¿Hay alguna cosa positiva en esto de la pandemia del bacilo chino? Ninguna. El enclaustramiento nos vino a recordar lo peor de los humanos y de lo que de verdad estamos hechos

Al día de hoy de esta locura llamada pandemia ¿Qué es lo importante ya para usted señor lector? ¿Podó su lista de cosas por hacer, dejó de lado algunas las cuales ya no le interesan en lo más mínimo? ¿Qué es lo importante hoy para usted, estimado y querido lector? Tengo una amiga, licenciada ella la cual ejerce en un poderoso despacho de abogados. Pues bien, luego de algunos meses de pensarlo, largó bártulos de trabajo y renunció a su puesto. Feliz, hoy ella se refugia cotidianamente en el fogón y los olores de su cocina. Ama sus utensilios, los lustra, los quiere, les prodiga cuidados. Entre las cuatro paredes de su cocina y calor familiar, ha encontrado paz en la tormenta.

Le he preguntado si se arrepiente de ello. Ríe a carcajadas y me dice: “me arrepiento maestro, de no haberlo hecho antes.” “Pierde el alma su sal, su levadura” dice a la letra un verso endecasílabo perfecto de Octavio Paz. Para que su alma no pierda su sabor, su sal y su aderezo, piense usted señor lector en lo correcto y en lo único que quiera usted hacer a partir de este momento en el resto de su vida. No hay tiempo para medias tintas ni paños tibios. La vida se ha precipitado en la ventana: lo mismo pueden quedar muchos días de sol o bien, en pocos días nos podemos sumir en la más triste y profunda oscuridad. ¿Qué es entonces lo importante para usted?

Mi amiga abogada, a la cual nombraremos como la guapa Angélica, mientras platicamos en el remanso de su catedral personal, su cocina, amasa pan para unos bocadillos dulces. Hunde sus manos y dedos en la mantequilla, en la levadura, le añade harina, vainilla, trozos de frutas variadas y endulza la charla con su risa, la cual va a dar directamente al bowl y así hermosear aún más, los panecillos los cuales va hornear en su fogón.

Le pregunto a mi amiga que si tiene miedo a morir, miedo al bacilo chino. Ríe nuevamente, se limpia una mano, toma su copa de vino tinto, brindamos y me contesta: “Tengo más miedo de la indiferencia de la gente a sus propios sentimientos. Nadie se cuida, nadie ve en su interior. Nadie hace caso a su corazón. Aparte, los que morimos en el desierto, lo dijo Gabriel García Márquez maestro tú lo sabes, no vamos al cielo. Nos vamos a la mar. Por nuestra eterna y nunca satisfecha nostalgia de mojar nuestros pies desnudos en las aguas de la mar…”.

Los norteños, los habitantes de este vasto y bello desierto de Coahuila, no vamos al cielo al morir, es correcto: preferimos irnos a la mar a mojar nuestros pies desnudos, antes de reposar en los brazos de Dios Altísimo. Es tiempo entonces de tomar decisiones y ser sensatos. Es tiempo también de hacer locuras, todas. No es contradicción, no hay contradicción ninguna: es complemento. Deje su vida en esta tierra señor lector, haga lo que le plazca y no se arrepienta de sus fallos. Ponga en práctica el aforismo y axioma del Oficial Mayor del Congreso, Gerardo Blanco Guerra: hay que irnos con la vida muy raspada, las cuentas del banco vacías y ligeros de equipaje.

Esquina-bajan

La agenda sigue harto saturada, por todo lugar saltan conejos y liebres las cuales merecen y es necesario agarrarlas y diagnosticarlas en este espacio de reflexión. Muchas ollas en la lumbre, abonaremos palabras a casi todas ellas. Punto uno: acaba de pasar en el calendario un día más en el cual “celebramos” “El día internacional de la mujer”. En México, como en España y como en todo el mundo musulmán, principalmente, las mujeres siguen siendo invisibles. Cuando les va bien. En el otro lado de la moneda, son ultrajadas cotidianamente. No hay igualdad de género, nunca lo va haber. Es cuestión de modificar patrones desde la niñez y por ello es cuestión de algo imposible en tiempos de Andrés Manuel López Obrador: es cuestión de educación y de valores.

Punto dos: usted lo recuerda, el año pasado hubo una mega marcha multitudinaria en contra de la violencia contra las mujeres. Fue apenas días antes de las medidas restrictivas por la pandemia del bacilo chino. Protestas, cacerolazos, gritos se dejaron escuchar en todo México. Para luego entregarse  al más ensordecedor silencio. Salir a gritar no es la manera de cambiar las cosas. Con AMLO en el poder las cifras se han disparado a la estratósfera. Con AMLO en el poder, las mujeres están más solas que nunca.

Punto tres: el acoso sexual subió en el país de 4 mil 204 denuncias en 2019 a 5 mil 597 en 2020, un ominoso 33 por ciento más. El ejemplo más canallesco de lo anterior, es el periplo mediático en contra del ejecutivo Andrés Roemer (ex ejecutivo de TV Azteca y “ex embajador de buena voluntad de la UNESCO”, ni más ni menos, puf), quien tiene al parecer y al menos, 61 denuncias por abuso en contra de mujeres. En cuanto al delito de trata de personas (mujeres y niñas) tuvo un decrecimiento dramático en número de procesados. Y es que usted lo sabe, la impunidad en México es brutal: 94.6 por ciento es el Índice de Impunidad Federal (casos conocidos, pero no resueltos). Aquí, nadie es culpable. Nunca.

Punto cuatro: usted lo sabe, medio estoy amargado, avinagrado; con mis toxinas me siento muy a gusto en honor a la verdad y no pienso cambiar. Sería alta traición. ¿Hay alguna cosa positiva en esto de la pandemia del bacilo chino? Ninguna. El enclaustramiento nos vino a recordar lo peor de los humanos y de lo que de verdad estamos hechos. Como dijo la escritora Margo Glantz, “la pandemia un mes nos hace mejores, luego seremos los mismos”. Hoy somos los mismos. O algo peor…

Letras minúsculas

Los casos de violencia familiar se incrementaron de 2019 a 2020 en un 5 por ciento más… Gobernar es cosa difícil. AMLO, no puede.