LA JORNADA
Washington, EU .- Frente a un diluvio de dudas y cuestionamientos de legisladores estadunidenses sobre los méritos del paquete de asistencia antidrogas para México, altos funcionarios del gobierno de George W. Bush respondieron que representa una oportunidad histórica, ya que "México nunca se ha abierto tanto" en su disposición a establecer una relación tan estrecha con Estados Unidos.
Ante la amenaza que representan el narcotráfico y el crimen organizado para la estabilidad de México, "el propio pueblo mexicano está preparado para una relación diferente con Estados Unidos" y, junto con la disposición del gobierno de Felipe Calderón, esto tendría un impacto de "largo plazo en las relaciones políticas y diplomáticas" bilaterales de interés para Washington, argumentó el secretario asistente de Estado para el hemisferio occidental, Thomas Shannon. Tanto por esto como para apoyar lo antes posible la lucha "sin precedente" contra el crimen organizado en México, urge proceder en impulsar esta iniciativa, expuso.

Pero en el segundo día consecutivo en que legisladores evalúan aquí la llamada Iniciativa Mérida, hoy ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado se expresaron de nuevo las múltiples dudas y preocupaciones sobre los méritos de este proyecto.

El senador Robert Menéndez, quien hoy presidió la audiencia, subrayó que aunque muchos de sus colegas están interesados en apoyar y ampliar la relación con México, dudan de que esta propuesta sea la indicada. "Esta propuesta tiene mucho en torno a apoyo militar y poco sobre apoyo para los pueblos de la región", comentó. Sostuvo que 40 por ciento de los 500 millones de dólares que se proponen para el primer año en asistencia a México son para el sector militar (en gran medida esto es para la compra de ocho helicópteros Bell y dos aviones de patrullaje marítimo), y aseveró que "una creciente militarización no ofrece ayuda para el desarrollo".

Menéndez (quien insistió en llamar a la iniciativa "Plan México") y otros colegas expresaron preocupaciones sobre el rubro de los derechos humanos. Menéndez citó informes sobre derechos humanos del propio Departamento de Estado, la Organización de las Naciones Unidas, la Comisión Nacional de Derechos Humanos y otras que documentan el uso de la tortura por la policía, la impunidad, y citó la "fuerza excesiva" empleada por agentes de seguridad pública contra movimientos sociales, como el caso de Oaxaca.

Él y la senadora Barbara Boxer también pusieron sobre la mesa, junto con el asunto de derechos humanos, el tema de la corrupción oficial, y preguntaron qué tipo de garantías existen para asegurar que estas asistencia no beneficien o apoyen a las mismas fuerzas policiacas y militares que cometen abusos de derechos humanos o que son corruptas. Boxer, citando un artículo reciente de la revista Time, preguntó sobre antecedentes de este tipo de cooperación antidrogas que fracasaron, y recordó el ejemplo del zar antinarcóticos, el general Jesús Gutiérrez Rebollo. "Hemos visto, esta película antes", afirmó, al preguntar como se evitará que estas cosas ocurran de nuevo.

El influyente senador Dick Lugar sugirió la necesidad de establecer algunos mecanismos para medir el progreso de esta iniciativa. A la vez, insistió en que Estados Unidos tiene que asumir más responsabilidad para el trafico ilícito de armas desde aquí a México.

Otros senadores cuestionaron la idea de proporcionar fondos a esfuerzos de persecución en el extranjero mientras el gobierno de George W. Bush recorta fondos para programas de prevención y reducción de la demanda de drogas ilícitas aquí. El senador James Webb recordó que hay un grave problema de narcotráfico y de bandas criminales en este país, y dijo que mientras que el Departamento de Estado alerta que los narcotraficantes amenazan la estabilidad de los países vecinos, "nosotros también tenemos una amenaza al Estado estadunidense". No sólo las pandillas, sino también hechos como que la mariguana es ahora el cultivo número uno en California.

Ante interrogantes sobre por qué tanta urgencia y el enfoque de esta iniciativa, Shannon insistió en que marca un "nuevo paradigma" en la cooperación regional en la lucha antidrogas, y subrayó que "México nunca se había abierto así a nosotros" para establecer esta dimensión de cooperación.

A la vez, indicó, esto implica que se superan ciertos "tabús" que han caracterizado la relación con México. Explicó que esa relación siempre ha sido "complicada", marcada por el "nacionalismo", que es fuerza potente en la política mexicana, y la defensa de la soberanía. Pero ante la amenaza del narco y su violencia, y el carácter trasnacional de ésta, señaló que "es la primera vez que (el gobierno mexicano) se ha acercado" con una disposición de "trabajar con nosotros como nunca". Señaló que esto, junto con la percepción de que "los ciudadanos mexicanos están dispuestos a trabajar con Estados Unidos como nunca", está rompiendo tabús.

Por lo tanto, es "una oportunidad sin precedente" para establecer un nuevo nivel de cooperación y profundizar la relación bajo la idea de una "responsabilidad compartida" en enfrentar las amenazas comunes, concluyó.