La posición pública de la llamada cuarta transformación de México frente a la corrupción y los privilegios del pasado ha quedado clara y firmemente establecida. No puede negarse que la corrupción prolifera a raudales protegida por el manto de la impunidad. Tampoco puede negarse que la corrupción beneficia y privilegia a unos cuantos grupos y personas cercanas al poder público, político y económico. El poder público al servicio de privilegios privados. En este hecho radica, sin duda, la principal razón del triunfo electoral de López Obrador en 2018.

Todas las mañaneras son un escenario ideal para que el Presidente fulmine ilegalidades. El universo de ilícitos es inagotable y variado, desde corrupción a gran escala hasta menudencias en ventanillas burocráticas municipales.

Podríamos esperar consecuencias concretas: investigaciones, fincamiento de responsabilidades, procedimientos judiciales, hasta llegar a sanciones y reparación del daño, no obstante, las consecuencias han sido muy pocas.

La corrupción es un delito penado, su combate no puede limitarse a un discurso indignado. Los avances contra la corrupción sólo pueden medirse con sanciones ejecutadas y con la disminución de los ilícitos que se cometen; no sólo de los que se declaran.

Si hacemos memoria, el primer señalamiento de corrupción del Presidente estuvo vinculado con el frustrado Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México. Así sustentó su cancelación, sin que importara la muy cuantiosa inversión ya aplicada, ni lo que habría de perderse con el abandono de la obra, ni el costo del nuevo emprendimiento en Santa Lucía.

Si algo duele al Presidente es el sector energético y la llamada pérdida de soberanía del Estado sobre éste, trátese de hidrocarburos, de generación de electricidad y de toda la cadena productiva que se desarrolla en torno a los energéticos. El primer grito de batalla de la 4T fue contra el robo de gasolinas. La posición fue contundente, al grado de que se cerraron ductos para evitar el huachicoleo. Muchas regiones del País padecieron desabasto. Pasada la tempestad, volvió la calma. ¿Y?

Otro drama semejante apareció cuando CFE suspendió un contrato de compra de carbón mineral a una subsidiaria de AHMSA. Más reciente aún fue el ataque frontal de la Sener contra empresas generadoras de energía eléctrica de fuentes renovables. Específicamente contra la española Iberdrola, en cuyo Consejo de Administración tiene un asiento Felipe Calderón. El pleito está suspendido por orden judicial en la Suprema Corte. Sea cual fuere el rubro, el Presidente denuncia el manejo de contratos y recursos públicos sustentado en su cruzada personal contra la corrupción.

Es raro, para decir lo menos, que en la enorme mayoría de los casos la denuncia presidencial se limite a lo político, sin traer aparejado un procedimiento penal formal. Todo queda así en un gesto de indignación y en un mensaje político.

¿Por y para qué denunciar corrupción en el proyecto del Aeropuerto de Texcoco si las mismas empresas resultaron contratadas en otros proyectos como el Tren Maya y el Aeropuerto de Santa Lucía? Como mero mensaje político liso y llano, el asunto resulta demasiado costoso. 

Aparte del sexenal “quinazo”, tan típico de México, en el que nuestro Tlatoani en turno manda a decir que hay “nuevo mandamás”, todas las acusaciones han quedado en “jarabe de pico”. Es decir, además de Altos Hornos de México (Alonso Ancira) y de Pemex (Emilio Lozoya), los demás casos han resultado “mucho ruido y pocas nueces”.

No todo es achacable al Presidente, pero él hace ver como si lo fuera. ¿Creerá que puede controlarlo todo con su deseo y una instrucción? No sería el primero que así lo creé; más bien parece que es el último de una larga serie de presidentes Tlatoani más o menos frustrados.

La justicia penal sólo es eficiente con un sistema institucional bien organizado y con procesos debidamente ejecutados e investigados previamente por las fuerzas de seguridad. Tal cosa nunca ha sucedido en México. El problema es que el Presidente cree que sí.


@chuyramirezr

Jesús Ramírez Rangel

Regresando a las Fuentes