Gracias por leerme. Varios textos de esta “Agenda saturada” han cosechado comentarios al por mayor de parte suya. Gracias de nuevo. Retomo entonces dudas, problemas, apostillas y temas los cuales usted me ha sugerido. Y sí señor lector, ya es demasiado cansancio, demasiado hartazgo, demasiada ansiedad. Demasiado todo. Demasiados problemas. Y también es cierto: no hay héroes. Tampoco santos ni milagros. Ya no hay circo romano, cuando fieras hambrientas (imagino de ideología anticristiana), se cebaban en la humanidad de mártires los cuales iban felices al matadero.

Hay un cierto trasfondo de locura, de iluminismo, de aspirar a ser un santo y abrazar con felicidad el calvario de su propia muerte. Estos santos de la época romana ya no existen. Como tampoco hay grandes milagros. No hay santos ni milagros, ni héroes ni días buenos y de esperanza. No más. ¿Dónde está Dios? Pues donde siempre ha estado: en su trono. ¿Quiere usted ver a Dios, hablar con él y verle el rostro? Imposible. Nunca. Jamás. Por eso el Inegi ha dado el siguiente dato: en el último censo de población, los católicos van a la baja. Los hermanos cristianos suman más adeptos. Y los ateos se han multiplicado grandemente.

“…Dios, el bienaventurado y único soberano, Rey de los reyes y Señor de los señores, el único que posee la inmortalidad, el que habita en una luz inaccesible y a quien ningún hombre ha visto ni puede ver”. Carta de Pablo a Timoteo (6. 11-16). Entiéndalo por favor señor lector, Dios no va a bajar a hacer el trabajo de los políticos, no. Usted tiene que hacer su propio trabajo, usted y nadie más tiene el poder del camino y decisión que va a tomar en su vida. En cristiano es lo siguiente: su vida, como siempre, está en su mano y a la mano. Olvídese del espíritu santo y la divina providencia. Arremeta con todo lo que tenga a la mano y hasta donde pueda. Nadie lo va a hacer por usted. Haga como Aquiles, aquel sagaz guerrero de Homero, llénese de vida y encuentre dentro de usted el viento interno que lo haga recorrer velozmente las llanuras y todos los mares posibles.

Punto uno: simple y sencillamente Andrés Manuel López Obrador no entiende. Ni va a entender ni va a cambiar. Regresó de su postración por la infectada de COVID-19 y no ha cambiado ni un ápice su tozudez y posición: inamovible, necio, populista. Estamos en México, el país de un solo hombre. Vamos para 200 mil muertos por la mordedura del bicho. Miles de estas muertes se deben en gran parte a la incapacidad y los nulos planes de salud puestos en práctica por AMLO y su equipo en el gobierno federal. Descuella la incapacidad de Hugo López-Gatell. Necio, el Presidente ha dicho: “No deja de politizarse el tema del COVID y no solo eso, porque nos agarró esta pandemia en el proceso de transformación del país. Entonces esto, como es natural, provoca resistencias”.

Esquina-bajan

Punto dos: no es politizar el tema, no es resistencia. Sencillamente esto no puede seguir así. Aquí con los vecinos de Monterrey, dos diputados locales, uno de Movimiento Ciudadano y otro de Morena, convocaron y marcharon sin cubrebocas exigiendo al gobierno de Jaime Rodríguez, el muy rebasado gobernador, la derogación de la Ley que obliga al uso de mascarilla o bien, ser multados. Ni AMLO ni López-Gatell usan mascarilla. He aquí su ejemplo y consecuencia. Mientras tanto, somos el primer lugar mundial en letalidad y tercero en número total de muertos.

Punto tres: Dios no tiene nada que ver en esto de la pandemia señor lector. Le insisto, Dios sólo sirve para los momentos de júbilo y gozo. Pero nada tiene que ver con momentos de crisis, dolor y muerte. ¿Usted cree en Dios? Pues entonces cree en su promesa: “Sepan que yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo”. Mateo 28:20. Dios no le ha dejado a usted tirado lector, usted es el que tiene que ayudar a Dios, a los vecinos, al prójimo, al próximo. Resulta simbólico y emblemático que uno de sus “representantes” en la tierra, el monje Raúl Vera López y su beata personal, Jackie Campbell (en los aeropuertos, cuando viajaban a todo el mundo, ella siempre le espetaba un “mi amor, van a pasar”, cuando alguien topaba con la humanidad del monje), siguen aferrados a su poder religioso, maltratando al Obispo Hilario González y su gente.

Punto cuatro: hace poco y por motivos rápidos de trabajo, fui a la ciudad la cual Dios mandó construir para que yo la amara: Zacatecas. Aquello es un cementerio el cual duele en el alma. Ruinas, sombras, polvo, la nada. El daño provocado por esta maldita pandemia es más profundo y siniestro de lo que a simple vista se ve. Los hoteles son cavernas oscuras. Para ahorrar energía, casi todo está en penumbras y casi todo el día. Y lo impensable e imposible: ya hay racionamiento.

Como en la Cuba de Fidel Castro, como en la Venezuela de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, idolatrados por AMLO. Es decir, en los hoteles a usted le advierten que sólo dos horas en el día va haber agua caliente. En otros hoteles han quitado el servicio de café y desayunos. En otros, el servicio de televisión por cable fue cancelado, sólo se ven dos o tres canales. En cuanto a horarios de bares y restaurantes, cierran a las 8. Es un caos conseguir un libro. Sigue siendo una actividad “no esencial”. Los datos de la CANIEM son brutales: en 2020 se vendieron apenas 89 millones de ejemplares. Somos 126 millones de mexicanos. Las ventas incluyen eso llamado libros de texto. Obligatorios, pues. Saque usted sus cuentas de la ignorancia atroz que nos asiste.

Letras minúsculas

Punto cinco: el gobierno de AMLO nos quiere grifos y pendejos. Así de sencillo.