Enmohecidos los muelles de la palabra y la gobernabilidad, la otrora y orgullosa “Perla de La Laguna” se ha degradado a una gris, triste y mustia “esferita lagunera”. Hermanos separados, ellos solos se aíslan y navegan sin rumbo. No hay faro, guía, ni Torreón a seguir. La estela del dolor, para desgracia de todos, es su sino: nuestro sino como Estado. Sino y condena. La mustia administración del panista Jorge Zermeño –abuelo de sí mismo– es testimonio de un presente ajado y amargo. Para gobernar se necesita vigor, ideas, mano férrea, planes, estudios, proyectos, sumar voluntades y realidades. Nada se le ha dado al panista. ¿Gobierna su ciudad, su microcosmos por cuarta o quinta vez? Es intrascendente. Debería de ser un viejo político experimentado y curtido. Los yerros recurrentes de su administración, lo evidencian como tibio y desenfocado.

Gracias por atender estas letras. Hartos lectores, para mi fortuna, me han pedido o preguntado, mejor dicho, de cuándo voy abordar la tragedia que tiene a Torreón, para desgracia, en el mapa mundial. Me preguntan de cuántos textos voy dedicar a semejante y doloroso tema. Sin duda lo voy hacer. De hecho ya tengo tres esquemados, sólo los voy a corregir de nuevo. Y claro, son muy diferentes en ideas a lo ya vertido por mucha gente al opinar al respecto. Tal vez por esto soy escritor, tengo ideas, son ideas diferentes al común de los mortales. ¿Son ideas erróneas o acertadas? No quiero convencer a nadie, insisto, y usted es el mejor juez al respecto. Y claro, me da gusto que usted recuerde lo aquí escrito y esbozado. Me da gusto que tome algunas de mis reflexiones y las haga suyas. Son suyas mis ideas. Varios y atentos lectores me recordaron y se recordaron a sí mismos, la saga de textos aquí publicada el año pasado donde inicié una exploración y asedio sobre eso llamado maldad, el mal en los seres humanos. Fue la saga de textos titulados “Violencia / inseguridad”.

Esta maldad enquistada en el corazón manipulable y sin inteligencia de niños y adolescentes"

Hartos lectores recordaron aquello de: si la semilla del mal es algo adquirido (el hombre y sus circunstancias, para decirlo con José Ortega y Gasset) o bien, es algo genético, tatuado a nuestro ADN y sólo hace falta una chispa para iniciar el fuego. Hay un reportero, vivaz y audaz que ha explorado sagazmente varios temas, uno de ellos es esta violencia asfixiante y sanguinaria. Es el joven Sergio Alvizo, quien con conocimientos de teología me hacía una reflexión y pregunta: ¿En esto tiene algo que ver Dios? Es aquello de siempre: ¿Por qué a los malos les va bien y a los justos y buenos se les cae el cielo en brutal tempestad? Claro que usted lo sabe, es el tema del Salmo 37 llamado precisamente “El camino de los malos”. Tengo una respuesta. Insisto, es mi respuesta: en esto, como en la gran mayoría de los casos de balanza moral, Dios no tiene nada que ver. Tampoco el diablo (de existir, claro). Tal vez, y sólo tal vez, habrá que dejar de creer en Dios y en el diablo… para no estar jamás decepcionados.

ESQUINA-BAJAN

Lectores atentos, como usted que hoy atiende estas letras, se han acordado mucho de la siguiente tesis esgrimida por su servidor en la saga de textos antes referida: ¿Somos violentos por naturaleza? ¿Nacemos violentos y la paz, tranquilidad y bondad se adquieren? ¿Los niños al no convivir con adultos, en un estado adánico y primigenio, digamos en una isla o escuela tutelada por ellos y si acaso un sólo adulto, una maestra digamos, como guía, serán ejemplo entonces de bondad, solidaridad y no aflorará en ellos sentimiento tan torvo como la maldad y la violencia que corroe a un adulto ya moldeado por las circunstancias y el entorno? ¿Los niños son malos o buenos desde su nacimiento?

Quien exploró de manera magistral lo anterior (la naturaleza brutal y sádica de los niños) y escribió una novela redonda al respecto fue William Golding en su obra cumbre “El Señor de los Moscas”. La trama es sencilla: un puñado de niños (recuerdo vagamente y, al parecer, miembros de un equipo deportivo) en viaje en un avión caen en una isla desierta. Los adultos del vuelo mueren en el accidente, por lo cual el mundo idílico, de equidad y sin maldad debería de haber aflorado en esta ínsula donde los niños, y nadie más, eran los dueños de sus actos y eventos. Aquello se convierte en un infierno de crueldad y asesinatos. Vea usted la manera en que matan estos niños. Creo, hay dos películas grabadas; la última versión, una de los años noventa del siglo pasado. Una verdadera exploración por los terrenos de la psique infantil y la maldad inherente al ser humano; no maldad adquirida con la edad y situaciones de vida.

Se lo voy a recordar, señor lector: no los psicólogos, no los terapeutitas, no los académicos e incluso no los reporteros, no; quienes de verdad pueden entrar en la psique de los humanos para revelar sus secretos y traumas tortuosos son los escritores y su ficción, sus palabras y la urdimbre íntima que anima sus letras. Justo cuando la tragedia se cebaba en Torreón (el niño José Ángel, imitando a Eric Harris y la famosa matanza de Columbine, Colorado de 1999, mataba de un tiro a su maestra, miss Mary, y lesionaba a cinco personas más), el maestro y fino escritor Armando Oviedo me compartía las primeras versiones de un libro suyo en preparación: “Billy y los Buleados”, donde explora precisamente esta maldad enquistada en el corazón manipulable y sin inteligencia de niños y adolescentes. Internet pudre. El jovencito imitó algo que vio, exploró y leyó por Internet: la matanza de Columbine (13 muertos). ¿Lo hizo por bullying, por ocio, por tener un corazón lastimado, fue pálida imitación, videojuegos violentos que moldearon su cerebro en formación…?

LETRAS MINÚSCULAS

Internet pudre. En Xochimilco, en el paseo de trajineras, mientras un joven se ahogaba (José Manuel, de 20 años), 11 amigos… lo grababan con su celular (2/09/2019). Pero nadie, nadie actuó para salvarlo. Esto es el mundo real.