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Es un lugar recóndito. Parece que pisas el hielo, pero te encuentras parado en una fosa de sal con un sol a más de 40 grados centígrados, y al lado de unos "monstruos de metal" llamados Darts, de 360 toneladas, cargados de sal. Este se considera el lugar idóneo para fabricar una intriga de homicidios seriales para la película mexicana "Bajo la Sal".
Guerrero Negro.- "Esta atmósfera te da una sensación de amplitud; es el lugar adecuado para hacer un thriller. Es un desierto, como la vida de estas personas", coincide el actor Emilio Guerrero ("Un Mundo Raro"), quien personifica al comandante Salazar, el jefe de la policía de Santa Rosa de la Sal.

Se trata de un poblado tranquilo de 15 mil habitantes, donde muchos se conocen.

Un pueblo en donde generalmente no pasa nada, pero que se convierte en el mismo infierno mientras se filma la cinta.

El comandante Trujillo, encarnado por Humberto Zurita, se suma a un sigilo, que la actriz Irene Azuela ("El Búfalo de la Noche"), una lugareña, ocasiona: "Es una chava que tiene un desencuentro amoroso muy grande y decide vengarse de una manera que se le va de las manos y que le ocasiona cargar una gran culpa", dijo.

"Bajo la Sal", ópera prima escrita y dirigida por Mario Muñoz, producida por Warner Bros., gira alrededor de unos asesinatos en una empresa salinera (la más grande del mundo, ubicada en el municipio de Guerrero Negro, BCS), cuyo principal sospechoso es Víctor Cepeda, un joven de 17 años que se dedica a hacer animaciones en video con unas muñecas. A este personaje le da vida Ricardo Martínez Polanco.

"Es un inadaptado social, trabaja en una funeraria y ayuda a embalsamar cuerpos. Su mamá murió hace un año y es un personaje raro, que ha tenido mucho contacto con la muerte", indicó el actor.

Esta empresa es el lugar perfecto para ocultar todo, pues separar la sal del agua de mar es un proceso largo que los trabajadores olvidan por un tiempo, mientras se evapora el agua.

"Son las condiciones para hacer un thriller. Si te pones a pensar en las huellas de vehículos, hay cualquier cantidad, por el tipo de trabajo que requiere de equipo pesado y mucha transportación, incluso, el viento se puede llevar ciertas huellas", mencionó Moisés Arizmendi, el cabo Montoya en la cinta.

Acción, violencia, disparos y efectos especiales se juntan con la capacitación de algunos actores en el manejo de armas, para crear una trama de suspenso bien planeada.

"Un forense nos explicó que en una salinera, un cadáver se puede conservar sin olor fétido; más bien como un jamón serrano o como la piel de un viejito a punto de morir", asunto que ocasionó cambios en la historia para que la cinta se apegara a la realidad, relató Arizmendi.

"El director no deja pasar los detalles, vive con compromiso, así como en el teatro de laboratorio, de investigación y análisis que se da en el trabajo de mesa, se logra una alquimia que a los intérpretes nos gusta", agregó Zurita.

En la cinta, también participa Plutarco Haza, así como 400 personas más, que trabajan a marchas forzadas en un sitio declarado reserva natural, donde se junta lo muerto del desierto, con la frialdad del agua.

En todo momento se supervisó cada detalle. No quieren correr el riesgo de hacer un mal producto.