No acuden a vacunación porque ni saben ni tienen recursos. Fotos: HÉCTOR GARCÍA
Hay quienes no se van a vacunar por falta de atención; a estos adultos mayores sus hijos los olvidaron

Acompañada de nadie. Comiendo de una alacena que sólo guarda café y tortillas, doña Francisca Hernández no sabe nada ni aspira a recibir la vacuna contra el coronavirus.

La casa con techos de lámina y paredes de madera en la que vive desde que sus hijos se olvidaron de ella, es el único refugio que lo protege de ser contagiada junto a su esposo de 70 años.

Aunque ha escuchado en voz de sus vecinos el arranque de la jornada de vacunación, ella no fue registrada en la plataforma de Internet “ni sabe cómo moverle” y aunque cuenta con su credencial de elector prefiere no acudir sola.

Y es que su esposo, que padece de embolia, no cuenta con documentos oficiales y ni siquiera recuerda la fecha exacta de su nacimiento.

Lo que queda evidenciado es que ambos son adultos mayores por las canas en su cabeza y la piel áspera de sus manos, así como la mucha experiencia que tienen en la construcción y el negocio de las tortillas.

Se estima que al menos 40 abuelitos de la colonia de calles llenas de piedras llamada La Gloria han sido abandonados a su suerte.

“A veces hasta nos acarrean para votar, que no falte nadie, nos dicen, pero ahora ni una combi pa’ movernos a la dichosa vacuna”, expresó la sexagenaria.

Lamentó que ella y su esposo José Martínez no puedan salir de ese “infierno de hambre y olvido” ni acudir a la vacuna, que si no mejora su calidad de vida, “los protege de una muerte tortuosa”.

Aunque uno de sus vecinos les dijo “que se treparan la camioneta” para ir juntos, se negaron al igual que otros abuelos, ante el temor de ser rechazados por no contar con el folio de inscripción.