Impone temas desde las conferencias de prensa que ofrece por la mañana y salta de uno a otro, fomentando de este modo que se inunde México de especulaciones, por sólo soltarlos, por no presentar diagnósticos profundos, por lanzarlos al aire cargados de disposiciones en el vago e impreciso lenguaje acostumbrado.

El presidente de México, Andrés López Obrador, un día dispone la construcción del Tren Maya, al otro está con el tema del robo de combustible para brincar de inmediato al retiro del subsidio para operación de las estancias infantiles. Todos, asuntos de la mayor importancia.

La base con la que opera su discurso es casi siempre la misma utilizada en campaña, y es el supuesto de que hay que acabar con la corrupción, que la corrupción es la causa de todos los males. No se discute el argumento, sin embargo, su visión es que en todos los ámbitos se respira la corrupción, lo cual es falso.

Se niega, no obstante, a liquidarla cuando es de su conveniencia el tema, como el de Venezuela y, acogiéndose a una doctrina que no funciona en las condiciones actuales del mundo, nos coloca en una neutralidad cómplice del régimen de Nicolás Maduro.

Mientras por un lado su gobierno acierta en la promoción de la lectura en un plan que ha denominado la Estrategia Nacional de Lectura, aunque podamos no estar de acuerdo en la designación de Paco Ignacio Taibo II, por el otro, toca fibras sensibles de la sociedad en un tema que todo parece indicar que no sabe de qué se trata: el caso de las estancias infantiles.

Ya lo señaló el periodista Sergio Sarmiento —quien sí está de acuerdo en el retiro del subsidio—: López Obrador dijo el 5 de febrero que “había que revisarlas debido ‘a que por un programa parecido sucedió lo de ABC’”. Esta, dice bien Sarmiento, era del IMSS, y lo ocurrido ahí fue a causa de un incendio iniciado en una bodega irregular de la Secretaría de Finanzas de Sonora. También López Obrador, apunta Sarmiento, involucró a Josefina Vázquez Mota al hablar de una fundación que atendía migrantes, asunto sin ninguna relación con las estancias infantiles.

Quienes defienden el retiro del subsidio se acogieron muy bien a la idea del secretario de Hacienda, Carlos Urzúa, quien sin conocer la sociedad en la que habita, lanzó una imagen ideal para el uso del dinero público con que se beneficiarán las familias que tengan niños de guardería: que las abuelas se hagan cargo. “Cuidarán mucho mejor las abuelas a los niños y niñas”.

El México ideal, el México imposible, el México de hace décadas cuando las mujeres no participaban en el campo laboral y les era casi obligatorio quedarse en casa. Hoy, mujeres abuelas salen día a día a trabajar. Hoy, abuelas mayores, gracias al aumento de las expectativas de vida, se encuentran en sus hogares, aquejadas de enfermedades propias de su edad y requeridas ellas mismas de cuidados. Hoy, otras abuelas, sin problemas de salud, tienen derecho a descansar luego de haber criado a sus propios hijos.

¿Qué México imaginan López Obrador y su equipo? No hay diagnósticos, no hay radiografías de los problemas a los que nos enfrentamos día a día los mexicanos, y los discursos tienen como propósito lanzar ideas sin llegar al fondo, estableciendo líneas de acción divorciadas de la realidad.

López Obrador argumenta irregularidades en el manejo de recursos. ¿Qué tan preocupado está en presentar soluciones a la corrupción de la cual ha hecho su bandera de actuación, que no puntualiza primero el panorama exacto de esas irregularidades?

Su solución de repartir el dinero directamente a los padres de familia ofrece en el horizonte la gran posibilidad de la corrupción. ¿No tiene registro de las familias que cuando se les entregaron pantallas en el cambio de lo analógico a lo digital para ser sustituidas por las viejas televisiones, en lugar de hacer eso las vendieron?

¿Quién le asegura que el dinero realmente se utilizará en el cuidado de los niños y no en la compra de cervezas consumibles durante el partido de futbol de los domingos?