A veces -muchas-, lo que nos impide mandar a alguien de paseo a esa mítica tierra a donde van a parar los sueños rotos y las demandas desproporcionadas, no es la falta de ganas sino de valor.

Es por ello que nos hemos inventado todo un catálogo de frases prefabricadas, para dar la impresión de que estamos considerando seriamente las argumentaciones de nuestro interlocutor, cuando la verdad es que ya tenemos pagado su boleto sencillo en clase económica directito a la chingada, a veces con semanas de anticipación.

“Lo vemos”, es la manera más sutil de decirle a alguien que realmente no lo vamos a ver. No vamos a evaluar, ni a sopesar, ni a discutir, ni a ponderar nada. Nuestra decisión fue tomada desde el inicio de los tiempos, pero por alguna razón queremos seguir alimentando las esperanzas, ilusiones y expectativas de la contraparte, ya sea para no hacerle sentir mal o -en la mayoría de los casos- para prolongar tanto como nos sea posible la elusión de las consecuencias que nuestra postura nos ha de acarrear.

“Comemos”, solemos decirle a la última persona con la que nos gustaría sentarnos a la mesa, pero se lo soltamos con total desenfado porque sabemos que -por fortuna- ese día nunca habrá de llegar.

Así que la próxima vez que alguien le diga “nosotros le llamamos”,  “ya estamos trabajando en eso” o “ya nomás me desocupo y sigo con lo tuyo”, le sugiero que tenga un plan B y eche mano de éste porque, con mucho tacto, diplomacia y todo, pero no dejan de estar dándole lo que se dice avión.

En el célebre tratado “Claro que quiero conocer a tus papás. El Arte de Tirar a León”, el autor explora los mecanismos retóricos para una salida graciosa ante una situación embarazosa.

Aunque por supuesto, nada podría haber anticipado el advenimiento de la 4T y su indecible capacidad para darnos largas y hacerse soberanamente guaje con las demandas de un pueblo al que se le fincaron toda clase de expectativas, desde la erradicación de la pobreza y la desigualdad social, hasta la destrucción del anillo de Sauron en el Pico de Orizaba.

Hay que reconocer que, a diferencia de sus predecesores, que delegaban a su gabinete todo el brete de la comunicación, el tlatoani macuspano se encarga personalmente de jugarnos el dedo en la boca muy temprano, cada mañana. Lo que es más, cada vez que alguien osa adelantársele y soltarnos algún embuste, AMLO se enoja, lo desmiente en público de la gente dejándolo en ridículo y procede a soltarnos una versión ampliada y corregida de la excusa original.

Quizás al Presidente le gusta poner el ejemplo y les dice: “Fíjense bien primero cómo le hago yo, y ya en unos18 años les empiezo a soltar algunos toritos para que se vayan fogueando”.

La displicencia con que el Peje del Ejecutivo afrontó esta semana los cuestionamientos en torno al desfalco a las finanzas coahuilenses del sexenio pasado, es una cátedra sobre el delicado oficio de hacerse palmípedo - sea pato, sea ganso- que esta gestión ya va elevando al rango de ciencia.

El cuestionamiento de la reportera no podía ser más claro, directo y sencillo: Señaló por su nombre al ex Gobernador de Coahuila (Rubén Moreira), los delitos que se le imputan (desvío de recursos vía empresas fantasmas) y las acusaciones que se le han formulado (denuncias hechas por legisladores desde el 2016).

La contestación, en cambio, del Presidente de la Nación no pudo ser más ambigua, genérica, inespecífica y vaga: AMLOVE, como ya es costumbre, hizo de su respuesta una disertación y luego de ella una total divagación: Tras dejar el asunto en manos de la Fiscalía, aprovechó el mismo comentario para hacer un comercial sobre las bondades de la 4T ya que en ésta “sí se respeta a los organismos autónomos, lo mismo que se respetan entre sí los distintos órdenes de Gobierno: Ejecutivo, Legislativo y Espíritu Santo”. No sin antes hacer el llamado más rancio, acartonado y convencional de la política mexicana: el llamado a “no politizar por favor el asunto”.

Sólo Christopher Lee que nos mira desde el Cielo sabe lo mucho que me encabrona cada vez que un político suelta esta frase, como si no procediera él mismo de un ámbito en el que se saca raja política de todo, absolutamente todo, sea la muerte de inocentes, el miedo de la gente, la pobreza de millones, el futuro de la niñez, todo.

Dicen que cada vez que alguien pide que no se politice un tema, un panista se cambia a Morena.

En fin, que quizás en su carácter de Presidente, don Peje sólo obedece el protocolo que la investidura le exige. Pero sabemos también que cuando quiere posicionar un tema, es poco el gorro que le vale saltarse todos los protocolos, romper las formas y hacerse con el rigor de su investidura una presidencial enchilada.

Así que, dada la tibieza de su postura, la maestría con que sorteó el quid del asunto, la habilidad con que evitó siquiera mencionar el nombre del distinguido coahuilense aludido, pese a ser un bello y gordo ejemplar de eso que él designa “la mafia del poder” (no olvidemos lo dócil y domesticado que se ha mostrado Rubén Ignacio Moreira desde el primer día de la 4T), infiero que la justicia para nuestra Entidad seguirá aplazada hasta nuevo aviso, hasta un mejor momento en el que el clima político sea favorable, si es que ese día llega.

Hasta entonces, las respuestas de nuestro tlatoani seguirán teniendo la misma asertividad de un “ahí lo vemos”, la seriedad de un “yo te llamo” y la garantía de un “comemos el lunes”.

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