El tiempo se rige por acontecimientos, no por fechas en el calendario. Lo he platicado aquí en varias ocasiones. Pero, atados al mundo occidental al cual pertenecemos, arrastramos pensamientos, ideología, filosofía la cual nos ancla en eso llamado tiempo, el devenir del tiempo y calendario. Festejemos el año nuevo como si de verdad fuese “nuevo.” ¿Nuevo con respecto a qué? ¿Es nuevo el año, somos nuevos nosotros? ¿En qué sentido? Somos los mismos. Lo peor, no aprendemos de nuestros errores cometidos. Ya sea que estos fueron hechos ayer, hace una semana, un mes, hace un año. Hace cinco años. ¿Entonces por qué y para qué festejar un “año nuevo”?

En uno de sus celebrados poemas, el Nobel de Literatura, el norteamericano avecindado en Inglaterra, T.S. Eliot, escribió: “Heme aquí, un hombre viejo en un mes seco…” versos después abonaría, “Las señales se toman como maravillas”. Sin duda, en este caso, se cumplen en México sus letras: la señal de que llegaba Andrés Manuel López Obrador, supuestamente impoluto, sin mácula, sin colesterol y sin atadura alguna, fue tomado como una señal casi divina de que a su llegada, la llegada de un cacique, un hombre fuerte, la vuelta de nuevo al rancio y primitivo presidencialismo mexicano y por arte de contacto (ósmosis) con él como gran tlatoani todo iba a cambiar. Se quiso ver su llegada a la Presidencia de México como una señal divina. Tal vez. No la buena nueva del Evangelio, sino la llegada del Apocalipsis. 

No es una fecha, sino un acontecimiento, un acontecimiento de un sexenio. AMLO en el poder presidencial por seis años. Ya lleva uno y es cosa de no  creerse la miopía, sordera y ceguera de sus seguidores ante lo inminente: su gran fracaso en guiar los destinos de México. Estamos de rodillas ante los Estados Unidos de Donald Trump (y todo el mundo, vea lo de Irán, puf.) y de pie y gallones ante la disminuida Bolivia del ex dictador Evo Morales. En el fin de año las huestes de AMLO palidecían ante la eventual cancelación del Tratado de Libre Comercio con EEUU y Canadá. Tratado que él y su equipo iban sólo a ratificar y puntualizar el trabajo que se llevó a cabo en el sexenio de Enrique Peña Nieto. Cuando por fin se respiró con su firma, AMLO espetó que estaba “bien y de buenas” por la firma del T-MEC.

Hoy sabemos, su firma implicó no la firma de un tratado de igual a igual, fue sólo un mero “acuerdo laboral” entre los países poderosos (Canadá y EU) con un país débil (México). Y se vuele a cumplir mi tirada de naipes aquí esbozada en textos pasados: la democracia se da entre iguales, jamás entre diferentes. Se negocia en un mesa, se hacen vencidas (pulso, dicen los ibéricos) con los brazos fuertes y extendidos entre iguales, no entre diferentes. Con EU, dicen todos los analistas del tema (Carlos Castañeda Morales, Kenneth Smith), todo puede quedar en una “carta de buenas intenciones” en la cual ellos podrán tener injerencia directa y en territorio nacional. Así de simple y sencillo.

ESQUINA-BAJAN

Cambió el año, ¿cambiamos nosotros, cambió México? Esta será una larga saga de textos a los cuales encabezaremos como si fuese una fórmula matemática: “2020/1” y los consecutivos siguientes: “2020/2”, etcétera. Pienso que al menos y de entrada, serán diez textos. Nos dedicaremos a desplumar la cuestión regional, local y nacional. Sin faltar claro, el tejido internacional que a últimas fechas nos afecta y demasiado en el concierto universal de las naciones. En esta saga de columnas trataremos de revisar, aunque sea someramente lo que realizaron, las obras, los números y resultados de nuestras principales autoridades, entre las que destacan (de lo local a lo nacional) “El cowboy urbano” Manolo Jiménez, alcalde de Saltillo; Miguel Ángel Riquelme, gobernador de Coahuila; y claro, Andrés Manuel López Obrador, presidente de Morena, que no de todos los mexicanos.

Y junto con estas autoridades, tendremos que ver el accionar de diputados y senadores de todas las ideologías y partidos políticos (el triste papel de comparsas y claques como Armando Guadiana, Eva Galaz, Diego del Bosque…); el tibio y patético papel de la “oposición”, como Rubén Moreira, Fernando de las Fuentes, Silvia Garza. Tendremos que revisar acciones, planes y estructuras que a usted y a mí nos afectan grandemente. Y nos afectan no sólo en el plano global o nacional, sino en el plano físico inmediato, como lo es la inseguridad que no cesa (gran, gran fracaso de AMLO al apelar a los buenos sentimientos y no ejercer la Ley, así de sencillo. Su “abrazos y no balazos” han sido un fiasco. Un fiasco que han dejado a México como un cementerio, peor que en las épocas de Felipe Calderón. Las cifras que en estos días se van a dar a conocer así lo subrayan).

En fin, van a ser al menos diez textos de entrada de esta saga donde abordaremos todo ello. Ver y reconocer a este país desde su lado oscuro y también luminoso. Todo, con miras a tomar mejores decisiones en su vida, en nuestra vida estimado lector. Tomar buenas y mejores decisiones con miras a elegir mejor a nuestras autoridades y conducirnos mejor en nuestra existencia cotidiana, que al final de cuentas es lo que de verdad vale: ser ciudadanos serios, responsables, orgullosos de ser nosotros mismos y disfrutar aquello que es fruto de la inteligencia humana: la comida, la gastronomía, la literatura, la música, el arte, las manifestaciones de la bien lograda civilización. Y si disfrutamos de todo esto, pues entonces tenemos una opinión propia, fuerte, recia y sustentada en ideas y reflexión. Y esta reflexión, crítica y opinión debemos de ponerla en juego y práctica para hacer de este mundo y de nuestro entorno, un mejor lugar para vivir.

LETRAS MINÚSCULAS

“El tigre salta al año nuevo. Nos devora”. Dice T.S. Eliot. Enfrentemos pues al tigre y que no, nos devore… vamos iniciando.