72 horas es el tiempo máximo que tiene un animalito para sobrevivir una vez que entra a una perrera o un antirrábico. Si ocurre un milagro en el que una persona vaya a adoptarlo y lo elija de entre los otros cientos de animalitos que hay ahí en el mismo momento, entonces vivirá. 

Cuando escuchamos la palabra “perrera” nos imaginamos ese lugar húmedo y oscuro de las películas de Disney como “Lilo & Stitch” o “La Dama y el Vagabundo”, que son vigilados por una dupla de policías torpes y en donde hay unos cuantos perritos lindos que al final logran escaparse o ser adoptados. En la vida real las perreras y los antirrábicos también son lugares sucios y poco agradables, los animales están confinados en jaulas sucias donde apenas caben, y hay más animales de los que podemos imaginar. Una vez que entra uno, difícilmente saldrá de ahí. La mayoría de estos lugares son financiados por el gobierno, y aunque se han estado implementando campañas de esterilización y adopción en los últimos años, el presupuesto no da para abastecer las necesidades de los millones de animales callejeros de nuestro país, y tampoco hay suficientes personas que quieran adoptar, mientras que la gente sigue cruzando a sus mascotas y fomentando el negocio de la cría y venta. 

No todas las ciudades de México cuentan con un centro antirrábico o perrera, en nuestra ciudad por ejemplo existe Control Canino (donde se estima que a la semana se sacrifican hasta 300 animales), sin contar los que se sacrifican en la perrera municipal. En la Ciudad de México la cifra asciende hasta los 3 mil sacrificios por semana. La cantidad de animales que ingresa es tan alta, que ni siquiera pueden esperar a que los adopten, generalmente los animalitos son sacrificados después de las 72 horas de su ingreso. De acuerdo con la dependencia en los Centros de Control Canino en la Ciudad de México, 55 por ciento de los animales fue llevado por sus propietarios. Sólo 1 de cada 10 animales callejeros que llega a los centros antirrábicos es reclamado. Dentro de las principales causas de esta gran población se encuentran la venta indiscriminada y la falta de responsabilidad de los tutores. El abandono de perros, animales de compañía, es un problema de salud pública y riesgo sanitario.

Muchos centros de este tipo reciben tantos animales callejeros, que es imposible invertir en la tan sonada “inyección letal” con la que soñamos que ponen a dormir a los perritos con cuidado y delicadeza. Algunas perreras utilizan métodos crueles que muchas personas no soportarían escuchar. Mojan a los animalitos y luego insertan en su parte trasera las pinzas de baterías de auto viejas para darles descargas eléctricas, con las que agonizan por minutos hasta morir. En otros lados simplemente los matan a golpes, con martillos, tubos o cualquier herramienta, (sí, hay gente que puede hacer esto con naturalidad y como su día a día). Después sus cuerpos son apilados y desechados como basura. La parte más triste es que muchas veces llegan ahí animalitos que alguna vez tuvieron hogar pero se perdieron por no traer un collar con placa, o fueron abandonados, incluso hay gente que va a botarlos a estos lugares voluntariamente y sabiendo lo que pasará con ellos. Si quieres saber más sobre lo que pasa dentro de los antirrábicos, puedes visitar la siguiente liga; http://elmuro.mx/index.php/propuestas/no-a-los-antirrabicos. 

Macarena fue rescatada hace más de un año con sus 4 cachorros, y solo uno ha sido adoptado, de haber terminado en la perrera, hoy no te estaríamos diciendo que ella junto con los  perritos de Brigada Rescate cuentan contigo para encontrar un hogar y no terminar muriendo en la perrera. 

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