Existe en la experimentación científica el llamado “grupo de control”, esencial para que los resultados obtenidos en una investigación  cobren validez.

De hecho, sin el grupo de control es prácticamente imposible atribuir los efectos observados al factor que se está sometiendo a prueba.

Suponga que buscamos conocer los  beneficios de la pomada de árnica en pacientes con panismo terminal. Bien, pues de nuestro universo de enfermitos voluntarios, habremos de separar para este estudio a algunos que no recibirán el tratamiento.

De tal suerte que, si los pacientes comienzan a presentar cierta mejoría -digamos que exhiben un inusual respeto por otras creencias, preferencias sexuales y modelos de familia distintos a los suyos-, estaríamos tentados a afirmar que la pomada de árnica funciona.

¿Pero qué tal que el grupo de control -que no fue embadurnado con el menjurje- comienza a mostrar también cierta empatía con el proyecto lopezobradorista y hasta defiende algunos de los puntos expresados por el Peje en la mañanera presidencial?

¡Ah, caray! Entonces quiere decir que no fue la pomada, sino un factor no contemplado, el que redujo la gravedad de los pacientes del estudio.

No se enchilen, por favor, amigos panuchos, es solo un escenario hipotético. Pudimos haber dicho que los enfermos eran chairos pejezombis, pero no nos sirven como ejemplo porque sabemos que ese mal sí es de plano incurable.

**El columnista sabe que lejos de desagraviar a alguien con la anterior aclaración, sólo va a echarse de enemigos a ambos bandos.

En fin, lo que quería dejar más o menos en claro es la función que desempeña un grupo o elemento de control, mismo que también recibe el muy atinado nombre de “testigo”.

Y aunque es una de las herramientas más valiosas de que se puede echar mano durante la experimentación científica, el concepto no es exclusivo de los amigos de Beakman. Cualquier persona con una pizca de sentido común se arma con un “testigo” cuando llega el momento de demostrarle algo al mundo.

Se nos informó la semana pasada que el reconocido periodista Sergio Aguayo perdió una demanda interpuesta en contra del Thanos coahuilense, el inefable docente del trinquete coreografiado, Humberto “el profe” Moreira.

Y aunque es técnicamente cierto y el señor Aguayo sí perdió una demanda que entabló en contra del exgobernador coahuilense, intuyo dolo o mucha ignorancia de parte de los medios que informaron de este hecho, pues ninguno se ocupó de explicar su debido contexto.

Sepa que el primero en interponer demanda ante la autoridad fue el propio ex líder del priismo nacional y es que, como el propio profe amenazó en cierta entrevista infame, su postura frente a sus “adversarios” era belicosa y reaccionaria:

“Tiran guamazo, tiro demanda”, estableció Moreira Valdés, como advertencia en contra de cualquier periodista que tuviera un cuestionamiento o señalamiento -legítimo- sobre su desempeño como funcionario o sobre los delitos que se le imputaban.

Una reportera de esta casa editorial de hecho fue objeto de una de estas célebres denuncias del docente. Pero quizás la más célebre de todas sea la que interpuso en contra del ya mencionado columnista nacional, Sergio Aguayo Quezada por daños a su honorabilidad, toda vez que el demandado lesionó con su ejercicio periodístico la moral del crápula saltillense. ¡Órale!

La batalla legal desgastó al periodista emocional y suponemos que también financieramente, Aguayo debió costearse una defensa legal y como ya sabemos, la justicia en este país no es barata. Y precisamente, porque sabemos cómo se las gasta el aparato de justicia mexicano, adivinamos que don Sergio, pese a no haber incurrido en falta alguna, sí anduvo medio estresado una larga temporada -nuestra justicia también es cachazuda como tortuga con patas de lodo-.

Pero sucede que al tiempo que don Checo repelía los embates legales del maestrucho, interpuso a su vez una demanda por razones idénticas y es que Moreira, con esa bocaza que se carga, soltó algunas injurias en contra del periodista.

Así, con esa demanda “testigo”, se reforzó la defensa legal de Aguayo Quezada, pues si prosperaba la demanda de Humberto en su contra, también tenía que proceder por necesidad la suya en contra del político.

En fin que, hace no mucho, celebramos en este mismo espacio la derrota de la causa del profe en los tribunales y es que su demanda fue desechada. Así que pese a las penurias y el desgaste, Aguayo triunfó.

¿Y entonces la demanda Aguayo vs Moreira? Pues nada, que también fue desestimada por la autoridad, pero dado que era sólo un recurso de control de la defensa del originalmente demandado, sólo es la consecuencia lógica derivada de la derrota del Beto Cumbias. Ya si Humberto presume eso como un triunfo, no olvidemos que es sólo una victoria pírrica, es decir, inútil, sin ganancias ni beneficios.

Y pues eso, sólo aclarar lo que los medios no hicieron debidamente en su momento: Que no es que las partes en pugna hayan terminado empatadas, metiéndose cada uno un gol, sino que Aguayo Quezada tuvo la razón dos veces y se anotó un triunfo doble. ¡Y por ello, enhorabuena de nuevo, don Sergio!

Aguayo Quezada tuvo la razón dos veces y se anotó un triunfo doble. ¡Y por ello, enhorabuena, don Sergio!

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