¿Son los niños, digamos de edad preescolar, cinco años, a secundaria, ya adolescentes de 14 a 17 años, santos, puros, castos e inocentes? ¿Eso tan amorfo, inmaterial y vago llamado valores, se aprende, se cultiva a lo largo de la niñez y hasta la edad adulta y la muerte o bien, eso llamado valores es innato, viene con nosotros y en nuestro ADN? ¿Hay entonces un ADN bueno y otro malo? ¿A quién escoger, al Dr. Jekyll o a Mr. Hyde? No poca cosa, señor lector. En ciertos sujetos la posibilidad de que el mal se encarne en ellos es definitivamente algo sencillo: es la condición humana. La tristeza de la condición humana. Bien lo anterior en un adulto, no sabemos su historia, pero, ¿en un niño?

¿Los dos casos que han cimbrado al País –por horas, pues. Un gato rescatado de un árbol luego de una tempestad, por un equipo de bomberos, ya sustituyó el asombro de los adictos a las redes sociales–, las dos historias gemelas de los niños asesinos de Monterrey y luego la imitación / copia por parte del jovencito de Torreón, en verdad son hechos aislados? ¿Fue el hartazgo de los niños, su condición de melancolía, su aburrimiento, su abandono paternal y, vaya, sus circunstancias para deletrearlo con José Ortega y Gasset? Le tengo una respuesta a todo esto, señor lector. Es una respuesta aterradora. Es mi respuesta e ideas. No quiero convencer a nadie. Aquí voy.

Los niños –esa masa amorfa a la cual alguna vez se les definió como “el futuro de México”– y adolescentes mexicanos tienen el alma igual de podrida a cualquier alma adulta en desdicha. En este México dividido por Andrés Manuel López Obrador (conservadores y liberales, la mafia contra los buenos, buenos y malos, rateros y honestos, chairos contra fifís…), cada día un menor de edad comete un homicidio o feminicidio. Ahora en cristiano: datos del año 2013 al 2017 (Censo Nacional de Impartición de Justicia Estatal) dan cuenta de lo siguiente: menores de entre 12 y 17 años, cometieron un homicidio en promedio diario. En 2013 fueron 541, en 2014 fueron 558 asesinatos. En 2015, 556 homicidios. En 2016, 266. En 2017, 403 asesinatos. (Fuente anterior citada por la revista EMEEQUIS).

Esta y no otra es nuestra realidad. Realidad brutal sin duda. Entre los años analizados, 2013 a 2017, 2 mil 324 niños fueron procesados por haber cometido homicidio. Nueve de cada diez niños que han cometido asesinato, son varones. Citando la misma fuente arriba deletreada, Reinserta, la organización que trabaja con menores recluidos, en su “Estudio de factores de riesgo y victimización” dice y confirma que sólo un 9 por ciento de quienes son menores de edad y cometen un delito, son mujeres. Son niñas. ¿Sólo el hombre es violento por naturaleza y por destino las mujeres son débiles y sumisas?

ESQUINA-BAJAN

En estos días y con la vorágine de acontecimientos crucé palabras, como siempre, con el maestro y escritor Armando Oviedo, avecindado en la Ciudad de México. Lo hicimos y lo hacemos seguido mediante un artilugio tecnológico hoy en el olvido: le marco a su teléfono residencial por la noche… y parlamos. Algo ya extravagante, creo yo. Algo exótico para las generaciones atadas a Internet. Oviedo Romero me espetó: “La maldad, en todo el orbe y en todo lugar, maestro Cedillo. En todos los humanos, no sólo en la infancia. Es el malestar cultural de la sociedad, de la cultura… Lo sabía José Ortega y Gasset y claro, Sigmund Freud”. Luego el fino narrador agregaría: “¿Niñez es destino? Explora y mira a tu alrededor: niños sicarios, niños secuestradores, niños explotados de todas formas, niños y niñas sexualizados en programas inmorales de televisión: niños cantantes, niños que bailan y se visten y pintan como adultos; niños “artistas” que son explotados por sus padres… ¿No crees, maestro Cedillo, que es la desaparición precisamente de los niños y, joder, su infancia?”.

Puf. Le creo al maestro que es maestro de escritores en la Sogem. Radiografía de miedo y espanto. Le recuerdo que Armando Oviedo tiene en proceso de picar palabras el libro “Billy y los Buleados”. Sí, donde explora todos los reductos, todas las aristas de la maldad, crueldad y violencia infantil. Pero caray, todo está en la literatura sabiéndola leer y digerir. Sólo hay que leer al gran William Shakespeare. Lea usted: “… Cerrad en mí todo acceso, todo paso a la piedad, para que ningún escrúpulo compatible con la naturaleza turbe mi propósito feroz”. Y este propósito feroz ya está enquistado como un tumor maligno en la carne y alma de los niños, sujetos ellos a un bombardeo descarado de juegos violentos, sexualidad, música y redes sociales que todo lo pudren y lo devastan.

Atentos lectores, como usted que hoy me atiende, me dicen de haber conseguido ya el libro de William Golding (Premio Nobel de Literatura) el cual aquí hemos recomendado ampliamente, “El Señor de las Moscas”, donde en una isla (el paraíso con todo tipo de frutos y animales disponibles para su manutención), llega un grupo de niños de preescolar a secundaria (el argumento es la supervivencia y organización de dichos niños en el edén). El choque de personalidades de los niños terminará por hacerles aflorar su lado cruel y sanguinario. Nace el miedo, la venganza, el liderazgo disputado entre  ellos; la crueldad… el asesinato. Un lector me dice de dos cintas, una de 1960 y otra de 1990, la cual sí vi, se llama igual que el libro, “El Señor de las Moscas”, esta fue dirigida por Harry Hook. Para documentar su optimismo en los jóvenes, lea lo siguiente que eriza el esqueleto.

LETRAS MINÚSCULAS

En Cuernavaca, Morelos, un joven de 16 años asesinó y embolsó a sus padres, Alejandro “N” y Martha “N” para poder entrar a un cartel de narcotraficantes (25 de febrero de 2019). Este es el mundo real de los niños hoy en día.