida cambia y con ella su gente".

-¿Qué lección le ha dado la vida?-

"Que uno hace todo lo que puede, si lo quiere, el mundo es de quien sabe trabajarlo. Nada en la vida es gratis, ni siquiera la muerte, porque hasta esa cuesta, así que si uno quiere algo hay que luchar para tenerlo. Yo no tengo estudios, no sé ni leer, pero la vida me enseñó a contar cada peso que me caía y a gastar en ella siempre correctamente para salír adelante".