Alejandro Santiex. / Foto: Especial.
Nació en la Ciudad de México, tuvo formación en Europa, pero fue en Saltillo donde creó sus más grandes obras y a dos décadas de su partida sus pupilos en las tablas lo recuerdan

De Alejandro Santiex se cuentan muchas leyendas. Una de las que le sobreviven es la que cuenta cómo llenó función tras función de su montaje de la obra “De la calle” de Jesús González Dávila, con un público que reunió a todas las clases sociales de Saltillo.

Su método para concebir el hecho teatral, además de su preocupación por temas sociales y el gran éxito de sus producciones lo convirtieron en una figura cuya muerte, el 27 de enero de 2001, fue dada a conocer en medios a nivel nacional y a 20 años de su partida tres de sus actores, ahora directores también, en entrevista con VANGUARDIA, lo recuerdan.

“Es un parteaguas de la construcción de cómo ver el hecho teatral, como él lo veía y como lo socializaba, que la gente vea el hecho teatral más cercano”, expresó José Palacios, “sobre todo cómo la gente acudía masivamente a sus funciones. Estamos hablando de que, por poner las últimas funciones […] en Santa María de Iquique hizo más de 80 funciones en el Teatro de la Ciudad a cupo lleno, o sea estamos hablando de más de 100 mil espectadores, o De la calle con más de 250 funciones que más o menos alcanzan una cifra de 300 mil personas”.

Santiex hizo muchas obras, de distintos géneros y propuestas, desde el drama hasta la comedia y la pantomia pero es la puesta de la obra González Dávila la que aún resuena entre quienes fueron testigo de las inmensas filas que se hacían afuera del Teatro de la Ciudad Fernando Soler para presenciar la obra, situación que Rogelio Palos recuerda.

“Alejandro Santiex siempre decía que todos teníamos derecho de ir a cualquier lugar y uno de los objetivos era eso, y la gente, con cierto morbo, porque nada más sabíamos de la gente de la periferia a través de la nota roja, pero como sabemos los encabezados y hasta la fecha, son muy amarillistas. La gente decía ‘wow los pandilleros, wow los chavos banda, los vamos a ver’. Entonces va creciendo esa expectativa”, dijo.

Escena de 'De la Calle', tomada del libro Signos para la Memoria (ICOCULT. 1997).

Pero aunque para algunos miembros del público todo se quedara en el espectáculo, para gran parte de los involucrados, el proceso de trabajo de Santiex era mucho más significativo.

“Terminaba la función y nos encerraba a todos en el camerino, en lo que ahorita se llamaba desmontaje. No permitía Santiex que entrara nadie. El teatro lleno, el escenario, esperando autógrafos y fotografías y todo este rollo, y el maestro Santiex no permitía que a nadie se le subiera este rollo de la fama”, agregó Palos sobre esta producción que convocó a jóvenes de colonias de la periferia para formar parte del elenco de una historia ambientada en su mundo, circunstancia que el director no se tomó a la ligera, aunque esto provocó contratiempos en el montaje, pero siempre estuvo al tanto de lo que hacían los muchachos a su cargo, cómo los veía la gente y hasta aseguran que llegó a dedicar parte de la taquilla para apoyarlos.

No obstante, este interés por abordar cuestiones sociales y políticas lo llevó a tener algunos problemas con la autoridad, como lo recordó Homero Craig cuando nos contó cómo fue que comenzó a colaborar con él.

Pantomima dirigida por Santiex. / Foto: Cortesía José Palacios.

“Cuando vine a estudiar a Saltillo inmediatamente lo busqué. Él tenía una temporada en que estaba vetado, creo que por cuestiones políticas, porque todas sus obras tenían un corte muy político, apoyando la huelga de Cinsa-CIFUNSA, todos estos rollos que plasmaba cuando había mucha libertad en las universidades, de decir muchas cosas y de gritar muchas cosas”, mencionó.

“Algunos temas bien recurrentes eran el tema político, sobre todo a favor de los más necesitados, de las huelgas, etc. Y el tema de la soledad, si no era un tema político era sobre personajes que padecían la soledad”, agregó sobre lo que gustaba abordar en sus trabajos.

Y como pupilo de Jerzy Grotowski, el gran director de teatro polaco a quien conoció cuando obtuvo una beca para estudiar en Polonia en 1970, poco después de ganar el Premio Nacional de Teatro, Santiex trajo a México “la técnica que manejamos después de su regreso”, como mencionó Palacios, “esta, del teatro pobre y tener la importancia del personaje y toda la construcción del personaje. Él hacía este proceso donde se investigaba todo lo interno, todas las emociones, la cuestión del personaje a través de diferentes condiciones y estímulos de sentimientos y de supuestos, entonces era un laboratorio donde se experimentaba con los sentimientos del personaje con algunos estímulos externos”.

Homero Craig (derecha) en 'Las vampiras Morales y sus amores criminales', comedia que dirigió Santiex y que continúa en funciones a la fecha con algunos miembros del elenco original. / Foto: Archivo.

Es en este sentido que Craig destaca el rigor como una de las importantes enseñanzas que le dejó, aunque también aprendió “que todo tenía que ser muy verdadero y a diseccionar el texto. No suelto una frase completa, una idea completa, sino que la disecciono parte por parte, hasta palabra por palabra”.

“Y además este personaje tenía que vivirlo en la realidad, tenía que investigarlo en la realidad. Cuando me tocó ser sacerdote tuve que estar en el seminario; tienes que ir a la fuente, y lo que me costó ser pandillero, me costó humillaciones, me costó golpes, para que la banda me aceptara y fue un trabajo muy difícil porque soy hiper fresa, entonces al final lo que haces es pararte en el escenario después de esta investigación y como ya eres lo que digas te sale”, comentó.

Nacido como Rodolfo Mendoza Amador —el otro es su nombre artístico— el 11 de septiembre de 1945 en la Ciudad de México, Alejandro Santiex cambió lo que es el teatro para una generación en Saltillo, tanto para los artistas como para los espectadores, con un legado que aún impregna a la comunidad, y a 20 años de su muerte así lo recordamos.

Escena de la obra 'Santa María de Iquique'. / Foto: Cortesía José Palacios.