El libro es una planadora de pensamiento. Abre la mente a lejanías y nos provoca lo esencial: pensar. Aunque no es uno de mis autores de cabecera, este libro en particular lo atesoro y vuelvo a él periódicamente. Como hoy, como ahora. Es de la autoría de Salman Rushdie (aquel autor de origen hindú y nacionalizado británico y, claro, ciudadano del mundo, al cual le dictaron los países musulmanes una fatwa o de condena de muerte por haber escrito un libro, una novela que en teoría los insultaba a ellos y al Corán, los famosos “Versos Satánicos”. Novela la cual hoy se sigue disfrutando como en la época de los años noventa del siglo pasado. Rushdie entonces vivió a salto de mata y de país en país. Vigilado y resguardado por el servicio secreto británico. Incluso vino a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara en sus años de inicio, donde le vi y escuché su conferencia magistral) y el libro es “Pásate de la Raya” para editorial Plaza & Janés. Un tabique, una aplanadora de ideas e inteligencia de más de 500 páginas.

Los textos de Salman Rushdie aquí agrupados son una compilación de 1992 a 2002. Sus temas son ubicuos, nada de lo humano le es ajeno. Deja en letra redonda su admiración por la música de U2, habla de su pasión por “El Mago de Oz”, habla de autores y libros lo mismo para alabar a algunos como para diseccionar a otros, habla de política y geopolítica, de sus años en los cuales se convirtió en humo para evadir las amenazas de muerte mundiales en su contra. En fin, un autor al cual sólo le falta el Premio Nobel. Pero por su valía y calidad son intrascendentes si se le conceden. Él ya es un referente mundial, y a su fina y filosa prosa le rinden tributo en cualquier parte. Y de hecho, galán, es uno de los hombres mejor vestidos del orbe. Sus apariciones en público y galas o dictando conferencias son seguidas con embeleso, y su paso por la alfombra junto a su musa de cabecera (un figurín de aparador) son motivo de reseña cosmopolita, lo mismo en las páginas de cultura, de política o de espectáculos y glamour. Así las cosas con este esteta llamado Salman Rushdie.

Un grueso de los textos aquí publicados hablan de esa condición rara, extraña y amorfa llamada el ser de la “frontera”. Ni de aquí ni de allá. Cuando un mexicano se va de bracero (término en desuso, pero el cual nos define perfectamente al día de hoy) y se anda ahogando en un río o piscina al tratar de mantenerse a flote y ser salvado, ¿cuál palabra espetar? ¿Auxilio o help? Rushdie alerta: hay que pasarse de la raya. El brincar la frontera (fronteras mentales, espirituales: muros, murallas, la frontera del mismo hogar, la frontera del país, la frontera de la iglesia…). Pero el pasar de la raya, brincar una frontera, no obstante que estamos en un mundo globalizado, es lo más penado hoy en día. Y la noticia es una bomba hoy. Luego de 47 años en la Unión Europea, el Reino Unido (Inglaterra a la cabeza) marca su frontera de nuevo, se sale de dicho acuerdo global y pinta su raya.

ESQUINA-BAJAN

Paradoja: en un mundo hiperconectado, en un mundo globalizado el cual lo tenemos a la mano y a un click de distancia por internet, en un mundo donde se puede pedir cuasi cualquier mercadería, pagar por ella y esperar una semana a lo máximo para que llegue al hogar, en este mundo interconectado hay libre tránsito a cualquier producto... pero hay más controles en todas las fronteras para los humanos, los seres humanos. Los países y fronteras están abiertos a los autos, pero no a los seres humanos. La borrasca sobre México tiene nombre: migración (de ilegales y legales, da lo mismo). De hecho se habla de una verdadera “tragedia” lo que pasa en la frontera sur de nuestro País. Andrés Manuel López Obrador se encoge a los deseos del hombre más poderos del planeta, Donald Trump.

Pero el fenómeno no es nuevo. Siempre, siempre ha habido migración. Antes, apenas hace lustros, era por un común denominador: el trabajo. La búsqueda del billete verde y mejorar la calidad de vida. Pero hoy se migra por diversas razones: la miseria, la violencia extrema, los asesinatos, la presencia del narcotráfico y su leva obligada. El fenómeno es rudo y complejo, y poco a poco tiene un impacto tremendo en las finanzas nacionales. Pero México no sólo debe de atender a los connacionales que se atreven a internarse en EU sin papeles, debe de atenderlos también cuando son deportados. Y amén de lo anterior, debe abogar ahora por miles de centroamericanos y ciudadanos de todo el mundo los cuales se quedan varados en la frontera para intentar entrar a EU. Así se tarden la vida. En 2005 las detenciones de centroamericanos ilegales por parte de autoridades mexicanas fueron de 460 mil personas. Luego se estuvo por el rango de las 185 mil detenciones de centroamericanos ilegales hasta el 2018. Ahora la cifra es brutal.

En estos días volvió a salir una nueva caravana (una más) de ilegales centroamericanos de San Pedro Sula rumbo a México y, claro, rumbo a EU (en los últimos 25 días fueron retornados 5 mil 615 hondureños a su país por parte de México). Hartos, los hermanos de Chiapas que los padecen, muestran su voz en las palabras de la diputada Leticia Aguilar: “Si ustedes vienen en santa paz y con documentos, serán bienvenidos, si no, la Guardia Nacional tiene la obligación de proteger los intereses de México y en especial de los chiapanecos”. Este reclamo ya es legión en alcaldes, diputados y gobernadores de varias regiones del País. Frederick J. Turner, citado por Ruhsdie, habla de que la frontera es el “punto de encuentro entre el salvajismo y la civilización” (tesis dictada en 1893). Es decir, aquel viejo y bello texto del poeta Constantino Cavafis, “Esperando a los Bárbaros”.

LETRAS MINÚSCULAS

Y sí, los bárbaros somos nosotros, según Donald Trump…