De acuerdo con las cifras del Sistema Nacional del Salud, nuestra entidad ocupa el primer lugar nacional en el consumo de sustancias inhalables y los menores de edad constituyen el grupo más numeroso de quienes las utilizan como mecanismo para drogarse.

Según la estadística revelada ayer, estamos hablando de adolescentes entre los 11 y los 15 años de edad como el grupo de mayor incidencia en la utilización de sustancias entre las cuales se cuentan adhesivos, solventes y combustibles.

Como es bien sabido, este tipo de sustancias constituyen el catálogo de materiales más dañinos para la salud, cuando son utilizados para provocar la alteración de los sentidos pues, paralelamente al efecto narcótico, generan un importante deterioro físico en las personas que recurren a ellos.

Así pues, se trata de un severo problema de salud pública el que cualquier persona recurra a estas sustancias como método de intoxicación, independientemente de su edad.

Pero es todavía más grave que el consumo de este tipo de sustancias se registre principalmente entre menores de edad, pues de lo que estamos hablando aquí es del cercenamiento del proyecto de vida de individuos que tienen toda una historia por delante aún.

Por eso mismo, los diagnósticos que periódicamente se dan a conocer en relación a este fenómeno deben dar paso de inmediato -de hecho, tendrían que haberlo hecho hace tiempo- a la instrumentación de acciones tendientes a corregir el problema.

Resulta absolutamente inadmisible que el segmento teóricamente más promisorio de nuestra sociedad desperdicie el potencial que tiene cayendo en la trampa de las drogas, sobre todo si lo hace recurriendo a las sustancias que peores consecuencias les generan.

Y es que un consumidor regular de sustancias enervantes puede ser eventualmente  rescatado de sus adicciones y corregir el rumbo. Pero quien acostumbra drogarse con inhalantes, aún cuando pueda superar la dependencia probablemente no logre recuperarse nunca de las secuelas físicas que le deje esta adicción.

El diagnóstico se ha reiterado ya demasiadas veces. Las cifras han sido expuestas de forma recurrente y la “preocupación” de las autoridades de todos los órdenes y materias se ha manifestado de forma suficiente. Ahora toca el turno a las acciones concretas y a la búsqueda de resultados específicos.

Todas las adicciones deben ser combatidas y quienes se encuentran atrapados en ellas deben recibir la ayuda necesaria para superarlas. Pero algunas, como es el caso de la adicción a las sustancias inhalables, requieren acciones aún más enérgicas para revertir su incidencia.

Miles de jóvenes -niños en realidad- están diluyendo la oportunidad de una vida digna en los vapores de las sustancias que usan para drogarse. No podemos seguir atestiguando esa tragedia de manera impasible.