La noticia recorrió el mundo, la notable filósofa y socióloga húngara partió a los 90 años dejando una gran herencia al mundo en el conocimiento social.

Heller, experta en marxismo, estuvo en México hace 6 años e impartió una conferencia en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Ella fue profesora emérita en The New School For Social Research de Nueva York, ciudad que se conoce como el laboratorio más grande de ciencia social en el mundo.

Ágnes nació en Budapest, era de origen judío, por ello su familia y ella sufrieron la persecución de la Segunda Guerra Mundial del nazismo; su padre y varios familiares murieron en el Holocausto en el campo de concentración de Auschwitz, mientras ella se salvó de ser deportada a los campos de exterminio.

Su vida científica comenzó con la filosofía marxista. Ya doctorada fue discípula y colaboradora del gran filósofo György Lukács, quien la consideró como la más productiva del grupo denominado “Escuela de Budapest”. Ella también fue miembro del Partido Comunista, aunque por su pensamiento crítico en contra del régimen de su patria tuvo dificultades, lo que la obligó a emigrar a Australia. Heller abandonó el marxismo y emigró hacia la social democracia.

Uno de sus libros más conocidos, todavía vigente en la academia, es “La Sociología de la Vida Cotidiana”, cuyo objetivo es analizar pormenorizadamente el acontecer social, explicarnos los fenómenos microsociales así como los profundos acontecimientos de nuestras relaciones colectivas, esto con excelente calidad teórica y de pensamiento.

Ágnes Heller decía que la vida cotidiana es “el espejo de la historia”, también la definía “como el conjunto de actividades que caracterizan la reproducción de los hombres particulares, los cuales crean la posibilidad de la reproducción social”. 

Lo cotidiano es la forma real en que se viven los valores, las creencias, aspiraciones y las necesidades; de manera que la vida cotidiana son nuestras vivencias diarias, repletas de significados, intereses y estrategias entendidas como esa serie de comportamientos que nos permiten crear la red personal de caminos por los cuales diariamente transitamos y construimos nuestras relaciones sociales, aunque la mayoría de las personas las vive con prisa y sin analizarlas.

La obra de Heller conduce a preguntar: ¿acaso estamos predestinados?, ¿la vida es mecánica e inmodificable? 

La vida cotidiana es el ser humano milimétricamente escindido en sus diferentes roles, los que configuran el modus operandi de nuestra conducta; no obstante, en la actualidad hay un conjunto de tendencias que conducen al análisis interior, a cuestionar ¿por qué hago esto o aquello, qué me induce a hacerlo, me hace bien, beneficia a mi familia, a dónde voy?

Penetrar en lo “normal” y cuestionarlo, escudriñar, buscar el sentido y no permitirse ser un robot, es una lucha consigo mismo, contra las fuerzas superiores de la sociedad que nos ha configurado, lo cual es sumamente difícil. En realidad eso es lo que hace la sociología, vislumbrar y proponer, objetivar y señalar rumbos sociales.

Las actividades que forman parte del proceso de reproducción son sociales, deben “objetivarse”, exteriorizarse e independizarse del individuo. En este sentido son consideradas actividades sociales. 

Para Ágnes la lucha por la igualdad de las mujeres es una revolución general positiva que tiene que ver con la historia tradicional de la humanidad, en la que la mujer siempre estuvo sometida al varón, ahora al lograr la emancipación femenina se establece el vínculo con los derechos humanos –lo que antes no existía–, antes no éramos ciudadanas. 

Se fue una gran maestra, pero queda su obra, sus enseñanzas. Gracias, Ágnes. 

Horizonte Ciudadano
Rosa Esther Beltrán Enríquez