El 30% de los ingresos de la banca mexicana provienen actualmente del cobro de comisiones, lo que evidencia que se han dedicado a crear mecanismos para ganar ‘dinero fácil’

Una de las tareas más difíciles que cualquier persona puede imponerse, al menos en México, es localizar un verdadero “cliente satisfecho” de la banca mexicana. Sin importar el tamaño o nombre del banco por el cual se pregunte, lo más probable es que, lejos de escuchar comentarios de satisfacción, lo que nos encontremos sea un auténtico alud de quejas.

Y uno de los principales motivos de insatisfacción con los servicios que la banca mexicana provee, sin duda lo constituyen los abusos que regularmente cometen contra sus clientes:
Cargos indebidos, cobro de seguros que jamás contratamos, cargos por servicios no solicitados, utilización indebida de nuestros datos personales y el cobro de elevadas “comisiones” por cualquier motivo, constituyen parte del amplio catálogo de excesos de la banca comercial de los cuales los ciudadanos nos encontramos absolutamente indefensos.

La peor parte de esta historia la constituye el hecho de que prácticamente toda la banca que opera en el País en realidad no es mexicana, sino que pertenece a una transnacional cuyo asiento se encuentra en otro país. Y en ese país –o en otros donde opera– tales abusos constituyen una violación a la ley y los consumidores cuentan con eficaces mecanismos de defensa. 

Por ello, no puede sino saludarse la iniciativa que ha tenido el Grupo Parlamentario de Morena, en la Cámara de Senadores, al presentar ayer una propuesta para reformar la Ley para la Transparencia y Ordenamiento de los Servicios Financieros, así como la Ley de Instituciones de Crédito, a fin de atajar los abusos de la banca comercial.

Las cifras hablan por sí solas: el 30 por ciento de los ingresos de la banca mexicana provienen actualmente del cobro de comisiones, lo cual evidencia cómo las instituciones de crédito se han dedicado, en los últimos años, a diseñar mecanismos que les permitan ganar “dinero fácil”, en lugar de cumplir con la tarea que tienen encomendada como impulsores del ahorro y del mercado de consumo a través del crédito.

Lo que estas cifras también revelan es que los bancos, propensos a “correr riesgos” –mediante, por ejemplo, la entrega indiscriminada de tarjetas de crédito– en realidad lo que hacen es trasladarle el costo de tal riesgo a sus clientes, en la forma de comisiones cuyo monto sin duda puede calificarse, de acuerdo con parámetros internacionales, de abusivo.

Como era de esperarse, la Asociación Mexicana de Bancos ha reaccionado frente al anuncio señalando que “estudiará” la propuesta y que, en todo caso, planteará un proceso de “diálogo” con actores relevantes, lo cual anticipa la intención de intensificar el lobbying en el Poder Legislativo Federal con el propósito de “suavizar” la iniciativa.

Quienes integran el Poder Legislativo no deben, desde luego, cerrarse a la posibilidad de un diálogo constructivo. Pero de entrada es necesario dejar claro que la iniciativa no solamente es justa, sino que se había tardado mucho en hacer su aparición en escena.

La banca mexicana ha obtenido en los últimos años enormes ganancias a costa de nuestros bolsillos. Es tiempo de ponerle fin a sus abusos.