Adaptarse progresivamente a las medidas de precaución. Ir incluyendo actividades anteriores, pero sin descuidar distancia, desinfección y grupos no numerosos. Es lo único que puede hacer que no se quejen en los centros de salud de aumento de casos positivos de COVID-19, después de fines de semana o celebración de aniversarios, buscando, después del confinamiento, compensaciones insensatas.

Se irá llegando a una convivencia cada vez más activa pero, al mismo tiempo más adaptada a las exigencias que tiene el seguir sano en ambiente de contaminación y rodeado de portadores involuntarios y sin síntomas.

Se desarrollará un tipo de paciencia, de comprensión, de solidaridad, de ayuda mutua. Y la ciencia seguirá alerta para no sólo aplazar desenlaces lamentables sino ir ya descubriendo los recursos más aprovechables y las técnicas más efectivas. Un buen indicador será que empiecen las estadísticas a llenarse con cifras de pacientes que sanaron.

Las ganancias empresariales y los ingresos personales tendrán que iniciar una recuperación sin treguas. Tendrán que surgir experiencias no antes estrenadas de procedimientos inteligentes para entrelazar fuerzas disponibles. Se despertará la creatividad y el ingenio propio de nuestro mestizaje para ir viendo los métodos que quedan a la medida, que responden a la idiosincrasia y a las aptitudes de nuestros pueblos latinoamericanos.

Los tratados con otras naciones no quedarán rígidos y estáticos sino en constante revisión y ajuste para evitar obsolescencias. El afán compartido de llegar a un ritmo aceptable de desarrollo hará otra vez un tipo de globalización, lo suficientemente desglobalizada, que evite dependencias nuevas y crecientes desigualdades.

El avance más humanizador puede ser una ética sostenida por fidelidades generalizadas. Sólo así se irá propiciando un clima de confianza. El ejercicio de la autoridad podrá superar mejor sus vicios más extendidos, dentro de una democracia más auténtica y sin discriminaciones.

Las comunidades de fe podrán trenzar el afán evangelizador con promociones humanas integrales. Se evitarán los angelismos desencarnados y los materialismos desangelados. Las congregaciones monoteístas, alrededor del tripié: Islam, Judaísmo y Cristianismo con sus matices de Ortodoxia, Evangelismo y Catolicismo, podrás impulsar la regla de oro que les es común: “No hagas a otro lo que no quieras para ti. Trata a los demás como quieras que te traten a ti. Ama a tu prójimo como a ti mismo”. Ya el Papa Francisco ha impulsado un tipo de visitas, de contactos, de alianzas y de propósitos que dejan atrás las rivalidades para unir a todas las creencias en un servicio a la justicia y a la paz.

LA ENTUSIASTA ALEGRÍA DE LA ESPERANZA

Como lirio en el pantano se están abriendo muchas vidas a una conciencia planetaria totalmente inclusiva. Es una mirada que ve la dignidad humana más allá de los defectos. Que ve la esperanza más allá de las tribulaciones y dificultades. Su más admirable fuerza impulsora es una alegría entusiasta. Crece, se fortalece y se purifica por las pruebas, las dificultades y las contrariedades. Es una ola de juventud y temprana madurez con lucidez crítica que no se deja enredar en mediocridades. Los brotes van surgiendo aquí y allá en diferentes partidos, sindicatos, empresas, universidades, barrios y cooperativas como islas que pueden ir formando un continente de espiritualidad inspiradora y productiva.

VICIOS Y VIRTUDES MEDIÁTICAS

Se va aprendiendo sobre la marcha en prensa, radio, televisión y redes a discernir entre virtudes y vicios. Cada vez es más evidente el vicio de la noticia falsa, la crítica mordaz, la calumnia disfrazada, la adjetivación discriminatoria de la puntería de investigación, la madurez entrevistadora, el juicio consistente con pruebas, la presencia arriesgada en eventos de violencia, la imparcialidad que lo mismo señala fallas que reconoce méritos... Los receptores desarrollan la agudeza de su observación y no se tragan ya ingenuamente píldora dorada ni saborean dedo con atole...

Luferni

Columna: Claraboya

El autor de Claraboya, quien ha escrito para Vanguardia desde hace más de 25 años, intenta apegarse a la definición de esa palabra para tratar de ser una luz que se filtra en los asuntos diarios de la comunidad local, nacional y del mundo.

Escrita por Luferni, que no es un seudónimo sino un acróstico, esta colaboración forma ya parte del sello y estilo de este medio de comunicación.