El capitán del avión anuncia que ha iniciado el descenso y, si eres nuevo visitando ese destino, es normal que tus ojos tiendan a mirar por alguna ventanilla para poder contemplar con asombro las primeras imágenes de aquél destino, que con seguridad formarán parte de tus recuerdos.

Ahora bien, ¿cuáles serían las primeras imágenes para un extranjero al aterrizar en la terminal 1 del aeropuerto internacional Benito Juárez?; creo que de asombro, al ver por la ventanilla del avión una metrópoli que pareciera no tener fin, con casas, casitas, calles, puentes, autos, edificios y smog. Y a la hora en que el capitán diera la señal de desarmar toboganes y la azafata abriera las puertas, lo primero que le tocaría sería oler ese hedor a excremento tratando de ser disfrazado con aromatizantes de coco. Al descender se toparía con mares de gente, largas filas para entrar a los sanitarios y en algunas ocasiones, personal del aseo de baños limitando el papel sanitario. También se toparía con un plantón de jubilados de Mexicana de Aviación, que a su vez funge como cafetería que vende panecito, café y dulces -entre otros productos- a un precio por debajo del de todos los locales del aeropuerto. 

De esta manera se empieza a construir la imagen de un país o, como se le conoce, la marca-país, que se refiere al valor intangible de la reputación e imagen de un Estado a través de múltiples aspectos, que determinan los valores con que se le asocia. Y aunque existen variados factores para la construcción de esa marca que se identifican con un determinado país (cultura y tradiciones, gastronomía típica, deporte, el conjunto empresarial y la aceptación de sus marcas, la imagen que se proyecta en los medios de comunicación internacional y por supuesto los atractivos turísticos), uno de los factores clave que configuran la marca-país es contar con productos de alta calidad, así como buena infraestructura.

Parecería que el gobierno de Coahuila pensó que al remodelar y ampliar el aeropuerto de Ramos Arizpe conseguiría cierta influencia y con ello construiría una imagen. Pero, como geografía es destino y para la aeronáutica el hecho de que ese aeropuerto esté tan cercano al de Monterrey, que es el tercero del país por el número de vuelos y de pasajeros, lo hace hasta cierto punto inviable y poco rentable. Además, en el aeropuerto Mariano Escobedo es posible tomar vuelos a casi todo el país y muchas ciudades del extranjero. Nosotros en cambio  sufrimos con un vuelito diario a México, que por cierto hace poco nos quitaron. ¿No hubiera sido mejor -por ejemplo- construir en Ramos Arizpe una gran terminal para un tren rápido al aeropuerto de Monterrey, y documentar desde aquí en Ramos Arizpe los equipajes, como se hace en muchos aeropuertos del mundo que tienen un tren a la ciudad?

Un tren de alta velocidad entre Málaga y Madrid, por ejemplo, realiza su recorrido de 500 kms en aproximadamente 2 horas y 25 minutos (si no hace paradas). ¿Se imaginan si tuviéramos algo así aquí?  Tardaríamos 25 minutos en llegar a un aeropuerto con muchas alternativas de viaje, además de estimular que mucha gente que trabaja en Monterrey viviera en Saltillo. Podríamos también transportar carga de muchos productos perecederos en ambas direcciones. Alguien de Monterrey podría venir a cenar aquí y regresar el mismo día y viceversa. La economía de esta región se expandiría todavía más, y quien quita y hasta recibiéramos más inversión extranjera. Pero no. Nuestra burocracia federal y estatal se interpuso a la geografía y el sentido común, y decidió (tal vez con el argumento de que como somos capital de un Estado debemos tener nuestro propio aeropuerto), construido en Ramos. Como si la geografía dependiera de la política, por cierto su principal enemiga.  

Ahora solo queda afrontar las consecuencias de decisiones caprichosas, por un lado la remodelación y ampliación del aeropuerto internacional Plan de Guadalupe que al día de hoy no cuenta con ningún vuelo de pasajeros. Y por otro lado, la cancelación del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México que  nos mantendrá a un nivel de terminal camionera y para el que habrá que llevar en el futuro un tapa-bocas. 

Por lo anterior, los países, estados, ciudades y regiones deben prestar atención a la forma en que son percibidos por los demás en la economía global, ya que  con  un cambio en la percepción subjetiva en conjunto con características objetivas  podrá haber un impacto en la imagen de marca-país con grandes beneficios económicos. Pero ojo, se requiere honestidad y aceptación de lo que pasa en nuestro país para poder cambiar no solo la percepción sino también la realidad.