La noche del 12 de enero de 2020 fue un parteaguas en la vida de Edwin Ricardo Sandoval Gallegos

Sobrevivir a un accidente automovilístico puede traer secuelas físicas y emocionales. Para Ricardo, significa una nueva oportunidad de vivir. No se arrepiente de haberse subido al auto esa noche en la que quedó prensado, considera que es una lección por la que merecía pasar.

Esta historia está conformada por cuatro amigos que mezclaron el alcohol y el volante, el gesto humanitario de una paramédico... y dos vidas perdidas.

La noche del 12 de enero de 2020 fue un parteaguas en la vida de Edwin Ricardo Sandoval Gallegos. Sufrió un accidente en el que murieron 2 de sus amigos. Como se lee en la nota periodística de aquel día, el coche quedó “abrazado” del poste: en las fotografías se observa el auto partido por la mitad.

Todo inició cuando 5 jóvenes de entre 20 y 25 años visitaron a un conocido en la colonia Topo Chico. La siguiente parada fue un bar en el bulevar Venustiano Carranza. Cerca de las 21:30 horas, uno de los amigos descendió del vehículo en Valle de las Flores. Entonces quedaron 4 en el Volkswagen Jetta con placas FMB 8775.

Es lo que Ricardo recuerda hasta antes de quedarse dormido en la parte trasera del coche. Después vino el impacto.

Sobreviviente. Ricardo dice no arrepentirse de nada; el accidente donde estuvo a punto de perder la vida lo toma como una lección. LUIS SALCEDO

A las 21:55 horas, la torre de Cruz Roja delegación Saltillo recibió una alerta del 9-1-1. Un automóvil rojo se estrelló en el cruce de Paseo de la Reforma y Urdiñola.

Tres jóvenes quedaron lesionados en el interior del vehículo. Noé Flores logró salir por sí solo. “Volteo para todos lados y veo a mis amigos. Uno ya había fallecido y el otro estaba con el dolor”, narró Ricardo.

Él intentó salir del coche, pero le impidió su pierna prensada entre los fierros retorcidos. Luego se tocó el rostro, de su mejilla izquierda le escurría sangre. Entre gritos, comenzó a pedir ayuda: “sentía mucho dolor, nada más quería que me sacaran de ahí”.

Tras el arribo de personal de la Cruz Roja, la paramédico Alejandra Villarreal se acercó a Ricardo y le pidió tenderle el brazo para inyectarle suero. “Me dijo: dame la mano. Te vamos a sacar, te vamos a sacar”, platicó el joven.

Desde entonces no se soltaron la mano. Según explicó personal de Cruz Roja, este acto es parte del protocolo mientras se realizan las labores de rescate. En el caso de Ricardo, pasaron cerca de 20 minutos.

“La verdad sí me sirvió porque me tranquilizó un rato en lo que me sacaban. Estaba haciendo su trabajo y aparte de eso me apoyó también”, dijo Ricardo, quien estuvo consciente en todo momento, aunque haya detalles que no recuerda.

Él intentó salir del coche, pero le impidió su pierna prensada entre los fierros retorcidos. LUIS SALCEDO
La verdad no me arrepiento de nada. Fue para tener una lección; no combinar muchas cosas, el alcohol y el volante”.
Ricardo Sandoval.

Finalmente, lograron extraerlo por la parte trasera, entre el cristal hecho pedazos. Luego lo trasladaron a la clínica Dos del IMSS. Cuando llegó ahí y vio a su familia empezó a llorar. Aunque Ricardo preguntó, no le decían el estado de la persona que iba manejando.

Darío Valdés Saldívar, el conductor quien iba en estado de ebriedad, murió esa misma noche en las instalaciones del Hospital Universitario. A Ricardo se lo informaron tres días después. El otro joven fallecido fue Luis Alejandro Vázquez Moreno, quien pereció en el lugar del accidente.

SECUELAS

En cuanto a Ricardo, estuvo hospitalizado una semana. Su costado izquierdo fue el más afectado. Se quebró el tobillo y perdió el dedo meñique del pie. En el rostro, una cortada desde su labio hasta la oreja, además de una severa inflamación a causa del golpe.

Ricardo jugó futbol americano desde la infancia. Ahora, no sabe si podrá volver a los emparrillados. Por lo pronto, tiene que pasar por dos meses de recuperación.

Las secuelas físicas y emocionales están ahí. Ricardo contó: “la verdad no me arrepiento de nada. Fue para tener una lección; no combinar muchas cosas, el alcohol y el volante. Estoy agradecido por estar vivo, por una oportunidad más”.

Como se lee en la nota periodística de aquel día, el coche quedó “abrazado” del poste: en las fotografías se observa el auto partido por la mitad. .ARCHIVO

También espera que su testimonio sirva para otros, recomendó no conducir alcoholizado.

Así mismo, agradeció a la paramédico y al personal de Cruz Roja por haber estado con él y darle ánimos. Ahora Ricardo quiere sacarle provecho a cada instante de su vida. Regresar a estudiar y trabajar. Entre sus proyectos, se encuentra una Volkswagen Caribe color azul, misma que planeaba arreglar en compañía de sus dos amigos, ahora fallecidos.

“A nosotros nos gustaban mucho los carros, me dijeron que la arregláramos. Va a ser a nombre de ellos”, compartió Ricardo.