Sandra García Ferro / Universal
México, D.F.- Emulando a Cho Seung-hui, el estudiante de origen surcorerano que perpetró una masacre en el Instituto Tecnológico de Virginia, Pekka Eric Auvinen hizo lo propio en un colegio de Finlandia.
Pareciera coincidencia que las imágenes subidas al portal de videos YouTube, donde el joven de 18 años anunciaba la matanza, fueran similares a las difundidas por el estudiante chino... La cara fija a la cámara y empuñando una pistola.

De acuerdo con el siquiatra Félix Aranday Cortés, miembro del Instituto Nacional de Siquiatría "Ramón de la Fuente", estas personas internamente se sienten castradas, entonces al exponer un arma (un símbolo fálico, algo que puede penetrar) quieren demostrar que tienen el poder.

A los seres humanos, explicó el especialista, nos molesta hacer cosas que no queremos hacer y ser personas que no podemos ser, sin embargo, se han globalizado los estándares del "deber ser o tienes que querer ser", lo que genera frustración.

Ejemplo de esto es que Pekka Eric Auvinen, siendo un chico de rasgos orientales, tiene el cabello pintado de rubio, lo que significa querer meter a un asiático a una forma de ser anglosajona.

Es así que "si yo no puedo ser como tú te voy a destruir y no vas a poder vengarte", esta respuesta violenta se genera al momento de cometer la masacre y posteriormente el suicidio. "Es una doble venganza: yo te destruyo y me destruyo para que no te puedas vengar", a través de su detención.

Al difundir su mensaje en la red, los jóvenes buscan dar una posibilidad de que los detengan, acción que no ocurre "porque nadie los ve", pues para los demás son inexistentes.

En este caso los videos son demostraciones de odio, frustración y reivindicación: "Te estoy avisando que me pudiste haber detenido, pero como no me creías o no me viste porque no existo, entré y te destruí".

La violencia como juego

Los videojuegos donde la violencia está en su máximo nivel, ganan cada vez más terreno en el mundo de lo real, donde jóvenes adolescentes con problemas familiares, de autoestima, depresión y estrés, adquieren notoriedad a través de los crímenes que perpetran.

La psicóloga Lucila Rodríguez, de la Universidad Nacional Autónoma de México, señaló que la descomposición social y los medios de comunicación son dos factores importantes que intervienen en el desarrollo psicológico y social de estos modernos criminales.

El problema, explicó, parte de la familia, pues los padres prestan menor atención a los hijos porque están generalmente fuera del hogar y la tecnología está ayudando a la pérdida de comunicación cara a cara. Esto conlleva a la angustia, desesperación, depresión y estrés, afectando el desarrollo sicológico y social del ser humano.

En este sentido, los jóvenes no están contentos consigo mismos ni con la gente que los rodea.

En tanto, los medios de comunicación que ofrecen modelos distorsionados de vida, lo mismo que los videojuegos, señaló la especialista, ayudan a estos jóvenes a crear su propio mundo virtual, donde los actos violentos traspasan las pantallas y se convierten en catástrofes reales, anunciadas previamente a "pequeñas pandillas virtuales", aquellas con las que se crea un vínculo de asociación aunque no compartan lo que el atacante hará.

Estos jóvenes necesitan sentirse protagonistas y esto lo logran solamente perpetrando actos donde serán el foco de atención a nivel masivo. Sólo así sienten que alcanzan "cierto liderazgo, protagonismo negativo", donde demuestran que también tienen poder y autoridad, y no solamente son juzgados y dependen de los demás, señaló.

Sin embargo, advierte Lucila Rodríguez, después de ser protagonistas regresa la baja autoestima, el sentimiento de que "ya no valen" y el suicidio es la única forma que encuentran para "castigarse y castigar a los demás".