Pena ajena de los mexicanos que Donald Trump descubra al verdadero Andrés Manuel López Obrador. Tiene el pitazo de la revista Forbes que recién lo describe como un “demagogo incompetente”, “político teatrero” y “charlatán errático” cuyas prioridades son “una refinería en su estado natal” y un tren diesel inserto “en una ecología inmaculada y delicada”.

Pues es lo que tenemos, ¡y se quedaron cortos! En cambio, va a visitar a un empresario que conquistó la Casa Blanca en su primera aventura política y ha dado lecciones de efectividad gubernamental en el pantano bipartidista de Washington. ¿Cómo? Derogando reglamentos, bajando impuestos y desburocratizando el aparato productivo. Todo ello, a pesar del Obamagate tramado para removerlo. Pero ya viene el retruque: su Procurador General está integrando tremendo expediente penal contra a los conspiradores de la CIA, FBI y Casa Blanca de Obama.

El contraste entre países vecinos no puede ser más dispar. La primera potencia económica mundial frente a una economía doblemente envirusada: el COVID-19 y un presidente enemigo de la inversión extranjera. El archi-capitalista frente al socialista tercermundista. Me recuerda “El Santo Contra las Momias”.

Reconozco el mérito increíble de Marcelo Ebrard para ocultar las pifias del mandamás mexicano. ¿Quién inundó de ilegales la frontera? Marcelo lo salvó de esa. A ver… sin el mago…

Prepárense para tragos amargos, empezando por el viaje. Andrés pudiera estar infectado y Trump no permite se le acercan personas en duda. López Obrador se rehúsa a hacerse la prueba. ¡Ah, y pretende volar en vuelo comercial! Ojalá evite volar en Aeroméxico, para no agravar su situación pre-quiebra en Estados Unidos.

La visita supuestamente es para celebrar el T-MEC. El detalle está en que México no ha aprobado las reformas prometidas en materia de propiedad industrial, código penal, materia laboral, y otras. Será porque López Obrador se acostumbró a pasar sus exámenes de panzazo.

Los analistas del programa de Tercer Grado, Denise Maerker y mi colega René Delgado, consideran la entrevista Trump-López Obrador un gran riesgo, pero ineludible. La foto obligada, coinciden, quedará para la historia como testimonio de una falta de dignidad. No es para tanto. No sabe ni jota de inglés, pero tener la piel morena y cabecita de algodón le da caché al menos con los anarquistas Antifas.

“Trump está en campaña”, afirman. Creen que en su agenda oculta está ganar votos. Cegados por el anti-trumpismo de los mexicanos, los comentaristas aludidos no atinan a mencionar lo importante.

El riesgo es que el Andrés-tapete-de-Trump logre su simpatía, y éste le otorgue un cheque en blanco o un apoyo irrestricto. Nosotros perderemos si envalentona al mexicano a quedarse hasta 2038 —como recién lo consiguió Putin con más del setenta por ciento de los votos rusos. Si el PRI se eternizó setenta años es porque Estados Unidos así lo quiso. Hoy López-Obrador se siente un George Floyd, con la bota imperialista en el pescuezo, sin poder respirar. Podría ganar por lástima.

Claro que algunos de nuestros empresarios políticamente ciegos harán cuentas convenencieras y quizá hasta congratulen al “demagogo incompetente” tras su visita. Me refiero al dueño de Telcel y al dueño de Minera México. La raza de abajo mientras tanto, clausurando sus changarros.

Lo bueno que pudiera salir de este encuentro, sería que con el muro seguro, Trump reconozca la residencia de millones de mexicanos que se nos fueron de ilegales cuando entró el TLC en vigor. Eso sí le daría muchos votos y haría justicia a los residentes de facto, que solo quieren poder visitar parientes en México sin temor a que no los dejen regresar a sus fuentes de trabajo en Estados Unidos.

Hay otra agenda posible: hacer de México un paraíso económico. Sueño guajiro, no mientras desgobierne el enemigo de las inversiones extranjeras. Ojalá al menos sus políticas retrógradas y su aviesa intención de eternizarse en el puesto sean los temas subliminales de la agenda incierta.

javierlivas@gmail.com