Las tragedias y sin sabores, lo hemos explorado desde hace buen tiempo en este espacio, no llegan solas. Jamás. No es cuestión de milagros, no es cuestión de suerte ni azar, no es cuestión de traer amuletos en la cartera (billetes de dos dólares en la billetera, como Andrés Manuel López Obrador, él precisamente que critica ciegamente a los “neoliberales”), no es cuestión de traer “rosarios benditos” en el retrovisor del auto de medio millón de pesos, no es cuestión de palabrería huera. No, nada de eso señor lector.

La cuestión es la siguiente: hay que estar alertas, siempre. Hay que usar cubre bocas, hay que lavarse las manos lo más seguido posible, hay que comer bien (lo que se pueda, aunque sea “Moros y cristianos”, arroz y frijoles, pues), hay que guardarse en casa, de poderse lo anterior; hay que comprar lo necesario y si se puede, en oferta; es deber cruzar las avenidas con precaución y siempre las avenidas transitadas, cruzarlas por un puente…

No señor lector, los milagros, agradecimientos y las oraciones sirven para los tiempos de fiesta y de felicidad, pero no sirven para los tiempos de miedo que nos asisten. A Dios no se le debe pedir siempre cosas… hay que agradecerle lo que hay y cuando hay. La argumentación anterior no es mía, sino de un teólogo de altos vuelos: Juan Arias. El ibérico y sabio Arias avecindado en Brasil. No bien me había referido aquí al infausto accidente que sufrieron dos jóvenes hermanos el pasado 8 de enero, Alonso Lara (21 años) y Daniela Lara (23 años), este lunes 25 de enero, los diarios anunciaron la infausta noticia: el joven Alonso murió. Un diario local escribió en la cabeza de su nota: “El milagro no llegó.” Cada vez que hay un accidente atroz, cada vez que un hombre o mujer de la sociedad enferma o cae en algún accidente que los mantiene en el filo de la vida o muerte, todos piden oraciones.

¿Si las oraciones no surten efecto, es porque Dios no las escuchó? ¿Si Dios las escucha y salva algún niño o adulto de un accidente fatal o de enfermedad severa como la del COVID-19, entonces estamos haciendo referencia a un Dios caprichoso o parcial? ¡Por favor señor lector!, hay que quitarnos esta mentalidad mágica, de ignorancia y de mentes primitivas que no abona en nada a nuestra vida digna.

Punto uno: ¿lo recuerda? El chabacano Presidente de México, Andrés Manuel López Obrador en su momento, se negó a usar cubre bocas, se negó a cancelar giras y eventos y dijo que sus dos estampitas religiosas (magia, pues), su billete de dos dólares y el “no mentir, no robar y no traicionar ayudaban mucho a que no diera el coronavirus”. Puf. La pura chacota. El tipo no usó cubre bocas en su gira por San Luis Potosí y Nuevo León y viajó en avión de línea comercial. A todo mundo infectó por su irresponsabilidad. El tipo tiene 67 años, tiene al menos un infarto al miocardio, usa marcapasos, fue fumador empedernido, es hipertenso. ¿Si vive más es porque Dios hizo el milagro, si muere es porque Dios así lo quiso?

ESQUINA-BAJAN

Punto dos: aquí en el vecindario, los dos candidatos más aventajados a la Alcaldía de mi ciudad, José María Fraustro y Armando Guadiana, “El viejo del sombrerón”, tienen 66 y 75 años respectivamente. AMLO dijimos, tiene 67. Caray ¿pues no que somos un país y un estado que mira hacia el futuro, con grados de innovación ejemplares y con planes dinámicos de primer mundo? ¿Quiere usted ser exitoso? Ponga un consultorio geriátrico, va a ser un éxito dentro de meses ya. La gerontocracia al poder va a dominar. Es lo de hoy. ¿Dinamismo, innovación, empuje, echarse para adelante, ser bragado como buen norteño, eventos nuevos e importantes, impulsar la marca “Saltillo”? Pues eso era con el “Cowboy urbano”, Manolo Jiménez y su gente. No con los antes deletreados.

Punto tres: “Cada vez que hoy me preguntan si creo que es mejor o no creer en Dios suelo responder que eso no tiene importancia, ya que si existiese Dios, lo importante sería que él creyera en nosotros…” Lo anterior es un fragmento aleccionador del teólogo Juan Arias. Escritor de altos y precisos vuelos el cual es un “ave raris” de la teología mundial. Tiene varios libros donde explora a ese inasible Dios. Pero lo hace de una manera majestuosa y con la razón, no portando estampitas ni prendiendo veladoras inútiles.

Punto cuatro: los padres del escritor Leonard Milodinov y él mismo, se salvaron de morir en el holocausto nazi. Luego, Milodinov se salvó del fatídico ataque a las Torres Gemelas de Nueva York. Él se encontraba allí mismo. Un día lo entrevistaron y le preguntaron qué sentía al saber que Dios lo había salvado dos veces. Su respuesta es invulnerable: “No fue Dios sino el acaso… ¿Qué Dios sería ese que salva a mis padres del nazismo y deja morir a seis millones de otros judíos? ¿Qué Dios sería ese que me salva del atentado terrorista de Nueva York y deja morir a otras 3 mil personas?”.

Punto cinco: con este Dios si comulgo señor lector. El que no hace distingos ni habla ni calla a discreción. Este es el Dios que no hace milagros porque alguien reza más que otro. No es un “Dios” a mi medida, he estudiado mucho y he leído mucho para llegar a él. Este Dios me simpatiza, al cual hay que agradecerle por los regalos y bendiciones cotidianas, pero no hay que exigirle ni rogarle “milagros”. A este Dios hay que agradecerle la comida (aunque sea sólo “Moros y cristianos” y la proteína del pobre: huevos). ¿Qué Dios bullangero es ese que canta y baila en los salones cristianos y le habla al monje Raúl Vera por celular a su casa, pero no les habla justo antes de suicidarse a 105 humanos en Saltillo, sólo en el 2020…?

LETRAS MINÚSCULAS

Los milagros no existen lector. Existe eso llamado sentido común y preparase para lo inevitable: morir.