Aviso. Armando Esquivel muestra las advertencias que reciben en época de lluvias.
Las familias que ahí habitan viven temerosas a que se registre una lluvia severa, o incluso que se presenten las secuelas de un huracán

Con el paso de lluvias leves a moderadas, el arroyo La Encantada se ha ido extendiendo, alcanzando cada vez más las viviendas aledañas al cauce natural.

Las familias que ahí habitan viven temerosas a que se registre una lluvia severa, o incluso que se presenten las secuelas de un huracán.

Desde el frente de su casa, don Jorge Mendoza analiza la situación. Sentado en su andadera, recuerda cuando llegó a la colonia Isabel Amalia, es uno de los fundadores.

Don Jorge dice que, años atrás, el arroyo en temporada de lluvia se veía lejano a su casa, había espacio, pero con el paso del tiempo y con el agua, se va “desgajando” el cauce.

“Si se va al fondo, ahí tenía como dos metros a lo mejor más de espacio en la salida para el arroyo, la orilla del arroyo ya está en la orilla de la casa”, expresa cabizbajo por no tener apoyo de las autoridades.

Señaló que en la vivienda donde habita, sólo vive él y su nieta, pues su esposa falleció y ya se siente enfermo para acudir a solicitar apoyo.

“Nos dejan un aviso que no debe de haber gente allá atrás, yo les tengo respetado lo que son 10 metros de lo federal, es lo que dicen ellos, pero el agua sube”, explica.

La casa donde vive don Jorge tenía 27 metros de fondo de terreno, al momento ya no sabe cuántos metros son, pues se ha ido disminuyendo cada vez que el cauce se hace más grande por el agua.

“Vinieron los del municipio, me hacían muchas preguntas, les dije oye y para qué es esto, dijeron ‘que para el día de mañana que Dios no lo quiera (se persignó) que pase un desastre’, ¿tendrán un censo para saber a cuáles personas se las llevó el agua?”, dice en tono de burla.

“Antes no estábamos en la orilla del arroyo, ahora cada vez lo vemos más cerca” comentó.

Las familias coinciden en que sólo les llegan avisos antes de la temporada de lluvias.

Armando Esquivel, de 83 años  de edad y quien vive con su esposa, asegura que no puede ser afectado por la lluvia, porque construyó su casa a una altura que el arroyo no podría alcanzar ni en temporada de huracanes, pero sí ha visto cómo sus vecinos han perdido parte de su patrimonio.

Foto: Especial