Escribo estas letras sueltas a mitad de diciembre. A media res. Este texto lo voy a entregar para su edición en estas generosas páginas de VANGUARDIA o bien los últimos días de diciembre o bien, los primeros días de enero. Es intrascendente –para mí y como siempre– eso del año viejo y año nuevo. Varias veces lo he escrito aquí en letra redonda: el tiempo se mide por acontecimientos, episodios, no por fechas en el calendario. Es intrascendente si es 24 de enero, 8 de febrero o 49 de noviembre. Pero si es importante y se ha modificado la vida toda, desde la llegada del bacilo chino o la llegada al poder del dictador Andrés Manuel López Obrador en el año 2018. Si es importante y grave para el país y para usted y para mí, si AMLO y su partido personal, Morena, ganan las próximas elecciones para diputados federales. Sería grave porque ya no habría contrapeso alguno a la tentación inmoral de tanta y tanta concentración de poder y decisión en AMLO.

Escribo estas líneas cualquier día de diciembre. Con fin de año o año nuevo, da igual: todo mundo contabiliza este año como un “año perdido” Lo es. Ya no somos los mismos. La vida se ha jodido y se ha degradado a pasos de gigante. Lo peor, la pandemia del virus de laboratorio nos arrebató vidas humanas. Gente cercana en la gran mayoría de los vivos. Pero también, artistas, escritores, músicos, vecinos… gente coterránea alta y garbosa con la cual hemos crecido. No más. En lo personal, se fueron dos primas mías y un puño de amigos y maestros. Ya descansan.

Se habla de este año, el 2020, como un año perdido. Se habla también de los niños, de los adolescentes los cuales van creciendo y están en plenos años escolares y de formación, como la generación pérdida. Tal vez sí, tal vez sea una generación perdida. La educación ha entrado en un serio bache del cual no va a poder salir fácil. Los niños yendo al colegio, a la escuela seamos francos, no aprendían, ahora a distancia, menos. Todas las estadísticas y evaluaciones así lo marcan. ¿Tiene usted aún hijos en escuelas y universidades señor lector? Usted y nadie más tendrá en su mano el poder de tomar decisiones y la necesidad de enmendar aquello si lo ve a punto de quebrarse. La educación, los valores, la buena vida, la felicidad, la tranquilidad, la búsqueda y encuentro con Dios, usted lo sabe, es una decisión. Vamos de acuerdo, en algunos seres humanos es una epifanía, pero son contados. No, lo real, verdadero y a la mano y en nuestra mano, es tomar una decisión. Decisiones las cuales nos lleven a un mejor estadio de vida.

¿Año perdido? Usted y sólo usted tendrá su percepción y su respuesta al respecto. ¿Cree usted en Dios? Pues entréguese a él y de verdad tenga fe de roca, granítica, y confíe en el mejor estado de cosas con la intervención divina en este nuevo año. ¿Cree usted en la razón y en su ímpetu personal de vida y trabajo y el empujar fuerte día y noche? Entréguese gozoso entonces, a su RACIONALISMO AFILADO. 

ESQUINA-BAJAN

¿Le deseo buen año nuevo a usted, señor lector? Claro, sin duda alguna. Pero más deseo y le pido el involucramiento (“su” involucramiento y participación) en los procesos sociales, políticos y culturales de nuestra región. Hay buenos motivos para ello: así usted y yo seremos mejores ciudadanos. Y ser mejores es un imperativo categórico, aquello del sabio Emanuel Kant, claro. Hacer el bien por un solo motivo: es lo correcto. Se avecinan en el calendario elecciones en materia política. Siempre hay elecciones en nuestro Estado y en nuestro país. Lo mejor de ello: no se canse de votar, hágalo con gozo y salve a su político favorito o bien, condene al ostracismo a aquel partido o candidatos los cuales usted no quiere ver encumbrados.

Este año electoral, usted lo sabe, hay elecciones para Alcaldes de nuestras ciudades y pueblos y hay elecciones para diputados federales. Ambas, igual de importantes por lo anterior deletreado: corremos el riesgo de ser masacrados por AMLO si éstos (sus claques) ganan la Cámara de Diputados. Elija con su cerebro y no con su corazón, señor lector. Recuerde usted los siguientes versos de William Shakespeare en “Julio César”: “En los asuntos de los hombres hay una marea/ que en pleamar llevan a la fortuna,/ y si se la omite, el viaje entero de sus vidas/ queda sumido en la miseria…”

Y con velas desplegadas y con buena pleamar hemos navegado y sorteado todos los obstáculos impuestos por los del gobierno federal. Funcionarios públicos como Manolo Jiménez, Miguel Ángel Riquelme, Ricardo Aguirre, Emilio de Hoyos, Juan Antonio García Villa, Jaime Bueno, José María Morales, Luis Efrén Ríos, Federico Fernández, Edna Dávalos… muestran su tesón y fe de acero y roca y no se detienen, ni se van a detener. ¿Lo notó? El mazo de ases aquí pálidamente deletreado, son de diferentes agrupaciones políticas. No importa su color, sino sus resultados y cercanía con sus gobernados. Sí, esos llamados ciudadanos, como usted y yo.

El otro lado de la moneda es la bajamar. La inmovilidad, la chabacanería, el conformismo, la incapacidad manifiesta, el rezago perpetuo, los sueños siempre torcidos de esperanza y mejor vida. En esta baja marea perpetua navegan con sus naves gente como AMLO, Armando Guadiana, Silvia Garza Galván, Diego del Bosque, Martha Loera, Isidro López, Guillermo Anaya, Luis Fernando Salazar; el Instituto Coahuilense de Transparencia completo, Carlos Román Cepeda, de Eduardo Olmos aún tengo dudas…

LETRAS MINÚSCULAS

¿2020 fue un año perdido para usted señor lector? Olvídese entonces de él y ¡venga pues la mejor etapa de su vida! Así sea.