Hace algunos años, en la Universidad de Roma III, tuve la oportunidad de conversar con el profesor Luigi Ferrajoli para platicar algunos temas de filosofía del Derecho. Recuerdo que acababa de publicarse la edición italiana de su libro “La Lógica del Derecho”, donde plantea 10 aporías a discutir sobre la teoría pura del derecho de Hans Kelsen.

Esta plática académica se volvió en una tarde de consejos de vida profesional. El profesor Ferrajoli me invitó a comer una buena pasta en un restaurante al lado de la universidad y a seguir conversando. De manera más informal, el profesor me compartió algunos consejos de su vida. Entre otros, me dijo: “debes construir tus proyectos profesionales por décadas, por lo menos”. Si quieres hacer algo serio, me decía, debes conceptualizar tus ideas en breves ensayos, desarrollarlas y ponerlas a debate. Así, me comentó, hizo primero su obra “Derecho y Razón”, luego su gran obra “Principia Iuris” y en ese tiempo, comentaba, se sentía muy bien, física e intelectualmente, para concentrarse en problemas muy concretos que implicaban nuevos ensayos a reformular.

En el café le platiqué algunos proyectos personales. Le comenté mi idea de fundar en mi país un centro de investigación de derechos humanos. Me comentó una idea de su profesor, Norberto Bobbio, que le ha acompañado en su quehacer intelectual: el debate de los derechos, después de fundamentarlos, es construir conocimiento para garantizarlos. Ojalá ese centro, me comentó, pueda ofrecer conocimiento a tu comunidad para garantizar el respeto de la dignidad humana. Me deseó suerte.

Luego nos hemos visto en algunos seminarios en Italia. Una cena en Siena y caminar por la Piazza del Campo fue una buena charla también, pero toda esa tarde en Roma que platiqué con él fue una buena lección de vida profesional. Ferrajoli es uno de los juristas más influyentes. Su obra es una referencia para entender los derechos humanos. Pero ante todo es un profesor sencillo, amable y que, sin tener una gran confianza conmigo, me compartió varios secretos de su éxito profesional.

En lo personal, he comenzado a abrir mi tercera década profesional. Las primeras se concentraron en colaborar con mi comunidad para hacer buenas leyes, buenas políticas públicas, apoyar a las víctimas, pero sobre todo me concentré en fundar un espacio universitario para la dignidad humana. Así nació la Academia IDH y hoy tiene su camino propio para servir a nuestra comunidad. Es el instituto que en estos cinco años más libros ha publicado, más seminarios ha organizado, más apoyo a víctimas ha garantizado y hoy orienta su futuro a la excelencia académica: abrirán pronto su doctorado.

Mi nueva etapa profesional, por tanto, se concentra en mi función judicial. El 2020 me dio la oportunidad para entender la ruta que debo seguir: impartir justicia al más débil, a propósito de la ley de los derechos que nos enseña Ferrajoli. Pero se debe hacer con rigor jurídico, con apertura y diálogo con la sociedad civil, pero sobre todo con honestidad, objetividad e imparcialidad.

Los jueces nos conocemos por nuestras sentencias, por la justicia que impartimos. Los jueces no somos populares ni tampoco somos gerentes. La labor jurisdiccional reside en pronunciar fallos que resuelvan las controversias. En cada caso está en juego la libertad, el patrimonio, el honor o cualquier otro derecho que las personas esperan que se reconozca de manera justa.

La labor judicial es de excelencia profesional. Por mi ignorancia en algunos temas, me he matriculado en diversos cursos de especialización para seguir preparándome para juzgar con mejores herramientas, teóricas y prácticas. Al final, tenemos una gran responsabilidad en nuestras manos.

Durante esta nueva década, por lo tanto, me dedicaré a hacer sentencias. Lo trataré de hacer de la manera más profesional. En mis tiempos libros, trataré de terminar mis pendientes académicos: comenzar a hacer una obra seria, aunque sea muy pequeña. Presentaré en estos días una página donde estará sistematizada mi nueva etapa profesional.

CONSEJOS DE VIDA

En la vida profesional, los mejores favores te los hacen tus peores enemigos. Los peores daños, por el contrario, te lo hacen tus mejores amigos. Esta es una fórmula que en ocasiones sirve para explicar el éxito o el fracaso de los proyectos.

A mí me ha servido. Creo que el 2020-2030 tendrá caminos similares. Buen inicio de año. Buen inicio de la nueva década profesional.