Este mes ustedes celebran el día del Niño y nosotros se lo dedicamos a todos los CACHORROS. 

Nada mejor que un niño y un perro conviviendo juntos. Sin embargo los problemas que más preocupan a los adultos, son: el posible contagio de enfermedades, la higiene, una mordida, etc. Pero esto se puede solucionar fácilmente con las debidas vacunas, una buena limpieza en el hogar y los cuidados suficientes que el veterinario les aconseje. 

Silvia Carmona, maestra de profesión, es mamá de Mariana y Ximena y además es mamá perruna de Kiara y Roxi, ella asegura que estas dos perritas les han enseñado a sus hijas el respeto por los seres vivos, a compartir, la responsabilidad de cuidar a otro ser, y ademas les han proporcionado cariño, diversión, juego, compañía y buenos ratos. 

“En mi casa siempre hay un ambiente de alegría, mis hijas, y mis perritas, Kiara y Roxi se la pasan jugando, corriendo, o descansando.  No me imaginaría este hogar sin ellas” dice la profesora de preparatoria. 

Existen dos posibilidades: una, que tengamos una mascota y después vengan los niños; o dos, que tengamos niños y decidamos adoptar un perro. 

Si ya tenemos un perro cuando viene el primer niño, es importante adelantar acontecimientos antes del nacimiento. Hay muchas cosas que podemos hacer para facilitar la convivencia entre nuestra mascota y el bebé. Obviamente nuestra familia cambiará, dispondremos de menos tiempo y el perro verá modificadas gran parte de sus costumbres. Por eso, es importante hablar con un veterinario que nos aconseje acerca de la manera de actuar.

Si por el contrario, ya tenemos niños y decidimos, muy acertadamente, adoptar una mascota, hay que tener algunas cosas en cuenta. 

Lo principal es asegurarnos de que queremos una mascota, que en el momento de recibirla por el albergue al que acudimos nos la entreguen (SANA, ESTERILIZADA, VACUNADA Y DESPARACITADA). Se trata de un ser vivo, no es un juguete. 

Si optamos por adoptar un cachorro, el carácter aún está por desarrollar y podremos influir más en él durante el crecimiento. Pero por otro lado, los cachorros al principio hacen “travesuras” (pis y popó) en la casa, algunos rompen cosas, y al igual que los niños requerirán tenerles paciencia, más tiempo y esfuerzo para educarlos. 

Por último, debemos pensar en que los niños dependiendo de la edad que tengan, interaccionarán con el perro de diferente manera, y siempre debemos supervisar esta relación.

Los bebés se limitarán a observar al perro y a partir de cierta edad a agarrarlo e incluso a tirarle del pelo si está a su alcance, más adelante querrán cogerle del rabo o de las orejas o incluso apapacharlo o levantarlo. Es normal que el niño haga estas cosas, y no tiene maldad, pero desde el principio debemos explicarle que al perrito no le gusta que le estiren del pelo o de las orejas; que si está dormido, no deben molestarle; que si se esconde a lo mejor está cansado y no quiere que lo molesten más.

A partir de los 4 o 5 años, podemos ir explicando a los niños más cosas sobre el perro y podremos solicitar su ayuda a la hora cuidar de la mascota. El perro tiene necesidades y es nuestra responsabilidad cuidarlo. 

El niño sabrá que siempre tendrá un AMIGO FIEL.