Si la “adicción a las armas” es una que puede adquirirse incluso mediante el uso de réplicas de juguete estamos entonces ante una hipótesis que obliga a cuestionar si estamos ante una posible “epidemia” de casos como el de Torreón

La Fiscalía General de Coahuila ha obtenido de un juez la vinculación a proceso en contra de José Ángel “N”, abuelo del menor que el pasado 10 de enero asesinó a una de sus maestras, hirió a seis personas más y luego se quitó la vida en una escuela de Torreón.

Como se ha informado, la Fiscalía considera que el abuelo del menor es responsable indirecto del asesinato porque, al ser el propietario de las armas que empleó, y vivir el menor en su casa, estaría obligado a evitar que tuviera acceso a estas y las usara.

En el argot jurídico, lo que deberá probar la dependencia a cargo de Gerardo Márquez Guevara es que la tragedia ocurrida era “previsible”, que el hoy imputado podía efectivamente preverla y al no hacerlo incurrió en la omisión que se le reprocha.

Tras obtener la vinculación a proceso, Márquez Guevara reveló un dato de la investigación que merece análisis y demanda reflexión: de acuerdo con la Fiscalía, el menor José Ángel habría sufrido una “adicción a las armas”.

El abuelo, “tenía conocimiento de las armas porque eran de él, estaban en el hogar. No tomó las precauciones debidas para su guarda, custodia y aseguramiento. También sabía que de alguna manera el menor tenía una adicción, afición o gusto por las armas, aunque fueran de réplica o juguete”, ha dicho el Fiscal.

Dadas las características jurídicas del caso, es relevante que el abuelo de José Ángel “supiera” -de acuerdo con la versión de la Fiscalía- de esta presunta “adicción” a las armas, pues tal hecho deberá convertirse, en algún momento del juicio, en un elemento relevante para determinar la responsabilidad indirecta que se pretende probar.

Pero si la “adicción a las armas” es una que puede adquirirse incluso mediante el uso de réplicas de juguete estamos entonces ante una hipótesis que obliga a cuestionar si estamos ante una posible “epidemia” de casos como el ocurrido en Torreón.

Se trata de un planteamiento preocupante para todos quienes somos padres de familia y merece un análisis detallado por parte de especialistas de diversas disciplinas pues, dado que el responsable directo de lo ocurrido infortunadamente no está vivo y, por tanto, no puede ser interrogado, la hipótesis de la Fiscalía tendrá que basarse necesariamente en certezas genéricas.

En otras palabras, si para este caso es cierto que existe una “adicción a las armas”, que esta se desarrolla a partir de jugar con réplicas de juguete y tal hecho puede desencadenar, en última instancia, una tragedia como la de Torreón, entonces nos encontramos ante una posibilidad inquietante, por decir lo menos.

Valdría la pena en este sentido que las autoridades estatales inicien un proceso serio de difusión de información científica que permita entender las implicaciones de este tipo de conductas y, a partir de ello, hacer lo único que en este momento resulta valioso para la comunidad en general: evitar que el hecho vuelva a repetirse.