(Foto: Vanguardia-Archivo)
Redacción
La hipervaloración de la imagen corporal nos está conduciendo por caminos nunca antes explorados. De hecho, ahora se extiende más allá del mero lucimiento para buscar con frívola avidez la veneración del cuerpo perfecto
El criterio de belleza física ha variado de acuerdo con las épocas y las culturas. Prueba de ello son las Venus del Paleolítico y los desnudos de Rubens, de Renoir, de Goya e incluso de Botero.

Y con frecuencia juzgamos la belleza física por cánones de los que ni siquiera estamos conscientes. Por ejemplo, la investigación moderna ha revelado que los individuos más atractivos son aquellos cuya simetría bilateral -igualdad entre los lados izquierdo y derecho del cuerpo- es más exacta.

Este criterio tiene sus bases en que bajo condiciones ideales los órganos y miembros pares del cuerpo se desarrolan de manera idéntica, y si por alguna razón ocurren infecciones, enfermedades o trastornos, el desarrollo armónico del organismo suele alterarse y manifestarse en forma de asimetría corporal.

Simetría versus sexualidad

Existe una sorprendente relación entre simetría corporal y conducta sexual.

Por ejemplo, los estudios han confirmado que las personas con cuerpos más simétricos inician sus relaciones sexuales antes que aquellos cuya simetría no es tan perfecta. Además, los mejor proporcionados desde el punto de vista corporal, no sólo tienen un cuerpo más atractivo, sino que tienden a verse más vigorosos, más saludables y más dominantes.

El trasfondo de `belleza ideal'

Predomina un consenso cada vez más generalizado de que el patrón de mujer ideal es aquella de cuerpo delgado, labios carnosos, mandíbula pequeña y mentón estrecho. Mientras que el varón modelo es el de mandíbula grande, mentón ancho y cuerpo recio.

La preferencia masculina por mujeres con mandíbulas pequeñas y labios carnosos obedece a que de alguna manera esas áreas identifican la abundancia de estrógenos, equivalente a una mejor capacidad para fecundar.

Los zoólogos creen que los labios de la mujer evolucionaron a modo de reflejo de sus genitales, ya que poseen el mismo tamaño y el mismo grosor y, en estado de excitación sexual, ambos se expanden debido al aumento del flujo de sangre que llega hasta ellos.

Es lo que se conoce como "eco genital", una reacción que transmite una señal muy potente a los machos que son cautivados aún por los más ligeros detalles del cuerpo femenino.

Quizá por este motivo e instintivamente, las egipcias inventaron el maquillaje labial, que la mítica Cleopatra siempre usaba en una misma tonalidad: el rojo.

En el caso de los varones las mandíbulas prominentes y el cuerpo fuerte constituyen para las mujeres signos de ese raudal de testosterona que convierte en erótico al más simple de los caballeros.

Lo que dijo el Papa
La semana recién pasada, durante un encuentro con artistas de todo el mundo en la Capilla Sixtina, el Papa Benedicto XVI criticó lo que llamó "belleza hipócrita".

Ante personalidades de la escultura, la pintura, la danza, el teatro, el canto, la arquitectura y el cine, el Papa pronunció un discurso en el cual pidió recuperar la "auténtica belleza" inspirada en la trascendencia humana.

Dijo que la belleza publicitada en los medios de comunicación es con frecuencia una mentira. "Es ilusoria, superficial y deslumbrante hasta el aturdimiento".

Esa imagen, en vez de hacer brotar la verdadera esencia del ser humano y abrirlo a horizontes de verdadera libertad, lo aprisiona y lo priva de esperanza y de alegría, dijo el Pontífice.

"Se trata -agregó- de una seductora pero hipócrita belleza, que sólo despierta el deseo de poder, de posesión y de derrotar al otro".

Según el obispo de Roma la "auténtica belleza" abre el corazón al deseo profundo de conocer, de amar y de ir hacia el otro.

Los puntos sobre las íes

La hipervaloración de la imagen corporal nos está conduciendo por caminos inexplorados. De hecho, como nunca antes, la imagen corporal se extiende ahora más allá del mero lucimiento, para buscar con frívola avidez la veneración del cuerpo perfecto.

Un cuerpo simétrico y hermoso es nuestra mejor "carta de presentación", pero debe quedarnos muy claro que la belleza más auténtica no se ciñe a un conjunto de rasgos ni a un grupo de elementos corporales que nos hagan aceptables para los demás.

Los griegos apreciaron con devoción lo bello en todas sus facetas y manifestaciones.

El sentido de la estética helénica fue, sin duda, desbordante, pero ellos no sólo rindieron culto a las formas, sino que percibieron con extraordinaria habilidad, la secreta conexión entre la armonía del cuerpo y el espíritu.

La belleza es altamente subjetiva. Es cierto que está en las imágenes, pero la manera de interpretarla depende de miles de circunstancias y por supuesto depende de cada uno de nosotros. El verdadero valor de la belleza está en cómo sentimos, pensamos y amamos.

Esa es la belleza que permanece y que trasciende a todas las épocas Lo bello, más allá de lo superficial, toca todos los ámbitos -exteriores e interiores- del mundo que nos rodea.