Cifras cerradas como la del nuevo año que viene evocan algún tipo de energía positiva; sí, está bien, pero también se requiere de trabajo para cosechar buenos frutos

Cifras cerradas como la del nuevo año que viene evocan algún tipo de energía positiva; sí, está bien, pero también se requiere de trabajo para cosechar buenos frutos

Forma parte de la naturaleza humana. Con todo y estar catalogado como Homo sapiens, “hombre sabio”, existe una proclividad a creer en la magia o, mejor, en lo mágico.

Y no se trata de calificar si esa característica es positiva o negativa; pero lo que sí es claro es que, practicante o no de algún culto religioso, siempre existe el anhelo profundo de apoyarse en seres superiores, sitios sagrados o circunstancias muy especiales.

Una situación de ese tipo es en la que se encuentran hoy la humanidad, que otorga a cifras terminadas en cero o en cinco cierto inexplicable poder o respaldo a quien lo pida.

Desde luego que esta larga introducción está encaminada a tocar el cambio de año y de década que trae consigo el año nuevo 2020, porque se despide al año viejo 2019.

Los buenos deseos y parabienes que se expresan en estas fechas los miembros de las familias, en los lugares de trabajo y a los amigos y vecinos más cercanos, en el ciclo que comienza, traen una carga extra de “buena vibra” (o bendiciones, gracia, fortuna, suerte).

Lo lamentable es que las enhorabuenas y expresiones de un deseo benigno dirigido a las personas o grupos que; en virtud del poder mágico del lenguaje o del número 2020; confían en que con esa ayuda sea posible lograr que los deseos se cumplan, dependen de otras circunstancias.

A México le urge ver resultados más tangibles a la lucha contra la corrupción que, en su primer año del sexenio, enderezó el presidente Andrés Manuel López Obrador, pero hasta ahora únicamente ha quedado en acciones de “apantallaje”: combate al huachioleo, suspensión del aeropuerto de Texcoco e inicio del de Santa Lucía, cierre de guarderías, firma del T-MEC, construcción del Tren Maya.

Una asignatura que requiere de todo el poder mágico que el 2020 pueda traer consigo es, desde luego, el combate a la inseguridad pública, en delitos del fuero común, que crecen, y en el combate al crimen organizado que a ratos parece volver a los niveles de violencia de hace una década.

En ese departamento, también en Coahuila hace aire, y toda la fortuna que traiga consigo el 2020 será, ni duda cabe, para restablecer la confianza que muchos ciudadanos, pueblos y ciudades mantienen para que las corporaciones de seguridad pública de la federación, estado y municipios, ya no permitan que “civiles armados” recorran sus calles.

El cuidado del medio ambiente, principalmente del agua potable, pero también del aire y las descargas al suelo, merece del 2020 una particular atención para alcanzar el crecimiento armónico y ordenado que requieren, principalmente las zonas conurbadas de Saltillo y de La Laguna.

Con todo, no debe dejarse que la buena marcha que pueda traer para la ciudadanía el año próximo, sea responsabilidad total del número 2020 –una cifra que, por cierto, también es referencia a una visión perfecta–.

Todos, desde las distintas responsabilidades que nos correspondan debemos trabajar por, independientemente de lo que nos señale el calendario debemos trabajar para producir abundancia, aprobación, dicha, favor, fortuna, gracia, prosperidad y, por qué no, suerte.