Varias consideraciones ha de tomar en cuenta quien trata de convencer a una persona sobre el argumento del cual se está seguro por alguna razón, al contar con elementos que lo respalden, ya sean de orden emocional, material, científico o simplemente práctico.

Debe entender, primero, esos elementos que potencian el argumento y, por supuesto, a la persona a la que pretenden ir dirigidos.

Pienso en ello al reflexionar en la manera en que las muy diferentes autoridades decidieron mandar mensajes de convencimiento a sus respectivas poblaciones, a propósito de la avalancha que significó en sus primeros momentos y sigue significando la enfermedad del coronavirus.

Andrew Cuomo, gobernador de Nueva York, estado convertido en el epicentro de la pandemia en Estados Unidos, ha destacado por sus declaraciones y acciones y una de ellas –de hace unos días, cuando se hizo la prueba de la enfermedad transmitida en vivo– mostró de nueva cuenta cómo decidió hablarle de frente y sin ambages a la gente: “Tienes que ser astuto, unido, disciplinado. Tienes que amarte a ti mismo, a tu familia, a los neoyorquinos”. Hay un mensaje aquí que se centra en la primera persona: uno mismo. Continúa en la familia y cierra con el compromiso social, los neoyorkinos, un asunto de pertenencia.

En nuestro País, la aparición a nivel nacional del subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell, erigiéndose en un líder para comunicar la información sobre la enfermedad y estimular a los ciudadanos, fue como agua fresca en medio del desierto cuando el Presidente aún no creía que la situación era potencialmente peligrosa para México.

El subsecretario, por su elocuencia, por la convincente manera de dar a conocer la información, su trato amable, de inmediato acaparó la atención de la audiencia, tanto que incluso esta fue mucho más allá, al verlo incluso como un rockstar del momento, y ahora ha sido postulado para integrarse como parte del grupo de expertos de la Organización Mundial de la Salud a cuyo cargo estará el diseño de un Reglamento Sanitario Internacional.

Su mensaje más potente fue en marzo, cuando a muchos convenció de la necesidad de permanecer en casa. Lo ha insistido desde entonces, pero fue en la segunda mitad de ese mes cuando fue más atendido, por la fuerza de la expresión que empleó.

Vendrían las confrontaciones de TV Azteca, que de inmediato fue zanjada, pero luego la de personajes públicos honorables, como José Narro Robles, a las que hubo de hacer más precisiones que ya la audiencia estaba esperando con respecto al número de contagios y la curva que no veían “se aplanara”.

A estos esfuerzos de comunicar día tras día en las conferencias de prensa, se añadieron las páginas de información en Internet y las aplicaciones. También, los mensajes a través de una figura animada llamada “Susana Distancia” en los medios de comunicación, en radio y televisión, pero en donde se observa que se percibe a la audiencia como un público infantil.

Decíamos que al tratar de convencer a una persona, debe primero intentarse conocerla: sus motivaciones, sus gustos, sus preferencias, sus preocupaciones, su edad, su grado de madurez, la generación a la que pertenecen.

Pero en mensajes del Gobierno Federal se ha tratado a las personas como un público infantil al mandarles frases como “es así como venceremos al malvado coronavirus”. Causan, lamentablemente, más gracia que otra cosa. Y la otra cosa es importante, pues se trata de provocar el mayor interés y la mayor seriedad en el asunto.

Hugo López-Gatell sí tiene mucho más claro a qué audiencia se enfrenta y sabe cómo salir al paso en cada información que ofrece y que pueda ser rebatida. El tiempo juzgará.

La comunicación oficial federal, la propaganda, se olvida, con el tipo de frases y conceptos pueriles, quiénes son los millones de mexicanos que deben enfrentar volver de nuevo a las calles y no tomar como una broma infantil ese monstruo invisible que ha cobrado la vida de miles de personas en nuestro País y el resto del mundo.

EN PALACIO NACIONAL

Un acto responsable por parte del gobernador de Coahuila, Miguel Riquelme Solís, al emplear cubrebocas en la ceremonia luctuosa de don Venustiano Carranza en Palacio Nacional, el pasado 21 de mayo. Se distinguió en un momento en que se ha demostrado que su uso es importante. Mensaje de seriedad y de congruencia.