Para quienes crecimos en las últimas décadas del priismo pre-Peña y vivimos la “transición” a gobiernos del PAN, el tema de la transparencia en la información pública ha sido como una visita a la casa de los espejos en la feria. La información de los gobiernos del PRI era prácticamente nula. Hacían y deshacían a placer, los medios generalmente viviendo del chayote (término que no se usaba en ese entonces ya que era valor entendido que Jacobo cubría las noticias a la carta con infomerciales disfrazados). A raíz del TLC y el aumento en el interés por estándares internacionales, empezó a haber un cambio gradual hacia más y mejor información de en qué y cómo se usaban los recursos del erario. Fue con Fox y Calderón cuando se lograron avances relevantes en transparencia. Pasamos de una casa de los espejos priista con espejos pintados de negro a una transformación que incluyó espejos diversos; aquellos que hacían que lo feo no se viera tan feo, que lo bueno se viera mejor, que lo que se quería esconder simplemente no se reflejara. Aun así existía información y un aparente genuino interés por darle la vuelta a la página de la opacidad, contra inercias muy poderosas.

* Hablando de espejos, y como nota curiosa, tengo la teoría (ya que no he podido confirmarla) que en los hoteles de lujo y en los casinos de Las Vegas los espejos invariablemente están “truqueados” para mostrarte más esbelto y, por lo tanto, con mejor actitud y más ganas de apostar. Si alguien sabe si esto es real, por favor avíseme; tengo varias apuestas sobre el tema (que tal vez hice después de verme en uno de esos espejos).

Llegó Peña, el avance en transparencia se estancó y hubo señales de retrocesos a nivel federal y estatal. Generalmente los casos no llegaban a ningún lado porque todos se cuidan a todos. Aquellos que eventualmente “caen” son excepciones. La malversación de recursos se volvió a afianzar a lo largo y ancho del País. No, esto no significa que los dos gobiernos panistas hayan sido pulcros. También tuvieron sus “estelas de luz” y sus “enciclomedias”, que acabarían siendo pequeños asteriscos al lado de las estafas maestras (al menos las que han salido a la luz). Estoy convencido de que el PAN de antes era lo más transparente a lo que pudimos haber aspirado, especialmente ese PAN que gobernaba bien en los estados y municipios. Desgraciadamente llegaron al poder y perdieron brújula y piso, muchos en posiciones de poder cayeron en la tentación de la tranza y de los “pactos entre enemigos” para cubrirse mutuamente las espaldas. Y sí, ahora PRI y PAN son socios.

Llegamos en 2018 al encumbramiento de quien Fox quiso desaforar en 2005. AMLO nos trajo una promesa de transformación que en teoría no debería incluir talar el huerto sino deshierbar y conservar árboles que tuvieran posibilidades de dar frutos. La promesa de barrer la escalera de arriba para abajo, parece que se refería a barrer con una retroexcavadora la escalera completa. Efectivamente el Presidente está barriendo, pero con mucho de lo que se encuentra. Ya no se reconocen cuáles eran los escalones de arriba y cuáles los de abajo, lo que hay que barrer son escombros de escalera tirados en el piso después de la demolición. La mejor muestra llegó antes del inicio del sexenio. El Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM) fue cancelado (y después barrido), justificado por una consulta a modo donde los habitantes de Tabasco, Oaxaca, Guerrero, Campeche y Chiapas hicieron gran diferencia a favor de cancelarlo. Inicia el sexenio y se anuncia la cancelación del NAIM. Se han manejado muchas cifras acerca de cuánto avance llevaba (se habla de no más del 30 por ciento), de cuánto hubo que pagar por cancelarlo, de cuánto hubiera invertido el gobierno comparado a la IP, de cuánto costará el Santa Lucía una vez que el Ejército ponga en práctica su amplia experiencia en construcción de aeropuertos (recordemos que la barda del NAIM la construyó el Ejército con un sobrecosto del 89 por ciento). No hay claridad en los motivos para la cancelación del NAIM y en estos días la Auditoría Superior de la Federación (ASF) publicó un supuesto cálculo erróneo del costo incurrido (¿usaron la servilleta de Meade?), y horas más tarde una corrección que no incluyó un monto revisado, sino sólo aceptación de que el monto era menor al publicado. Ni SHCP, ni AMLO, ni la ASF se han animado a decirnos los números reales. ¿Cuál fue el análisis de costo-beneficio que hizo AMLO para cancelar el proyecto? Se habló de corrupción, pero no hay procesos judiciales. Estamos en la casa de los espejos, pero ahora con humo de combustóleo. Aun así, hay quienes gritan que es un honor vivir con el error.