¿Adiós a la humanidad? ¿Este mundo sería mejor sin humanos? ¿Ya somos muchos, hartos? ¿Nos hemos acabado el planeta como dicen los agoreros del desastre climático y milenarista? ¿Cuál es la solución a todo esto?, ¿la guerra? ¿Ya no ser tantos, ya no multiplicarnos, como así lo recomendó el Dios grande de los judíos en el origen de los tiempos? ¿Acaso y al no ser tantos en el mundo, los recursos entonces alcanzarían para todos y todo mundo viviría en un jardín adánico, en eso llamado paraíso? ¿Podar a la humanidad? ¿A quién: a los débiles, a los negros, a los amarillos, a los blancos, a los rubios, a los aperlados, a los…?

El anterior párrafo de preguntas, la anterior batería de preguntas, señor lector, no son ociosas y sí se están respondiendo solas. Mejor dicho, las grandes corporaciones, los gobiernos y la vida misma y su vaivén irrefrenable, vienen moviendo el obeso aparato de las masas humanas y mediante una especie de selección darwiniana (adaptación del más fuerte, el más resistente, el más alto, el más hábil, la más guapa, la más bella) el mundo solo se está podando. La guerra es una poda, también. Lo anterior tiene un nombre y se ha convertido en el gran problema de este siglo. Y semejante problema brotó casi de la nada (es incorrecto lo que he escrito, pero parte es verdad) y ha tomado a todo el mundo por sorpresa y sin planes. A esta especie de selección natural de los humanos, de masas ingentes de humanos moviéndose y desplazándose en el mundo, se le llama migración. Un planeta migrante. Los terribles y desquiciantes flujos de migrantes. 

Y usted ya lo observó: este flujo de migrantes ya afecta a Saltillo, a Coahuila; a México ni se diga y claro, a usted y a mí. El fenómeno llegó para quedarse. Los expertos, los especialistas hablan de que los grandes desequilibrios sociales, demográficos y económicos que ya se presentan en varias partes del mundo (México como cabeza de continente migranmte) se van a seguir dando y de manera brutal en lo que resta del siglo, por los desplazamientos de ingentes masas de humanos, la migración, la cual se da por diversos factores a saber: las guerras, la violencia extrema, escasas oportunidades de trabajo y vida digna en grandes porciones y Estados, y ahora, la cereza del pastel: la influencia de la tecnología.

A este tema agobiante le vamos a dedicar no menos de tres textos en esta saga de columnas. La migración llegó para quedarse y Saltillo (gobierna Manolo Jiménez), Ramos Arizpe (el alcalde es Chema Morales), Coahuila como estado (gobierna Miguel Ángel Riquelme) y claro, el país completo (gobierna para una parte de los mexicanos, Andrés Manuel López Obrador) ya muestran los estragos. Aún no veo las bondades de este intercambio de sociedades y culturas. Y ojo, poco o nada tienen que ver las políticas que AMLO y el Gobierno federal hayan planeado con tiempo. Bueno, ni políticas hay. Todo inició en el 2015 y cuando andaba en campaña Donald Trump, quien espetó…

ESQUINA-BAJAN

“Construiré un gran muro. Y nadie hace mejores muros que yo. Muy barato. Construiré un gran muro en nuestra frontera sur y haré que México lo pague”. Donald Trump en campaña en junio de 2015. Lo demás es historia: el republicano y conservador Trump ganó en las elecciones de 2016 y sí, ya hizo pagar a México el muro. Le salió harto barato, como él dijo. Con un solo tuit y ante la amenaza de fieros aranceles e impuestos a productos nacionales, Trump hizo que en este 2019 y en base a las políticas de inmigración masiva de 2018 por el lado de Centroamérica recorriendo todo el territorio nacional, literalmente asaltaron la frontera de México-EU, con ello como pretexto y motivo, en el pasado 2019 se materializó su muro de contención: México obedeció la orden ante un débil AMLO que en política migratoria, como en casi cualquier tema, toma decisiones verticales. Entre 25 mil y 30 mil efectivos de la Guardia Nacional se desplegaron en ambas fronteras (Norte y Sur) y el muro sin hormigón ni púas, es realidad.

Las políticas de puertas abiertas que preconizó el cacique de Tabasco, pronto se vinieron abajo. Hay órdenes de Trump y las órdenes se cumplen. En una cifra record y hasta el mes de noviembre de 2019, los datos disponibles dicen que más de 170 mil personas han sido presentadas ante el Instituto Nacional de Migración (INM), las cuales han terminado siendo repatriadas a sus lugares de origen. ¿Ya lo notó? Traslade esto a cantidad monetaria y el gasto es  brutal. ¿Y los ahorros de la “4ª traición”?, perdón, la “4ª Transformación”, ¿dónde están?

¿Cuánto calcula usted en el desplazamiento, manutención, suministros, bastimentos, movilidad, comunicaciones y un largo etcétera de los elementos desplazados de la Guardia Nacional, el INM, la Secretaría de Salud, Comisión de Derechos Humanos, Inspectores, peritos de epidemiología…? Ojo entonces, la brutal inmigración ilegal es un problema para todos. Para una ciudad, para un municipio, para un Estado. Y claro, sin recursos porque AMLO practica una liga menor de la avaricia, el ahorro. Mientras tanto, mientras haya que perseguir ilegales por orden de Trump, de enero a noviembre de 2019, el leal Ejercito Mexicano (Sedena) ha soportado 191 ataques, con la muerte de 19 militares defendiendo al País. ¿Abrazos y no balazos? Triste charada de un Presidente que no da pie con bola. Mientras sí hay dinero para el muro de Donald Trump, a la Sedena se le escatiman recursos, logística y mano dura en contra del flagelo del narcotráfico.

LETRAS MINÚSCULAS

Un planeta migrante. Los migrantes desvían recursos, orden, disciplina, cultura, agua que no se quiere pagar. ¿Para qué crecer y ofrecer más empleos en Coahuila, si aquí es un hervidero de sureños sin mayor bagaje que la bocina a todo volumen el fin de semana y la caguama y machete en mano?